El monólogo de las 6H

"Los reyes demostraron a Sánchez la diferencia entre preocuparse por lo que uno puede hacer por el pueblo y preocuparse por lo que el pueblo le puede hacer"

Jorge Bustos repasa los principales titulares en su monólogo de las 6H que marcarán la actualidad de este jueves 28 de agosto de 2025

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Son las seis, las cinco en Canarias.

Buenos días y bienvenido al amanecer de este jueves 28 de agosto. Hoy las temperaturas descienden en el centro, en el norte y en el noreste peninsular, mientras que en el sureste seguirán muy altas, superando los 35 grados. La inestabilidad marcará la jornada en el norte y en Baleares, con tormentas fuertes en el este de Cataluña, Mallorca, Menorca, norte de la Comunidad Valenciana y Pirineos. En Galicia, Asturias y Castilla y León habrá cielos nubosos y algunas lluvias, aunque el viento del oeste puede dificultar la evolución de los incendios. En el resto del país, cielos poco nubosos y en Canarias se esperan lluvias débiles en algunas islas.

El horror ha vuelto a suceder en Estados Unidos, el horror en forma de tiroteo en un centro escolar. Esta vez ha ocurrido en una escuela católica de la ciudad de Mineápolis, donde se estaba celebrando una misa por el comienzo del curso. Hay dos niños muertos y otras 17 personas heridas, entre ellas 14 alumnos. El asesino, que se quitó la vida cuando llegó la policía, es un joven de 22 años llamado Robin Westman y antes de cometer el crimen había estado publicando vídeos en los que mostraba un auténtico arsenal de armas y en todas ellas había escrito mensajes del tipo, "¿Dónde está tu Dios? o matar a Trump". Esta es la risa demente del asesino mientras enseña su arsenal de armas en los vídeos y los mensajes en los que hace referencia a los asesinatos cometidos por Anders Breivik, por ejemplo, en Noruega. Hay que recordar que lo que llevamos de año, el número de tiroteos en Estados Unidos asciende a 286 y que en ellos han muerto 157 niños hasta los 11 años y 676 adolescentes en lo que va de año. Pero como la Segunda Enmienda del siglo XVI protege el supuesto derecho a comprar armas como si fueran chucherías, pues seguirán muriendo niños tiroteados, católicos o no.

Alemania recupera el servicio militar. Ojo, no cualquier país, Alemania, ese país que hoy es una democracia admirable, pero que en el siglo XX provocó dos guerras mundiales, no una, dos. El orden mundial, que todavía está vigente, viene de ahí, eh, viene de esas de la Segunda Guerra Mundial, el orden de posguerra, aunque hay bastantes señales de que empieza a desmoronarse y todavía no sabemos lo que va a emerger en su lugar, pero no hace falta ser historiador para darse cuenta de que el hecho de que vuelva el servicio militar a Alemania significa algo para el futuro de toda Europa. Lo que vuelve no es exactamente la mili, porque la característica fundamental de la mili era que, que era obligatoria. Para muchos era un coñazo, para otros era un recuerdo inolvidable, un tesoro de anécdotas con las que divertir a tu cuñado, pero para todos era obligatoria. Yo recuerdo que en COU me llamaron a filas y como tantos otros de mi generación tuve que ir a la oficina de reclutamiento, en mi caso, de la calle Quintana de Madrid, en el barrio de Argüelles, a pedir una prórroga de estudios, que era lo que se hacía, queridos niños, para evitar la mili contabas con el pretexto de una matrícula universitaria, por ejemplo. Luego llegó Aznar, pactó con Pujol la supresión del servicio militar obligatorio y ya no tuve que pedir más prórrogas.

Bueno, quizás yo me equivoqué. Podría haber hecho la mili como Carlos Herrera y ahora sería un soldado en la reserva entrenado en las fuerzas especiales del regimiento de ferrocarriles como él. Pero en fin, desaproveché la la oportunidad de convertirme en alférez de lavadoras.

Vamos a recordar que Alemania no es el primer país europeo al que Putin y sus veleidades imperialistas lo empujan a plantearse el rescate del servicio militar. El agresivo empoderamiento de Rusia asusta a muchos otros vecinos del este de Europa que tuvieron ya sus más y sus menos con la Unión Soviética en el pasado. Recuerda que Finlandia y Suecia abandonaron su histórica neutralidad para solicitar el ingreso en la OTAN tras la invasión rusa de Ucrania. De hecho, Suecia restableció el servicio militar que no es ni obligatorio ni voluntario, es selectivo. Rellenas un formulario y te llaman si te consideran adecuado para el servicio. Macron planea instaurar en Francia una especie de mini mili de cuatro semanas. Y ojo, porque las encuestas dicen que más del 60% de los franceses apoyarían el restablecimiento del servicio militar obligatorio en Francia. Y en los países bálticos, bueno, el pánico al avance de los rusos ahí despierta vocaciones militares como nunca. Eh, normal con ese vecino. Por no hablar de Israel. Claro, en Israel ya sabes que los varones deben servir durante dos años y medio como mínimo y las mujeres durante dos. Ellos y ellas todos hacen la mili ahí. Tengan trabajo, bajo matrícula universitaria o no. Cualquier israelí sabe manejar un arma con la misma destreza con la que aquí manejamos un abanico en misa de doce.

