

"El debate del burka no va sobre limitar la libertad religiosa, se trata de defender la igualdad de la mujer que quiera vivir en Europa, venga de donde venga"
Jorge Bustos analiza el debate en el Congreso sobre prohibir el burka y el niqab en España y la postura del Partido Socialista
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Se celebraba un acto solemne para conmemorar que dentro de unos días la Constitución del 78 se convertirá en la más longeva de nuestra turbulenta historia. Hemos tenido nueve constituciones desde la Pepa, desde la de 1812, y casi todas fueron de parte. Las hacía el bando hegemónico del momento y por eso no duraban. Claro, en cuanto llegaban los otros al poder cambiaban las reglas. La única constitución de consenso de verdad es la de 1978. Hubo otra que duró bastante, la que ahora se va a superar, que es la de 1876, que fue impulsada por don Antonio Cánovas del Castillo. Pero el gran estadista conservador tuvo buen tino a la hora de propiciar el llamado turnismo. Se turnaba en el poder con el progresista Sagasta y por eso duró bastante aquel régimen, el de la Restauración. Pero la de 1978 selló la reconciliación entre los hijos de las dos Españas en rentadas a sangre y fuego en la Guerra Civil y por eso es tan importante.
Pero 47 años después de su promulgación vamos a reconocer que la Constitución no pasa por su mejor momento, no porque se haya quedado obsoleta, al menos en mi opinión, en absoluto. Sus valores no solo no han caducado, sino que son más pertinentes que nunca en tiempos de polarización. Pero precisamente por eso, porque a nuestra clase política actual le tira más el poder que la responsabilidad y la ambición de futuro mucho más que las lecciones del pasado, hoy el constitucionalismo está en horas bastante bajas y lo sabe bien Felipe VI que en su discurso mandó un recadito a las autoridades allí presentes.
Le estaban escuchando seguramente con un cierto sentimiento de melancolía los dos únicos padres vivos de la Constitución que son con Miguel Herrero y Miquel Roca, pero no le estaba escuchando, por ejemplo, Zapatero, que últimamente prefiere no aparecer mucho en público, no vaya a ser que le pregunten por sus negocios venezolanos. Y tampoco estaban claros los independentistas que quieren tumbar precisamente la democracia del 78, igual que los diputados de Podemos, que se presentaron con camisetas reivindicativas como los eternos adolescentes que son.
Pero quizá lo más sorprendente fue que Vox se borrara del cóctel posterior al acto. Bueno, esto esto ya sorprende cada vez menos, porque los de Abascal están en proceso de hacerse republicanos. Acumulan ya varios desplantes al Rey porque les gustaría que se metiera en política, que es precisamente la tentación en la que acabó cayendo su bisabuelo Alfonso XIII y la que precipitó su caída y la llegada de la República y después la Guerra Civil.
Y claro, si el PSOE se alía con el separatismo y la extrema izquierda y aprueba una ley de amnistía que acaba la separación de poderes y si el tercer partido de España tampoco defiende la monarquía ni el Estado autonómico, que son las dos claves de bóveda del Pacto Constitucional del 78, entonces podemos concluir que el PP se está quedando solo como partido nítidamente constitucionalista y a Feijóo seguramente le enorgullezca esa soledad, pero no hay mucho que celebrar cuando empiezas a darte cuenta de que en ese hemiciclo quizás ya hay más diputados dispuestos al cambio de régimen, aunque cada cual en una dirección distinta, que a defender la continuidad de lo que tenemos. Del periodo del periodo que nos ha dado las mejores décadas de paz y prosperidad de nuestra historia.
El proyecto de Rufián
Uno de los que no estuvo conmemorando la Constitución, claro, fue Gabriel Rufián. Se ha vuelto españolista, pero solo para unificar a la extrema izquierda de toda España. Y hoy va a dar un paso más en ese proyecto quijotesco celebrando un acto en una sala de concierto de Madrid con capacidad para 500 personas. Hombre, si se trata de hacer un monólogo, en Gran Vía hay clubes de la comedia con mayor aforo, pero no va a ser un monólogo, va a ser un diálogo, porque a Don Gabriel lo va a acompañar un diputado del partido que fundó Íñigo Errejón, que se llama Más Madrid y este diputado se llama Emilio Delgado.
Por supuesto, ni Esquerra Republicana ni Más Madrid avalan la iniciativa de estos dos aventureros que han conseguido cabrear al resto de partidos de la mayoría Frankenstein. De hecho, hoy Oriol Junqueras viene a Madrid a poner orden y a recordarle a Rufian quién manda en Esquerra. Pero los que somos fans de los Monty Python, especialmente de 'La vida de Brian', disfrutamos mucho con estos espectáculos de división de la extrema izquierda en facciones infinitesimales, todas ellas cargadas de fervor antifascista.
Así que Gabriel, tú no te rindas, sigue luchando contra los romanos o contra el fascismo. Igual no ganas el escaño, pero la silla en la tertulia televisiva el día de mañana o la plaza en la 'Isla de las tentaciones' junto a Sarah Santaolalla esa no te la quita nadie.
El debate sobre el burka
Ayer se celebró un debate interesante en el Congreso y eso es noticia, pues no suele ocurrir últimamente. Se debatía la propuesta de Vox apoyada por el PP de prohibir el burka. Es posible que los de Abascal hayan planteado esta medida llevados por una islamofobia de la que ellos mismos hacen gala. Pero no estamos ante una medida de ultraderecha, estamos ante una medida liberal que ya han aprobado ocho países de la Unión Europea. Empezó Francia en coherencia con su tradición laica, la Francia de Macron fue el primer país de Europa en prohibir por ley el uso del burka y del niqab en el espacio público y desde entonces han seguido sus pasos Bélgica, Austia, Dinamarca, Países Bajos, Portugal, Alemania y Bulgaria.
Vamos tarde ya en esta España presuntamente progresista. ¿Dónde está el feminismo del PSOE aquí? ¿Dónde están, por cierto, las explicaciones del ministro Marlaska ante la escalofriante denuncia por violación de su director operativo de la policía? Ese del que tan orgulloso estaba. Pero volviendo al debate del burka, ojo, no se trata de limitar la libertad religiosa, se trata de defender la igualdad de la mujer, de la mujer que quiera vivir en Europa, venga de donde venga. Y no es lo mismo tampoco un velo que un burka. El burka o el niqab es el velo integral, el que tapa todo el cuerpo de la mujer, salvo una ranurita para los ojos, porque lo considera estructuralmente sucio, pecaminoso y por tanto debe ser invisibilizado. Porque el islamismo radical considera a la mujer una propiedad inanimada del varón. No le reconoce ninguna autonomía.
Bueno, pues el PSOE votó en contra del alegato genuinamente feminista de la portavoz del PP, Ester Muñoz, por la única razón de que la iniciativa partía de Vox. Siempre es el quién y no el qué. Por eso Junts votó también en contra y ha registrado su propia ley antiburka y los socialistas les han prometido que se la van a apoyar a cambio de que los de Puigdemont vuelvan al redil, pero entonces igual son los del PP y los de Vox los que evitan votar a favor. Y este es el drama de nuestra política, que ni siquiera las buenas ideas pueden ya aspirar al consenso que alumbró la Constitución.



