"Hay muchos servicios mínimos y, en cualquier caso, las urgencias están garantizadas, pero Mónica García sigue silbando a lo suyo"

El director de 'Herrera en COPE' analiza la actualidad que marca la jornada de este viernes 20 de febrero

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Señoras, señores, me alegro. Buenos días. ¿Qué tal les va la vida? ¿Usted qué tal esquía? Yo me monté una vez en un esquí y dije: «Bueno, primera y última; ya para qué voy a abrir la cabeza aquí, ¿no?». Pero hay gente a la que esto le gusta, hombre. Los países en los que tienen montañas nevadas, banderas al viento, pues digamos que lo tienen mejor.

Seguramente en España la cuestión del esquí es más de entretenimiento que de deporte, pero hay también gente que vive cerca del Pirineo o que tiene acceso a Sierra Nevada o que, bueno, no durante todos los días del año, porque aquí nieva lo que nieva. Vamos, que tener un oro olímpico en Juegos de Invierno no es tan sencillo. De hecho, hace 54 años lo tuvo Paquito Fernández Ochoa, allá en Sapporo, y aquello fue una conmoción. Un tío con la categoría de Paquito era grande, pero grande de verdad.

Han pasado 54 años para que un chaval de Banyoles, en Gerona, en una especialidad sprint de montaña —que es difícil, porque consiste en que te echas a correr como galgos primero con los esquís a la espalda subiendo una pendiente, luego se calzan los esquís, acaban de subir, bajan a toda velocidad hasta que llegan a la meta— haya ganado, en algo más de dos minutos y medio, una medalla de oro.

Y luego una granadina, Ana Alonso, que se dio un castañazo en bicicleta —bueno, no se lo dio: fue atropellada directamente— y tenía rotura de ligamento cruzado anterior, colateral interno, edema óseo, una fisura de maléolo, luxación… era, de verdad, un auténtico cuadro. Pues la señorita Ana Alonso ha ganado el bronce también en su especialidad. O sea, que enhorabuena a los dos, que hemos ganado en un solo día casi todo lo que hemos ganado en toda la historia. Y ya veremos, porque además tiene que volver a competir; puede caer otra medalla.

Nos acordamos también de los médicos españoles, porque ellos están disputando su propio eslalon para que el Gobierno les reconozca el estatus que se merecen. Este viernes termina la primera de las semanas de protesta convocadas. Es verdad que hay muchos servicios mínimos y, en cualquier caso, la urgencia está más que garantizada, pero Mónica García sigue silbando a lo suyo.

En el plano político, el Ministerio del Interior sigue tratando de controlar la crisis que ha abierto en Cataluña el cuerpo de la Policía Nacional después de que se haya conocido la denuncia por violación contra el jefe operativo del cuerpo. Ayer le pusieron escolta a la víctima. En algunos chats de agentes del cuerpo se comenzaron a desvelar nombres y datos de la víctima. O sea, como en estos casos aquí en España ya no da tiempo a indignarse con algo, porque al momento sale otra cosa que requiere de tu atención y tu indignación.

La indignación ya pierde sentido o nos acostumbramos al hecho de que no hay escándalo que haga mella en este Gobierno, que tiene por norma no aceptar ninguna dimisión. Primero se hacen los sorprendidos cuando sale un caso de estos, niegan que tengan la culpa o que supieran algo, y luego silencio absoluto. No habla el ministro, ni la secretaria de Estado, no habla nadie. Es fascinante.

La propia policía está reconociendo implícitamente que esa mujer puede estar en peligro y le pone escolta. Le ha ofrecido protección policial. Pero ¿por qué está en peligro? ¿Por parte de quién? Se supone que de algunos elementos de la propia cúpula policial. La presionaron, trataron de comprarla, la obligaron a trasladarse justo al lugar donde trabajaba su presunto violador, han filtrado sus datos… pues claro, cualquiera puede tomar represalias contra ella. ¿Qué tipo de personajes ha colocado el sanchismo en la cúpula policial para permitir todo esto?

