De Haro, desde Nigeria: "La alegría de la vestimenta de estas mujeres tiene detrás una enorme tragedia; han sufrido una violencia difícil de imaginar"

El comunicador relata en 'Herrera en COPE' el terror diario que sufren miles de personas, especialmente mujeres, bajo el yugo del terrorismo yihadista

La gente espera para llenar contenedores con agua en un pozo proporcionado por UNICEF en el campamento de desplazados internos de Muna Dalti.
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Fernando de Haro narra, desde Nigeria, la situación que se vive allí

Paola Albaladejo

Publicado el - Actualizado

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Fernando de Haro, se ha desplazado hasta Maiduguri, en el noroeste de Nigeria, para relatar en 'Herrera en COPE' la crítica situación que vive el país. Esta zona, cercana a la frontera con Chad y Níger, es la cuna del grupo terrorista yihadista Boko Haram, que desde su aparición en 2002 sigue sembrando el terror en la región y en países vecinos como Malí, Camerún o Benín, con un balance de hasta 50.000 muertos y miles de secuestrados.

En una conversación con Jorge Bustos, De Haro ha explicado las dificultades para llegar a la zona, un viaje que solo es posible en avión porque "la carretera no es segura". Desde un campo de refugiados, el comunicador describe un panorama desolador donde los niños "han nacido en este campo" y llevan diez años fuera de sus hogares. La violencia y la inseguridad son una constante para toda la población.

El drama de las mujeres: "Una violencia difícil de imaginar"

La violencia, según relata De Haro, la sufren todos, "pero especialmente la sufren las mujeres". El comunicador describe la impactante imagen de un grupo de mujeres cuyos vestidos de colores intensos contrastan con la "profunda tragedia" de sus rostros. Muchas de ellas "han sido secuestradas por Boko Haram, han sido convertidas en esclavas sexuales, han cambiado de marido, han sido violadas en grupo", una violencia, en palabras del propio De Haro, "que es difícil de imaginar, y que cuando la escuchas te abre las carnes".

Una mujer con su bebé caminando por las calles de Maiduguri, la capital del estado de Borno.

Sally Hayden

Una mujer con su bebé caminando por las calles de Maiduguri, la capital del estado de Borno.

Este horror convive con el miedo constante, como ocurrió hace apenas una semana con un ataque del Estado Islámico que dejó 15 muertos y 200 secuestrados en la misma provincia. El problema fundamental, según De Haro, es la absoluta falta de seguridad. "El problema fundamental es que en las zonas en las que estoy, en cualquier momento aparece un grupo armado y se lleva a las personas", ha afirmado. "No solo es el dolor sufrido, no es solo las heridas que ya tienen, sino el no saber qué puede suceder dentro de algunas horas", ha añadido, describiéndolo como "la cosa más difícil de asimilar".

La fe como refugio ante la culpa

Uno de los aspectos más duros de esta tragedia es la carga psicológica que arrastran las víctimas, especialmente las mujeres. De Haro ha explicado cómo muchas de ellas luchan por no sentirse culpables o "sucias" tras haber sufrido violaciones. En este contexto, "la fe cristiana" emerge como un pilar fundamental. "Lo importante aquí es que la fe sirve para que ellas no se sientan sucias, nadie le reprocha nada", le confesaba una persona que trabaja con ellas.

Nigeria es "uno de los países del mundo donde ser cristiano es más difícil". Sin embargo, lo más llamativo para el comunicador no es solo la violencia, sino la fortaleza de la comunidad cristiana. "Son obligadas a convertirse y no quieren convertirse", ha destacado De Haro, quien considera esta fidelidad a su fe como parte esencial de su identidad, convirtiéndolas en verdaderos "mártires en vida", como apuntaba Jorge Bustos.

Un "estado fallido" sin control territorial

Respecto a la capacidad del gobierno para hacer frente a la amenaza, el panorama es sombrío. De Haro ha sido tajante al valorar las intervenciones internacionales, como los bombardeos de la administración Trump: "no han servido para absolutamente nada". La realidad sobre el terreno es que "el ejército en realidad no tiene el control territorial de muchas zonas", lo que De Haro califica como un "estado fallido" donde no hay una seguridad mínima garantizada.

El comunicador, que ya estuvo en la zona hace una década, concluye con un diagnóstico pesimista: "esto no ha cambiado, esto ha ido a peor". Problemas endémicos como la corrupción y la pobreza agravan la situación, llevando a algunas personas a unirse a Boko Haram por dinero, en una espiral de violencia que parece no tener fin.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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