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Se cumplen 80 años del final de la Guerra Civil española

El debate político y social, a veces polémico 

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Se cumplen ochenta años del final de la Guerra Civil. Una fecha redonda. Un motivo para recordar el que quizás es el momento más triste de la historia de España. Aquel en el que -por encima de toda razón- los españoles se entregaron a una ordalía de muerte y destrucción, que dividió al país en dos bandos antagónicos, y destruyó material y moralmente nuestro país.

La historia de la guerra es indisociable de la de la República y el Franquismo. La primera, un régimen de ilusiones tan efervescentes como rápidamente frustradas, diluidas en una crisis institucional creciente, en el contexto del eclipse de las democracias que definió la década de los treinta en Europa. El Franquismo -por su parte- fue reflejo fiel del improbable líder del bando nacional, aupado como cabeza de sus compañeros de armas "durante el tiempo que durase la guerra". Serían cuarenta años de un régimen autoritario ramplón, pero con una notable capacidad para la supervivencia; que se consumió al ritmo de la decadencia del propio dictador, y cuya existencia sigue siendo un argumento político de primera magnitud. Cuarenta años después.

La historia de la Guerra Civil debería servir de recordatorio de los mecanismos que llevan a una sociedad a destruirse a si misma, por encima de presentarse como un relato de buenos y malos. El mal brilló por ambos bandos, aunque no pudo eclipsar historias de grandezaque salvaron algo -poco- de la dignidad del país. Y no hablamos solo de una destrucción entre los Pirineos y Gibraltar. la Guerra Civil -como muchas veces se ha recordado- es la antesala de un enfrentamiento, si cabe, más cruel. La II Guerra Mundial. Tanto la España atribulada como la Europa ensimismada pueden sacar muchas valiosas lecciones de lo que concluyó hace ochenta años. Y que afortunadamente, queda ya muy atrás.

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