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Karl Denke, el caníbal de Münsterber

Asesino de treinta personas según su libro de registro

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 12:44

Asesino de treinta personas según su libro de registro, o de al menos cuarenta y dos, según los restos de sus víctimas encontrados en su vivienda de Münsterberg. Generalmente eran vagabundos o viajantes pobres, a los que mataba para poder comer su carne e incluso venderla presuntamente en el mercado semanal de Breslavia. Se le conoció por ser la pesadilla de los vagabundos.

-Una vida marcada por una herencia

-A los 25 años, comenzó una vida económicamente independiente, pues su padre murió y recibió suficiente dinero como herencia y pudo comprar un terreno, aunque le fue mal en su intento por ejercer la agricultura y tuvo que venderlo, consiguiendo con esa venta un capital suficiente para adquirir una casa en lo que ahora es la Calle Stawowa, en Ziebice.

-Una persona solitaria al que no se le conoció pareja

-Se sabe que era un sujeto solitario al que no se le acercaba ningún hombre ni mujer. Nunca se le conoció una pareja. Sin embargo, la gente de su comunidad lo apreciaba, ya que era un hombre tranquilo y amable, que participaba activamente en la vida religiosa de la localidad, daba limosna con relativa frecuencia y hasta invitaba a personas sin hogar a dormir en su casa, llegando así, en virtud de esa actitud caritativa, a ser apodado como Papá Denke.

-Sus inicios como criminal se inician cuando tenía 39 años

-Denke comenzó a matar cuando tenía 39 años. Su primera víctima fue Emma Sander, de 25 años, en 1909. No obstante, fue entre 1921 y 1924, tras la Primera Guerra Mundial, cuando asesinó a la mayoría de sus víctimas. Para entonces ya tenía 51 años y en unas hojas anotó los nombres de los muertos, las fechas de los asesinatos y el peso de los cuerpos, todo en el contexto de un macabro plan para vender su sabroso escabeche de cerdo y demás productos, muy elogiados por la población.

-Una de sus víctimas consigue huir malherido

El 23 de diciembre de 1924, el cochero Gabriel, inquilino de Karl Denke, escuchó gritos pidiendo auxilio, provenientes de la planta baja. Temeroso de que Karl se hubiese herido, bajó corriendo a ayudar, pero no encontró a Karl, sino a un joven que avanzaba tambaleándose en medio del pasillo, con el rostro cubierto de sangre, que presentaba varios agujeros en el cráneo. El joven se le acercó y le dijo que “Papá Denke” lo había atacado con un pico.

-Denunciado ante la policía

Gabriel pudo ayudar al joven, un vagabundo llamado Vincenz Oliver. Lo llevó a la policía. Allí, el indigente contó a los impresionados policías todos los horrores vividos. Ellos se resistían a creer que Karl fuese capaz de tales atrocidades pero, por la insistencia de Vincenz, terminaron pensando que aquello era posible y detuvieron a Denke, quien alegó que sólo estaba defendiendo su propiedad de un ladrón. Lo dejaron detenido mientras conseguían una orden para revisar su casa.

-Su última decisión fue ahorcarse en una celda

Denke sabía que estaba perdido. Antes de que los restos humanos guardados en su domicilio lo hundiesen, la misma noche de su detención decidió matarse. Un guardia encontró su cadáver dentro de la celda. Se había ahorcado con una soga hecha con un pañuelo. Había preferido morir antes que afrontar la vergüenza y el rechazo público.

-Tras su muerte, la policía descubrió un horror en su casa

A las pocas horas de la muerte de Denke, la policía hizo un registro a su casa. Hallaron huesos y trozos de carne. Estos últimos se encontraban en una solución de sal que estaba en un tambor de madera. Hubo en total quince piezas de piel. Los músculos de los cuellos estaban desaparecidos, así como las extremidades (brazos y piernas), la cabeza y los órganos sexuales.

-La carne en salsa en varias ollas

-En tres ollas medianas llenas de salsa de crema, se encontró un poco de carne cocida, parcialmente cubierta con piel y cabello humano. La carne era rosa y suave. Se cree que Denke cuando invitaba a los vagabundos a comer a casa, lo que ingerían era carne humana, eso si, con su salsa.

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