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El Crimen de Gádor

En una España donde se creía en los curanderos un pequeño fue secuestrado y asesinado, con la creencia de que su sangre curaría la tuberculosis

 Diego Martínez aborda esta semana el caso del crimen de Gádor (Almería)

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 13:53

¿Qué ocurrió realmente en el crimen de Gádor?

Nos situamos. Junio de 1910. El pequeño Bernardo es asesinado. Fue elegido con la falsa creencia de que con su sangre se curaría la tuberculosis de Francisco Ortega el Moruno, un padre de familia de 55 años que enfermo buscaba una cura milagrosa a esa enfermedad. Un ritual de sanación que se les fue de las manos a todos.

Se trata de un crimen atroz, muy salvaje

El pequeño Bernardo fue introducido en un saco y seguidamente se le hizo un corte en la axila, con lo cual comenzó a desangrarse. En ese momento, El Moruno bebió esa sangre mezclada con un poco de azúcar. Luego, Bernardo fue llevado a una pequeña cueva donde el barbero y curandero Francisco Leona le aplastó el cráneo con una piedra. Le extrajo grasa y el epiplón para hacer una compresa para colocar sobre el pecho de El Moruno. El cuerpo fue ocultado en una grita tapado con hieras y piedras.

Quienes fueron los protagonistas de este macabro hecho

El enfermo era Francisco Ortega el Moruno. El hombre de los remedios era el curandero y barbero Francisco Leona Romero que había sido recomendado por la curandera Agustina Rodríguez. Al parecer, Leona ya tenía antecedentes criminales y, a cambio de 3.000 reales, indicó que la tuberculosis se curaría bebiendo sangre de un niño y untar el pecho con las mantecas aún calientes. Luego está Julio Hernández El tonto y la victima, Bernardo.

La elección de la víctima se produce al azar

Leona y Julio Hernández el Tonto, hijo de la curandera Agustina, se ofrecieron a encontrar a un niño. En la tarde del 28 de junio de 1910, secuestraron a Bernardo González Parra, de siete años y natural de Rioja. Metiendo al niño en un saco, los criminales lo trasladaron hasta un cortijo aislado en Araoz que Agustina tenía preparado.

El Tonto desenmascara al asesino

Tras cometer el atroz crimen, se dispusieron a repartirse los 3.000 reales que El Moruno había pagado por encontrar a un niño y extraerle la sangre y las mantecas para curar su enfermedad. Sin embargo, el curandero Leona intentó estafar a su cómplice Julio el Tonto pero no lo consiguió. Dándose cuenta de las intenciones de Leona y para vengarse de él, Julio le contó a la Guardia Civil que había visto el cuerpo de un niño cuando perseguía a unos pollos de perdiz.

Hallazgo del cuerpo de Bernardo

Cuando las fuerzas de la Guardia Civil llegaron al lugar indicado y encontraron el cuerpo, éste estaba boca abajo con el cráneo completamente destrozado y prácticamente destrozado. En el pueblo no tuvieron dudas que de Leona estaba detrás de aquel asesinato. Al final, Leona culpó a Julio El Tonto y este a su vez a Leona. Al final confesaron lo que había ocurrido.

Las condenas

El curandero Leona fue condenado a garrote vil, pero murió en la cárcel. El Moreno y Agustina, la curandera, fueron ejecutados. José, uno de los hijos de Agustina, fue condenado a 17 años de cárcel. La mujer de éste, Elena, fue absuelta. Y Julio el Tonto finalmente fue condenado a muerte también, pero resultó indultado por ser considerado demente.

Este crimen dejó para la historia la expresión el hombre del saco.

Así es, desde ese momento cuando se quería meter el miedo en el cuerpo a los niños se le decía ten cuidado que viene el hombre del saco. Mucha gente utilizaba la expresión sin saber que venia de aquel hecho ocurrido en Gádor, donde la victima fue secuestrada metida en un saco. Todos los días se aprenden cosas nuevas, Carlo.

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