Psicópatas con Diego Martínez (12/12/2019)

Fritz Haarmann, el carnicero de Hannover

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El carnicero de Hannover asesinó a decenas de personas, no se sabe con exactitud el número, aunque podrían ser cerca de 100. Fritz Haarmann acabó pidiendo que lo mataran, y el mismo se llegó a autodenominar El Exterminador. Fue un psicópata que nació en 1879 y murió en 1925.

Haarmann nació en Hannover, Alemania, en 1879. Era el sexto hijo de una familia pobre. Desde pequeño Fritz era un niño tímido y callado que rechazaba deportes de hombres y prefería jugar con los juguetes de su hermana, su madre lo trataba como a una niña, e incluso lo vestía como tal, estos comportamientos enfurecía a su padre, quien le propinaba brutales palizas.

Desarrolló un amor enfermizo hacia su madre. Como declararía años después ante la policía, fantaseaba sexualmente con ella. Pero además, desde temprana edad demostró inclinaciones homosexuales. En la escuela era además un pésimo estudiante. Cuando cumplió los 16 años sus padres lograron que fuese aceptado en la academia militar de Neu Breisach, donde durante un año pareció adaptarse muy bien al estilo de vida militar. Sin embargo, comenzó a sufrir convulsiones y fue dado de baja por motivos médicos.

Tras pequeños problemas con la justicia, como hurtos y contrabando, Haarmann dio un paso y fue acusado de acosar a niños con fines sexuales. En noviembre de 1919 Haarmann convenció a un joven de 17 años, llamado Friedel Rothe para que lo acompañara a su buhardilla. El chico desapareció, y su familia denunció ese hecho ante la policía.

Un confidente habitual declaró que había visto al pequeño en compañía de Haarmann y la policía se presentó en su casa. Echaron un vistazo y no encontraron nada. Fue el primero de muchos que acompañaron al carnicero y desaparecieron. Con la promesa de algo de comida, las víctimas iban a su muerte como corderos al matadero.

Haarmann solía matar a los pequeños mordiéndoles en el cuello, arrancándoles la tráquea o la carótida. Una vez muertos, los descuartizaba, con ayuda de un cómplice, y vendía la carne por la ciudad, a buen precio, como si fuera de caballo o de algún otro animal. Una vez ganados esos marcos, que a su vez le permitían deshacerse de la mayor parte de los cadáveres, él y su cómplice, Hans Grans, se emborrachaban. Algunas partes de los cuerpos, como las cabezas, no se podía vender y se deshacían de ellas.

La fantasía de Haarmann era beber la sangre que manaba de la herida de sus victimas mientras seguía con las mutilaciones. De hecho, su golpe final era el llamado “mordisco del amor, es decir, dentelleaba la nuez de Adán hasta extirparla del cuerpo. Tras desmembrar los cuerpos, terminaba por arrojarlos al río Leine.

Tras dragar el río Leine, los restos de más de dos decenas de jóvenes fueron recuperados. Comenzó una investigación en busca de un asesino en serie que acabó llevando de nuevo a la policía a casa de Haarmann. Algunos restos y objetos personales de las víctimas destaparon el horror. El carnicero confesó todo, detalladamente, poniendo así fin al horror. Admitió haber matado y practicado canibalismo con unos cuarenta niños.

“Mis crímenes no eran solamente para sacar un beneficio económico, sino que estaban motivados por un momento de frenesí erótico, que me conducía a matar para satisfacer mis irrefrenables deseos”. La confesión minuciosa y sin emoción de Fritz Haarmann ante el tribunal, dejó estupefacta a la sala.

El 15 de abril de 1925 fue decapitado por orden del juez. El carnicero de Hannover no pidió clemencia, aunque insistió en que un ser desconocido tomaba posesión de su cuerpo y le incitaba a matar. Su última voluntad fue que se escribiera en su lápida: "Aquí yace el exterminador".

Próximo jueves: Alex Maquera Atencio, el loco del martillo.

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