Antonio Agredano y su evolución estética: "Primero fui grunge, luego empecé a pintarme las uñas de negro y me dejé el pelo larguísimo y vestía oscuro"
El cronista de Herrera en COPE habla de esas tribus urganas en los que nuestros Fósforos han 'militado' alguna vez en la vida.

Tribus urbanas, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
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Rockers, utakos, pijos... nuestros Fósforos se definen y eligen tribu urbana y Antonio Agredano le pone voz y letra en sus Crónicas Perplejas.
TRIBUS URBANAS
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Hubo un tiempo en el que todos nos vestíamos iguales para sentirnos distintos. Era la música la que nos marcaba el ritmo. El enemigo no era Bad Bunny, sino Michael Jackson. Cuando Nirvana le quitó el número uno en EEUU, muchos nos sentíamos vencedores en esa batalla que enfrentaba al ruido contra la comercialidad. Lo joven frente a lo adulto. Lo inesperado frente a lo predecible.
Primero fui grunge. Camisas de leñador, pantalones vaqueros rotos, discusiones en casa constantemente. Rebeldía y nihilismo. Luego, cuando pasó el grunge, empecé a pintarme las uñas de negro y me dejé el pelo larguísimo y vestía oscuro y pasaba las noches escuchando a The Cure, Explosions in the sky y a Placebo y la tristeza era más hacia dentro y menos hacia fuera.
Luego empecé a salir más y me ponía corbatitas y chaquetas que compraba en las tiendas de segunda mano de Madrid y ya sólo pedía a los pinchadiscos canciones de The Strokes y cosas así para bailar y pasarlo bien y juntarme con chicas con flequillo recto, labios rojos y vestidos pin up.
Y luego llega un momento en el que uno se pone sus jerséis normales, sus pantalones normales, sus camisas normales y asume su trabajo normal y es puntual en el trabajo y lleva a sus hijos al parque y escucha cantantes que jamás pensó que escucharía y deja la noche y empieza a disfrutar de las mañanas. Y hasta sale a correr algunos domingos. Y la vida como que se va deteniendo, pero con sutileza, sin estruendo, sin olor a goma quemada.
Pero lo cierto es que hay días en los que, de repente, suena una canción. Y es como si pulsaran un botón en mi conciencia. Como activar el mecanismo de una bomba. Y me siento joven. Y quiero salir y volver a ser aquel que fui. Y trasnochar. Y llamar a los viejos amigos. Y habitar de nuevo los antros y los portales.
Afortunadamente, sólo dura unos segundos. Como cuando te da un calambre y retiras rápidamente la mano. Y vuelvo al sofá, al vino pausado, a la calma de los días y a las cálidas canciones.