La imagen del día de hoy está en los medios de información de todo el mundo: la imagen de Andrés de Inglaterra, el hermano del rey, el hijo de la reina Isabel, en el asiento de atrás de un vehículo, con gesto entre la sorpresa y el temor. Estuvo diez horas detenido por el caso Epstein y refleja el impacto bárbaro de esta noticia.

¿Por qué se detuvo al ex príncipe Andrés? Por conductas inapropiadas relativas a sus relaciones con el pederasta Epstein, que ya saben ustedes: se suicidó en la cárcel o le suicidaron, vete a saber. Todo en el caso Epstein tiene que ver con conductas inapropiadas o delictivas. Este tío creó una red de contactos e influencia en todo el mundo gracias a un servicio de abuso de menores o prostitución que disfrutaban poderosos de todo el mundo: Bill Clinton, Donald Trump, Noam Chomsky, el antiguo ministro francés Jack Lang, académicos de postín, Larry Summers, miembros de la realeza… y el príncipe Andrés de Inglaterra.

Y la detención no está relacionada con prácticas sexuales en las que pudo incurrir o no el príncipe, sino con su comportamiento político, porque habría facilitado a Epstein documentación reservada a la que tenía acceso como enviado especial del Reino Unido en Estados Unidos. Es decir, el caso Epstein no solo es un catálogo de repugnantes perversiones sexuales y abuso de menores, sino también una red de poder, influencias y negocios.

Andrés de Inglaterra, fíjense, que pasaba por ser el ojito derecho de su madre, acabó siendo una bala perdida, un personaje sin oficio ni beneficio. Dejó el ejército, problemas constantes para la monarquía británica. Hace diez años que se supieron sus primeros contactos con Epstein. Su hermano le despojó de los títulos y ahora ya no es ni príncipe. Ya veremos; que siga la investigación, que es lo que dice el hermano.

Y como les contaba antes, hay dos cosas que vienen de Cataluña y que explican la decadencia irreversible en la que se ha instalado la sociedad catalana. A pesar de los privilegios que arrancan, como buenos saqueadores del Estado que son los partidos independentistas, gracias a Sánchez, Cataluña está instalada en una deriva de retroceso y empequeñecimiento que conocemos desde hace años.

Ayer Salvador Illa, para conseguir el apoyo de los comunes de Ada Colau a unos presupuestos que tampoco tiene, ha decidido prohibir el mercado de la vivienda en Cataluña. Es un atentado contra la propiedad privada y, además, seguramente inconstitucional. Los que tienen más de cinco pisos no podrán comprar ninguno en las zonas tensionadas —que son el 90 % de Cataluña— si no es para vivir en él. Esto está a cinco minutos de ordenar expropiaciones al estilo Chávez.

La izquierda no ha dejado de intervenir el mercado de la vivienda en Cataluña y ha conseguido que sea el peor lugar de España para encontrar un piso. La economía de mercado funciona de una manera muy simple: si hay una necesidad social, por ejemplo la vivienda, hay empresarios que ven un negocio y producen bienes. Construyen pisos. Cuando hay pocos bienes son muy caros; cuando la oferta se amplía, el precio se abarata.

Lo que se necesita son muchos empresarios construyendo viviendas, porque el Estado no sabe hacerlo y menos con un gobierno como este. El mecanismo es muy simple: producir más bienes, no prohibir el comercio de esos bienes. Las limitaciones en los precios del alquiler han provocado que más de 100.000 propietarios de viviendas las hayan retirado del mercado y, además, como aquí se trata de proteger a los ocupas y no a los propietarios…

Y luego el segundo asunto, el de la inmigración: van a exigir para la regularización conocer el catalán. O sea, ya sabemos que es una regularización con cláusula de salvaguardia para Cataluña, porque es cuestión de tiempo que el País Vasco exija lo mismo. No, no van a regularizar emigrantes.

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