Ángel Expósito, sobre el oficio de pescador: "Hace falta gente, de verdad que este trabajo es esencial"

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Hoy hemos encendido 'La Linterna' en el puerto pesquero de Marín. Estamos en plena ría. La Academia Naval de la Armada queda un poco más al sur, cruzando el puente. Pontevedra, después Vigo y allí al frente el Océano Atlántico. Inmenso, bravo, rico, vivo y, a veces, asesino.

En este programa de radio nos gusta dar voz a los que no tienen voz. Y esos, hoy, son los pescadores.

Llueve en esta ría de Marín en una tarde-noche típicamente gallega. Me viene a la cabeza un cuadro del Museo del Prado pintado por Sorolla a finales del siglo XIX: "Y aún dicen que El pescado es caro"... ¿Te imaginas cómo tiene que ser morir así? El frío, el miedo atroz, las olas que te aplastan, te arrastran, te engullen y adiós. ¿En qué segundo final de sus vidas estos pescadores valientes, rudos (como me recordó anoche mi amigo Iñaki, almirante) en qué instante un pescador sabe que no sale de esta, que se muere? ¿Te imaginas?

¿Y los instantes previos? Quiero suponer que suena la alarma máxima, puede que alguien grite ¡hombre al agua! Y la desesperación, los últimos pensamientos, empapados y aterrados, con un afán de supervivencia que se va apagando por inútil? ¿Para eso también están preparados estos valientes?

Mira, desde este puerto de Marín clasificas perfectamente los trabajos importantes por esenciales y los otros. Pienso en los maestros, sanitarios, científicos, soldados, policías, bomberos y en los agricultores y en los pescadores. No sé ningún trabajo más duro. Igual puede, pero más duro no sé me ocurre.

Y estamos todo el día a vueltas con los políticos y los políticos con los periodistas. Estos marineros sí que son esenciales aunque sólo hablemos de ellos ante catástrofes o sus ruinas.

Estoy mirando hacia el Oeste. Allí enfrente solo está América y al norte Terranova y Groenlandia. Y pienso ahora ponte a hablar del PP y de Vox, de las homilías de Pablo Iglesias desde el minarete del casoplón, de los golpes de Estado de los de Rufián o de los quilombos entre Sánchez y Marlaska con Otegui y los asesinos de ETA.

Me da reparo y hasta vergüenza hablar desde aquí del politiqueo patrio. Mañana y pasado no nos quedará más remedio. Pero al menos hoy no. ¿Y las familias? ¿Cómo fue la última despedida? Adiós, cariño, vuelvo en cuatro o cinco meses. No, no despiertes a las niñas. Te llamo por Whatsapp. Sí, he metido los sobres de jamón al vacío. Y nunca más.

Y esas señoras sabiendo que esto podría ocurrir. Y no quiero pensar en la llamada del armador, cuando encienden la radio o las horas en las que no saben ni siquiera si el suyo está muerto o vivo. No me extraña que los niños jóvenes no quieran dedicarse a esto. El famoso problema del relevo generacional. Pero hace falta gente, mucha gente, de verdad que este trabajo es esencial.

Alguien me decía ayer que en los próximos años, en España harán falta siete millones de trabajadores procedentes de la inmigración. Siete millones. Y aún hay que oír determinados discursos. En ese barco había españoles, casi todos gallegos, un canario y varios valientes africanos de Ghana. Y hermanos del Perú. Peruanos que ya eran gallegos y ganeses que también eran ya gallegos.

MI POSDATA: Pienso en la vida de esos tres supervivientes: el patrón, su sobrino y ese pescador de Ghana. ¡Ojalá! rehagan sus vidas. Que pronto abracen a sus esposas e hijos ¡Ojalá! no sufran secuelas físicas y consigan recuperarse de las secuelas psicológicas. Porque ese daño sí que va a ser inexorable.¿Te imaginas los sueños y los recuerdos de esos tres hombres el resto de sus vidas?

Entre todos, ahora, hay que ayudarles a sobrevivir. Desde mañana cuando ya estén en tierra. En su tierra.

Visto en ABC

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