La herida abierta en Groenlandia por las esterilizaciones forzosas de Dinamarca: "Empecé cuando tenía solo 13 años"

El testimonio de una profesora inuit revela el trauma de los experimentos de control de natalidad daneses en un momento de máxima tensión geopolítica en la isla

Expósito con una inuit
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La Linterna

Ángel Expósito pone el foco desde Groenlandia con Marina, una profesora de etnia inuit para conocer qué es la esterilización forzada

José Manuel Nieto

Publicado el

3 min lectura6:36 min escucha

En el programa La Linterna, Ángel Expósito pone el foco en Groenlandia para destapar una herida que sigue abierta. Paseando sobre el hielo de Nuuk, la capital, entre una pequeña lonja de pescadores y una iglesia, el equipo se encuentra con Marina, una profesora de etnia inuit. Lo que comienza como una conversación casual se convierte en un relato sobre las barbaridades que el gobierno de Dinamarca hizo para esterilizar a las mujeres inuit. Esta herida se reabre ahora en un complejo escenario geopolítico con Estados Unidos, la OTAN, Rusia y China como protagonistas.

El experimento danés que no se olvida

Entre la población de Groenlandia, y especialmente en la mayoritaria etnia inuit, subyace un profundo malestar con Dinamarca. El origen de este dolor se encuentra en las campañas de esterilizaciones forzosas que Copenhague llevó a cabo como parte de un experimento en las décadas de los 70 y 80. Hoy, las mujeres inuit avisan a la metrópoli de que no olvidan los experimentos en sus propios cuerpos, un trauma que para ellas se asemeja a los episodios más oscuros de la historia y que ahora, con el futuro económico de la isla gigante en juego, quieren restañar.

Marina, profesora de primaria en Nuuk, es una de las víctimas de esta práctica. Su historia personal pone voz al sufrimiento de miles de mujeres. La suya comenzó de forma abrupta siendo apenas una adolescente. Un control de natalidad que nunca solicitó y que marcaría su vida para siempre.

Empecé cuando tenía solo 13 años"

Expósito en Groenlandia

Expósito en Groenlandia

Nos obligaron a ponérnoslo

Empecé cuando tenía solo 13 años”, relata Marina. Las autoridades justificaron la medida por el elevado número de abortos en el país, pero la impusieron sin consentimiento. “Le dije al doctor que era muy joven, mis padres ni siquiera estaban ahí cuando me lo pusieron”, recuerda. Pese a sus dudas, la obediencia a la autoridad prevaleció: “Era joven y obediente ante la autoridad, así que tuve que hacerlo”.

Las consecuencias de aquel dispositivo no tardaron en aparecer y fueron devastadoras. “Solo tengo un hijo, y no pude tener más niños, porque tengo un problema con las hormonas”, lamenta. Marina sufre una endometriosis profunda, una dolencia que atribuye directamente al anticonceptivo que le fue implantado. El verdadero alcance del abuso lo descubriría años más tarde, a los 19, mientras trabajaba como guía turística.

Ni siquiera está permitido nuestro país"

Unos turistas italianos, al escuchar su historia, se quedaron en shock. Le explicaron que aquel método anticonceptivo “solo se usa para perros y caballos” y que “ni siquiera está permitido nuestro país”. Para entonces, Marina ya sufría sus efectos: “Tuve un período de 6 meses sin parar”, lo que la llevó a necesitar una transfusión de sangre. Fue entonces cuando decidió retirárselo.

Un hombre pasa junto a carteles de protesta en Nuuk, capital de Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca.

CONTACTO vía Europa Press

Un hombre pasa junto a carteles de protesta en Nuuk, capital de Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca.

La desconfianza hacia Dinamarca y la 'oportunidad' de Trump

Este trauma histórico alimenta la desconfianza actual hacia Copenhague. Marina denuncia no solo el abuso social, sino también el económico. “Siempre dicen que somos nosotros los que recibimos dinero, pero ellos son los que reciben dinero de nosotros”, afirma, desafiando la narrativa de que Groenlandia es una carga para la metrópoli. A esto se suma la falta de autonomía política, como demuestra el hecho de que “nuestras autoridades ni siquiera pueden reunirse cara a cara con Marco Rubio de Estados Unidos. Tenemos que tener un representante danés con nosotros”, una situación que ilustra el malestar de los ciudadanos groenlandeses ante la presión externa.

En este contexto, la polémica propuesta de Donald Trump de comprar la isla se percibe con otros ojos. Aunque la idea pueda sonar a broma para muchos, Marina explica que ahora “lo tomamos más en serio”. Algunos, como ella, lo ven como “una oportunidad para reabrir y obtener una especie de asociación libre”. La lógica es clara: “Donald Trump solo estará aquí 4 años. Pero hemos estado con Dinamarca muchos años, y no tenemos buena experiencia con los daneses”, sentencia. Un viaje a Groenlandia demuestra que el interés de Trump no es algo que se tomen a la ligera.

A pesar de todo, la esperanza no se pierde. Marina concluye con una mirada puesta en el futuro, consciente de la delicada balanza de poder en el Ártico. “Creo que incluso todos los europeos saben que necesitamos a Estados Unidos, pero espero que, de alguna manera, la diplomacia encuentre una solución”.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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