El periodismo es un camino de santidad cuando se ejerce con conciencia, humanidad y fe

Escucha el monólogo de Irene Pozo en 'La Linterna de la Iglesia'

- 2 min lectura | 2:42 min escucha

Qué tal, muy buenas noches. Se ha puesto de moda en redes sociales compartir fotos de hace una década para hacer balance de lo que fue 2016. Estos días muchos miran atrás intentando entender qué ha cambiado y qué permanece. Y al hacerlo, uno descubre que no solo pasan los años, también se asientan las vocaciones, las convicciones y los compromisos. 

Para mí, 2016 fue un año especialmente significativo en lo profesional. Un año marcado por la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, que tuve la suerte de vivir y cubrir informativamente. También fue el año en el que crucé la Puerta Santa de la Misericordia en el Jubileo convocado por el Papa Francisco. Y el año en el que informé de la visita de los Reyes de España, Felipe VI y Doña Letizia, a la sede de la Conferencia Episcopal Española con motivo de su 50 aniversario.

Fotos que me devuelven a momentos importantes, pero hay uno que destaca de manera especial. En 2016 recibí uno de los reconocimientos que guardo con más cariño en mi carrera profesional: el 'Premio Lolo' concedido por la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España. Un premio valioso no tanto por el reconocimiento en sí, sino por quien le da nombre: el beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Un referente para muchos periodistas y comunicadores, especialmente en España. Un hombre que entendió el periodismo no como un espacio de poder, sino como un servicio a la verdad, a la dignidad humana y a la esperanza, incluso -o quizá sobre todo- desde su propio sufrimiento.

Diez años después de ese momento, el Papa León XIV, enviaba esta semana un mensaje al diario italiano La Repubblica con motivo de su 50 aniversario, recordando algo muy necesario hoy: que la prensa debe ser un espacio de diálogo para construir el bien común, un lugar donde se custodien la libertad, el respeto y la búsqueda honesta de la verdad. Palabras que resuenan con fuerza en un tiempo marcado por la polarización, la prisa y la desinformación.

Y al escuchar al Papa, es imposible no pensar en Lolo. En su forma limpia de escribir. En su manera de mirar la realidad. En su convicción de que informar también es amar, y de que el periodismo puede ser un camino de santidad cuando se ejerce con conciencia, humanidad y fe.

Quizá mirar atrás, a 2016, no sea solo un ejercicio de nostalgia. Tal vez sea una invitación a preguntarnos qué tipo de personas queremos ser y qué huella deseamos dejar en los demás. Si queremos contribuir al ruido o al diálogo. A la fractura o al bien común. Porque, como nos recuerdan el Papa y el testimonio del beato Lolo, la palabra puede herir, pero también puede sanar. Y en tiempos como los nuestros, esa responsabilidad es más urgente que nunca.

Temas relacionados

Programas

Último boletín

9:00H | 17 ENE 2026 | BOLETÍN

Boletines COPE
Tracking