Pero Alemania, insisto, son palabras mayores. El gobierno del conservador Friedrich Merz ha puesto en marcha la ley para la introducción del nuevo servicio militar con la intención de aumentar sus efectivos hasta los 260.000 soldados, que son los que la OTAN considera que necesitaría Alemania para resistir, por ejemplo, un ataque de Rusia. Parece una distopía. Parece que te estoy hablando de la Tercera Guerra Mundial, pero es lo que está pasando. Eso supone 80.000 soldados alemanes más, que es la cifra que el Ministerio de Defensa Germano va a intentar alcanzar sin tener que recurrir a la mili obligatoria. La idea de momento es crear una reserva más amplia de voluntarios. Se prevé comenzar con unos 15.000 nuevos reclutas. Para el registro militar, los jóvenes deben rellenar un un cuestionario en el que indican si están dispuestos y son aptos para el servicio militar. Las mujeres también pueden hacerlo voluntariamente. Hombre, la verdad es que yo no veo a Yolanda Díaz dando su visto bueno a la implantación de algo así en España. Eh, a Margarita Robles quizá, pero recordemos que su jefe, cuando era jefe de la oposición afirmó en la contraportada del diario El Mundo que lo primero que suprimiría para ahorrar gasto público en España sería el Ministerio de Defensa. Y en la última Cumbre de la OTAN, antes del verano, eligió colocarse ¿recuerdas? en en el margen de la foto con los aliados para remarcar sus ansias infinitas de paz, aunque en el fondo lo hacía para que no se le desmembrase el tinglado de nostálgicos del Telón de Acero que lo sostiene en el Parlamento español.

Pero lo importante de este movimiento de Alemania es que nos invita a tomar conciencia del fin de una era. No quiero sonar apocalíptico, eh, pero estamos todavía en agosto y esto es complicado, pero no son pocos los analistas que piensan que la era de la fe en la solidez de la democracia liberal, la era de de un orden internacional basado en reglas dictadas por el derecho, donde nadie invade a nadie y donde la gente prefiere comerciar a guerrear, pues esa bendita era está tocando a su fin. Los que nos hemos criado en los 90 sobre los escombros del Muro de Berlín, no terminamos de creérnoslo esto y menos siendo españoles, habitantes de esta soleada península ubicada en una esquinita del sureste suroeste continental. Pero la cultura de defensa en España es una asignatura pendiente que vamos a tener que cursar obligatoriamente si queremos seguir perteneciendo al club de la OTAN, porque algo está pasando. Los nacionalismos resurgen. Estados Unidos pasa de nosotros. Putin no parece el adversario de Trump, sino su invitado de honor. Y las opiniones públicas europeas no quieren enterarse de que vivimos en un jardín rodeado de selva y ese jardín tarde o temprano habrá que defenderlo.

Quien sí hizo la mili y algo más que la mili porque es el comandante en jefe de nuestras Fuerzas Armadas es Felipe VI.

Ayer el Rey y la Reina se calzaron las botas y se personaron en Zamora, en Sanabria, luego las Médulas en León para atestiguar en persona la devastación provocada por los incendios en este verano de fuego. Iba don Felipe de paisano, claro, porque de lo que se trataba era de mezclarse con la gente, de mostrar cercanía con los afectados, de escuchar sus historias de pérdida y también de esperanza con alguna vecina, como acabas de oír, recordó aquel campamento en Sanabria en el verano del 78, cuando don Felipe tenía 10 años. No voy a insistir en el clamoroso contraste entre la gratitud con la que el pueblo herido por el fuego recibe a los Reyes y la cápsula hermética en la que viaja Pedro Sánchez cada vez que sale de Moncloa, precisamente para no exponerse a la espontaneidad del pueblo que se supone que gobierna. Pero cualquier ciudadano con ojos y oídos advierte enseguida la diferencia entre uno y otro, la diferencia entre quien se toma en serio su papel institucional y quien lo usa en beneficio propio. La diferencia entre quien entiende la vocación pública como un servicio sin horarios a los españoles y quien la entiende como la satisfacción de un apetito desordenado de poder personal. La diferencia entre preocuparse por lo que uno puede hacer por el pueblo y preocuparse por lo que el pueblo le puede hacer...

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