

"No es intelectualmente honesto cuestionar sin más la denuncia a Julio Iglesias porque la publica un medio progresista"
Jorge Bustos analiza la denuncia de una empleada doméstica y una fisioterapeuta contra el cantante por delitos de agresión sexual
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Ya sabes que la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha abierto una investigación sobre posibles delitos de agresión sexual que habrían sido cometidos en 2021 por Julio Iglesias contra una empleada doméstica y una fisioterapeuta. Los hechos se habrían producido en las mansiones que tiene el cantante en República Dominicana y en las Bahamas. La fiscalía ha informado de que el pasado 5 de enero recibió la denuncia por estas presuntas agresiones y acordó abrir unas diligencias de investigación, de momento sin intervención judicial. De momento se trata de una investigación de la propia fiscalía y, si se encuentran suficientes indicios de la comisión de algún delito, se presentará una querella formal ante el juzgado. En caso contrario, estas diligencias se archivarán. Así que yo lo que recomendaría a todo el mundo en este momento es mucha prudencia.
El relato de las presuntas víctimas que ha publicado Eldiario.es en colaboración con Univisión describe una conducta de dominación machista en la que no parece existir el consentimiento pleno, pero de momento es solo una versión de parte. Así que dejemos a la justicia hacer su trabajo. Lo digo por quienes han salido prematuramente a proclamar la inocencia absoluta de Iglesias y a cuestionar la honestidad de las denunciantes. Y lo digo también por quienes se han apresurado a cancelar al cantante sin más pruebas que la versión de sus exempleadas.
Todos sabemos que Julio Iglesias es un icono mundial, es también un referente cultural de la derecha y eso lo convierte en pieza de caza mayor para la izquierda woke y para el feminismo radical. Y ya hay quien ve todo esto una pura operación política inducida por los mismos que trataron de quitarle al aeropuerto de Madrid el nombre de Adolfo Suárez, pero no es moralmente justo ni es intelectualmente honesto cuestionar sin más esta denuncia porque afecta a Julio Iglesias o porque la publica un medio progresista, porque resulta que es el mismo medio progresista que publicó los casos de acoso sexual dentro del PSOE, ¿o es que solo vamos a denunciar las conductas reprobables cuando sirvan de munición para dañar a nuestros adversarios ideológicos y vamos a taparlas cuando dañen a nuestros afines?
Insisto, dejemos trabajar a la justicia y, entretanto, reivindiquemos la presunción de inocencia, en este caso la de Julio Iglesias como antes la de Plácido Domingo y la de tantos otros, porque la presunción de inocencia y el garantismo judicial es lo que separa una democracia de ciudadanos de una tribu de linchadores.
El acuerdo Mercosur
Pero yo quería hablarte hoy también de Mercosur, ya sabes que se trata de un acuerdo comercial verdaderamente histórico, histórico de verdad, porque llega a término después de 25 años de negociaciones frustradas. Y por también será histórico porque el tratado une a 27 estados miembros de la Unión Europea con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, y eso significa que va a abarcar a más de 740 millones de personas y creará, por tanto, la zona de libre comercio más grande del mundo. Esto sobre el papel, pero no todo es tan bonito. Hombre, desde la perspectiva del consumidor europeo, el acuerdo promete en teoría mayor variedad de productos y precios más competitivos, más baratos.
Pero el mercado de alimentos y productos ganaderos procedentes de Mercosur tiene costes laborales más bajos, le imponen menos trabas burocráticas y tiene más ventajas en la alimentación animal y eso rompe la igualdad competitiva con los mercados europeos, con los productores europeos, a los que se carga de condiciones y de exigencias que bien elevan la calidad de nuestros productos, pero también su precio, aparte de los costes laborales que hay aquí, que no son los de allí, y esa competencia desleal de los productos suramericanos es la que ha detonado las protestas en Francia, en Italia o aquí en en España.
Me encuentro en estos momentos a pocos metros de unos 80 tractores estacionados en el centro de Orense frente a la subdelegación del gobierno. Son tractores gigantes, la rueda trasera de algunos de ellos tiene 2 metros de diámetro. Lo sé porque me he medido con ella y me saca un cacho a la cabeza, y algunos tractoristas llevan aquí 15 días seguidos protestando y algunos tractoristas se tomaron aquí y la uvas, en plena calle, en la plaza, al calor de una fogata que aquí arde noche y día. Y cuando hablas con ellos y les preguntas por qué paran, sabiendo que el campo no espera a nadie y que cada día no trabajado les perjudica, te explican que prefieren parar unos días o unas semanas para reclamar sus derechos antes de perderlos definitivamente y que tengan que parar para siempre.
Los tractores que rodean la plaza a la que ahora mismo estoy asomado exhiben carteles y pancartas que resumen muy bien, muy sucintamente y muy expresivamente sus reivindicaciones. Dicen, "No a Mercosur, el rural no se vende. Sin rural la ciudad no come, nuestro campo no es moneda de cambio, cumplimiento íntegro de la ley de la cadena alimentaria" o esta otra que lo dice todo, "no pedimos limosnas de la PAC, exigimos que dejen de pisotear nuestro sudor".
Un problema que no es solo español, de hecho es Francia la que lidera las protestas en toda Europa. Bueno, como casi siempre, desde 1789, eh, por cierto. Y ojo, porque este sábado se puede liar una buena en Bruselas, porque este sábado, como te digo y como bien sabe nuestro compañero César Lumbreras, se firma en Asunción, capital de Paraguay, el acuerdo de Mercosur y hasta Asunción se va a ir Úrsula von der Leyen a rubricar el pacto. Pero ojo, esa firma no pondrá final a las protestas, ni mucho menos. Más bien los agricultores y los ganaderos se lo toman como el punto de partida de un calendario de tractoradas que ya pasó por Tarragona y que se van a hacer sentir a lo largo de este mes de enero en Cuenca, en Lérida, en Extremadura y finalmente llegarán a Madrid el 11 de febrero con una gran concentración frente al Ministerio de Agricultura, porque hay todavía margen de negociación entre los sindicatos agrarios y los gobiernos nacionales que tienen que aplicar el el tratado y eso sería lo deseable, que la Unión Europea fuera capaz de integrar las demandas del campo, de nuestro campo, para racionalizar la regulación sin sacrificar la calidad final del producto y para competir en igualdad de condiciones con los productores americanos.
Y ya sé que es difícil encajar todos los intereses en juego y es más difícil en medio de las guerras arancelarias de Donald Trump, que ya sabemos que no nos quiere mucho a los europeos, pero para eso pagamos a nuestros políticos. No para que vendan soluciones simples a problemas complejos, sino para que lleguen acuerdos difíciles y equilibrados reuniéndose y escuchando a todas las partes afectadas. Si lo consiguen, todos nos vamos a terminar beneficiando de la calidad y de la competitividad de los productos agrícolas y ganaderos sin que tengan que cerrar cientos de explotaciones solo en nuestro país.
Y esas explotaciones no son solo un pilar de la economía y del empleo, el campo es depositario de la tradición y de la cultura de un país, es el sector primario el que vertebra una comunidad nacional y el que fija la población rural. Nada más triste que un campo abandonado cerca de un pueblo vacío que encima se incendia cada verano porque nadie lo trabaja. Y al revés, nada cohesiona tanto a un país como la salud de su campo.



