Jorge, conductor de bus: "Al arrancar está la gente con el móvil y al rato me preguntan que a dónde voy; me río mucho cuando les veo llegar a la parada"
Su testimonio en 'Herrera en COPE' se suma al de otros oyentes que han compartido los 'placeres malévolos' cotidianos que les alegran el día

Escucha 'la hora de los Fósforos' del martes 10 de febrero
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'Herrera en COPE' ha abierto el micrófono a sus oyentes en la sección 'La Hora de los Fósforos' para hablar de los llamados 'placeres malévolos', esas pequeñas situaciones cotidianas que provocan una satisfacción un tanto culpable. Entre las numerosas historias, ha destacado la de Jorge, un conductor de autobús que ha relatado su particular experiencia con los pasajeros que suben sin prestar atención, absortos en sus teléfonos móviles.
"Soy conductor de autobús", ha comenzado explicando Jorge, quien ha preferido no revelar dónde trabaja. Su momento de regocijo llega cuando los viajeros "lo único que ven es un bulto, un autobús, se montan". Al cabo de un rato, se percatan de su error: "Oiga, ¿a dónde va?", le preguntan. "Yo a dónde siempre", responde él con naturalidad. Tras tener que parar para que se bajen, el placer culmina cuando los ve "desde lejos cómo están perdiendo el autobús que tenían que coger".
El caso de Jorge no es aislado. Otro oyente, Ángel, ha compartido su agrado al ver cómo la policía local detenía a un motorista que iba haciendo eses para adelantar en un semáforo. La satisfacción fue tal que bajó la ventanilla y le dijo: "Los listos también caen". Este sentimiento de justicia es una constante en muchos de estos placeres, como ver a alguien que se cuela en una cola ser enviado de vuelta a su sitio.
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El humor negro también ha tenido su espacio, como ha contado Menchu. Durante un velatorio, varios familiares se golpearon contra la puerta de cristal de la cocina. La situación llegó al clímax cuando su tía, tras chocarse mientras hablaba por teléfono, entró y les espetó: "Sinvergüenza, no tenéis vergüenza por no haber puesto un letrero".
Otros testimonios han incluido el de Milagros, que utiliza un vado ajeno con un cartel falso para asegurarse el aparcamiento, o el de Tatiana, que disfruta de la sensación de conseguir el último abrigo rebajado ante la mirada de los demás compradores. Pequeñas 'victorias' que, como han demostrado los oyentes, alegran el día a más de uno.
La realidad tras el volante
Sin embargo, más allá del apunte cómico de Jorge, la realidad de los conductores de autobús a menudo dista de ser amable. El testimonio de Jordi, un veterano con 15 años en la carretera, pone de manifiesto la otra cara de la moneda: la de un oficio marcado por el desgaste y la enorme responsabilidad. Este conductor lamenta la desproporción entre su salario y el deber de transportar a decenas de personas, una queja que, según él, explica la creciente falta de relevo generacional en el sector.

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Jordi detalla unas condiciones laborales al límite, con un sueldo base de 1.600 euros que obliga a depender de dietas y horas extra para alcanzar un salario digno. Esto se traduce en jornadas maratonianas de hasta 15 horas y en el sacrificio de festivos y fines de semana. "Yo no conozco lo que es un fin de semana", afirma, llegando a encadenar en una ocasión hasta 96 días de trabajo ininterrumpido, un ejemplo del extremo sacrificio personal y familiar que exige la profesión.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




