"Cómo estará la cosa para que los mercados den por tranquilizante la idea de que los ayatolás impongan un peaje a los buques que llevan petróleo"

Sergio Barbosa analiza la reunión en Reino Unido de hasta 40 países en los que no ha estado España

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Además del interés estratégico y material del Artemis II, hay también mucho de de orgullo nacional para Estados Unidos. A Donald Trump, por ejemplo, hay que leerle también en esa clave. En muchas de las cosas que está haciendo tienen que ver con tratar de alargar la la hegemonía de Estados Unidos y retrasar el ascenso de China. Lo que pasa es que en esa estrategia a largo plazo algunos planes les han salido razonablemente bien, como lo de secuestrar a Maduro y meter a Delsy Rodríguez en vereda para que Venezuela cambie un poco el rumbo. Pero otros planes amenazan con atragantarse un poco más.

Y ahí es donde nos encontramos con esa guerra de Irán a la que no se le ve el fin, porque después de que Trump no pusiera fecha de salida y amenazase a los iraníes con devolverles a a la Edad de Piedra, Estados Unidos ha destruido un puente emblemático en Irán y el régimen islamista ha respondido con una batería de ataques que han incluido un centro de datos de Amazon en Baréin. Es decir, muy por la labor de acabar la guerra, pronto y por las buenas no parece que estén eh unos y otros. A todo esto, a todo esto, la noticia que más comentarios ha acaparado la las últimas horas es la destitución por parte de Trump del jefe del Estado Mayor del Cuerpo de Infantería.

Claro, algunos han dicho, "esto es que Trump ya le está pasando lo mismo que a Putin en Ucrania y como no le gusta cómo va la guerra, ha empezado a a destituir generales". Bueno, en realidad esto viene de largo y la salida del general Randy George estaba programada porque pertenece a ese grupo de militares que Trump considera demasiado poco trumpistas y le da igual que eso coincida con una guerra en la que justo se está debatiendo si hace falta una intervención del ejército de tierra del que este general es o era una parte fundamental. Eso no quita para que efectivamente en el seno del ejército de Estados Unidos haya voces críticas con el enfoque de la guerra o que cunda la sensación de que la guerra no está yendo como quería Trump.

De ahí ese discurso que hizo ayer que tampoco aportó ninguna novedad y que lo mismo sirve para una cosa y para la contraria porque Trump dio a entender al mismo tiempo que la guerra puede seguir hasta dejar a Irán en la edad de piedra, que puede terminar en cuestión de semanas y que además puede terminar sin haber cambiado al régimen y sin sin haber desbloqueado el estrecho de Ormuz. Y eso es lo que tiene a los mercados, tanto los bursátiles como los energéticos, en una actitud bipolar, que lo mismo suben que bajan. Ayer con el discurso de Trump pegaron un bajonazo y solo se han tranquilizado al conocer que Irán y Omán están negociando el nuevo estatus quo del estrecho de Ormuz. Es decir, cómo estará la cosa para que los mercados den por tranquilizante la idea de que los ayatolás impongan un peaje a los buques que llevan petróleo. Es decir, mejor peaje de los ayatolás que no saber a qué atenerse.

Y justo para abordar ese gran problema que supondría que Trump se retirase de la guerra dejando el marrón del bloqueo del estrecho de Ormuz, el Reino Unido ha acogido esta pasada noche una reunión de hasta 40 países en los que no ha estado España, porque Pedro Sánchez en esto prefiere no hacer nada. Dice nuestro gobierno que que no piensa hacer nada que contribuya a que se líe más la guerra, aunque sea para garantizar el suministro energético. Bueno, pues con España o sin España, el problema de este tipo de iniciativas es que a Trump no le falta algo de razón cuando acusa a Europa de ser un quiero y no puedo, porque se ha hablado mucho en esa reunión de desbloquear el estrecho, pero a la hora de la verdad, como reconoce el francés Emmanuel Macron, lo de usar la fuerza militar no lo ve nada claro.

Entre el quiero y no no puedo de de Europa y la esquizofrenia declarativa de Donald Trump, la guerra que atenaza los mercados energéticos de todo el mundo no parece tener un un final. De momento, después de los bandazos de ayer, el barril de petróleo se ha situado en torno a los $110.

Negociaciones en la izquierda

Y nada, en lo que estamos pendientes de de cómo puede afectar esto a nuestro bolsillo, la que también tiene su particular día de pasión es la izquierda de la izquierda de la izquierda que tiene que refundar lo ya refundado por refundar. Este viernes concluye el plazo para presentar las candidaturas de cara a las elecciones andaluzas del 17 de mayo. Ya sabes, Izquierda Unida, Sumar y Podemos están analizando si a pesar de sus odios enconados son capaces de concurrir juntos en la coalición de Por Andalucía, encabezada por Antonio Maíllo, que vendría a ser la esencia de la Izquierda Unida de toda la vida.

Aquí lo curioso es que Podemos llevaba tiempo yendo por libre diciéndoles a todos estos aquello de 'contigo no bicho', pero como van de jardazo en jardazo y se están quedando con más tertulianos que diputados autonómicos, pues a última hora las Belarra, Montero y compañeros han dicho que sí, que ahora están dispuestos a ir en la carroza de la izquierda de la izquierda para disimular sus miserias. ¿Qué pasa? Que ahora son los otros los que no ven nada claro lo de regalar a Podemos buenas posiciones en las listas andaluzas, con lo que eso supone en términos de proyección mediática y de dinero público.

Con lo cual, ayer jueves tuvieron una reunión de 10 horas, tú imagate lo que son 10 horas hablando del mismo tema y sin ponerte de acuerdo. Y aunque ha sido todo muy hermético, parece que efectivamente ha terminado sin acuerdo, con lo cual van a tener que apurar el plazo. Este mismo viernes, fíjate, un sábado santo se legalizó el Partido Comunista y un viernes santo de tantos años después, la ahora llamada izquierda de la izquierda anda sumergida en en su propio arcano, en ese bucle entre melancólico y tragicómico de la farfolla, que habla de grandes principios, pero que siempre irremisiblemente naufragan la miseria terrenal de la arrogancia y y de los egos personales.

Que también te digo una cosa, eh, la izquierda tendrá lo suyo, pero la derecha también tiene las suyas. Vamos a superar la Semana Santa sin que PP y Vox hayan cerrado. ningún gobierno de las autonomías que que ya han pasado por las urnas. Y lo último que ha hecho Vox ha sido escribir una carta a sus militantes para pedirles tranquilidad, pero poniendo a escurrir a Feijóo, Tellado y algún que otro dirigente popular, acusándoles de estar dificultando el acuerdo. Abascal en esa carta hace como cuando sabes que esa vecina petarda que todos tenemos en el balcón y tú te pones a pegar voces desde tu salón criticándola e para que te escuche ella, como diciendo, "Queridos militantes, a mí no me gusta de criticar, pero estos del PP, ay, cómo son”. Todo para mandar el mensaje no a los militantes de Vox, sino al PP. Pues nada, así estamos. Y Sánchez en las Marismillas, habiendo sobrepasado ya un cuarto de año sin haber hecho gran cosa con un gobierno que no gobierna.

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