"El panorama es desolador; me fui unos meses fuera y a la vuelta tenía claro que quería terminar esa etapa de compartir piso"

Blanca es una de las inquilinas que viven en Madrid. Como ella, miles se enfrentan a subidas mientras denuncian un mercado "absolutamente desolador"

Peatones cruzando la Gran Vía con el semáforo en verde, Madrid
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Escucha la sección de Curro Suárez en 'Herrera en COPE' sobre los contratos de alquiler y su situación en España

Paola Albaladejo

Publicado el - Actualizado

3 min lectura16:37 min escucha

El mercado del alquiler en España se enfrenta a un punto de máxima tensión. En el año 2026, cerca de 600.000 contratos de alquiler firmados en 2021 alcanzarán su quinto año de vigencia, lo que abre la puerta a una renegociación de las condiciones y, en muchos casos, a notables subidas de precio. Los expertos prevén incrementos de hasta el 50% de media, una situación que genera una enorme incertidumbre entre miles de inquilinos.

Un mercado "absolutamente desolador"

El testimonio de los afectados refleja la crudeza del panorama actual. Es el caso de María y Nico, una pareja que vive en el barrio de Malasaña, en Madrid. Tras ser avisados con cuatro meses de antelación de que no se les renovará el contrato, su búsqueda se ha convertido en una misión imposible. "Nos queríamos quedar en el barrio. Cuando vimos los precios, nos dimos cuenta de que no era una opción viable", explica María. La dificultad se extiende ya a toda la almendra central de la capital, donde los precios se han vuelto inasumibles para un salario medio.

Fotografía de archivo del barrio de Malasaña

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Fotografía de archivo del barrio de Malasaña

La pareja paga actualmente 1.200 euros por un piso de casi 100 metros cuadrados, pero los que encuentran ahora son de 60 metros cuadrados por 1.800 euros. María relata que han llegado al extremo de "ir a visitar el piso con un metro para ver si te cabe un sofá de dos plazas". Esta realidad, sumada a la enorme competencia —"de repente te encuentras con que hay otros 30 candidatos queriendo ese piso"—, genera una gran impotencia: "¿Cuándo voy a tener yo margen para ahorrar si todo me lo dejo en un alquiler?", se pregunta.

Blanca, que lleva diez años en Madrid, ha buscado piso para vivir sola y su conclusión es tajante: el mercado está "absolutamente desolador". Según su experiencia, los propietarios han adaptado los precios a parejas con sueldos altos, inflando el coste de viviendas que deberían ser para una sola persona. "Un piso que debería costar 800 euros, te lo ponen a 1.600, porque cuentan con que van a entrar dos salarios de personas que ganan bien", denuncia.

La perspectiva de los propietarios

En la otra cara de la moneda se encuentran los propietarios, a menudo señalados como culpables de la escalada de precios. Un casero anónimo argumenta que el motivo principal del encarecimiento es la alta demanda y la poca oferta existentes. Además, apunta a factores como los costes de las mejoras en los edificios, por ejemplo, la instalación de un ascensor: "El inquilino también se está beneficiando de esa mejora del propio edificio. Yo creo que también tiene que compensar económicamente con ese diferencial", sostiene.

Este propietario admite ser "parte del problema y víctimas" a la vez. Reconoce que hay caseros que "se benefician de la situación del mercado para incrementar" los precios de forma desmedida, aunque asegura no ser su caso. Desde su punto de vista, la solución a largo plazo no pasa por la regulación, sino por aumentar la oferta de vivienda social y facilitar las condiciones para la compra, de modo que la demanda de alquiler se reduzca.

Salarios estancados y promesas políticas

El problema de la vivienda está directamente ligado a la evolución de los sueldos. Un dato es especialmente revelador: en los últimos 20 años en Madrid, mientras el salario medio ha crecido un 24%, el precio del alquiler por metro cuadrado se ha disparado un 150%. Esta brecha evidencia que, para muchos, el acceso a una vivienda digna es cada vez más una utopía, planteando si el foco del problema no está también en los salarios congelados.

Mientras tanto, las promesas políticas sobre la construcción de viviendas públicas se suceden sin que se perciba un impacto real en el mercado. El Gobierno se ha fijado el objetivo de 100.000 viviendas públicas y ha movilizado suelo, pero los resultados son escasos. Paradójicamente, el Ejecutivo renunció recientemente a más de 3.000 millones de euros de fondos Next Generation para vivienda social alegando "falta de demanda", una justificación que choca frontalmente con la realidad que denuncian los inquilinos.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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