José María Pou: "Pediré que suene en mi funeral Frank Sinatra"

El actor y director teatral visita "Fin de Semana" con Cristina para presentar su nueva obra: ‘Viejo amigo Cicerón’

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 12:38

Bajo la dirección de Mario Gas, actor de teatro y actor de doblaje (voz habitual de Ben Kingsley y Geoffrey Rush), José María Pou está en el Teatro La Latina de Madrid para representar ‘Viejo amigo Cicerón’, motivo por el que ha estado en Fin de Semana con Cristina, donde afirma, al respecto de que devoraba la prensa y después iba a ayudar a su padre a montar el escenario para el grupo de actores aficionados de Mollet del Vallès, “yo en realidad no ayudaba, era muy pequeño y no me dejaban. Tenía 8 o 9 años y mi padre me decía ‘siéntate ahí, en el patio de butacas, mira y no estropees nada’, y yo me pasaba tres o cuatro horas solo, imagina un niño de 7 u 8 años solo, sentado, sentado ahí, viendo cómo mi padre, que era una especie de director técnico, y sus compañeros, iban levantado sobre el escenario toda la magia del mundo, levantando telones pintados y eso se convertía en un palacio, y de repente bajaba otro y era un bosque encantado, todo aquello delante de mis ojos… me sentía uno de los niños más privilegiados del mundo, y supongo que allí nació mi interés por el teatro”.

Pou sostiene que los teatros y los cines se han convertido en las farmacias de guardia de nuestro tiempo, donde el público acude en busca de remedio: “Sí, no deja de ser un eufemismo y una frase con mucho de literatura pero algo de verdad hay en ello o, por lo menos, a mí me gusta creer que, desde el teatro, estamos cumpliendo también una función sanadora, estamos facilitando remedio, consuelo, medicina para estos tiempos tan convulsos. Yo quiero creerlo y así me lo expresa la gente a la salida de los teatros y me dicen ‘muchas gracias por estas dos horas que me has regalado y me han llenado’, quiero pensar que la gente sale más feliz e, incluso, un poco mejor persona, que antes de entrar”.

En todo caso parece que el suyo es un clarísimo caso de vocación desviada porque a lo que siempre quiso dedicarse es a la radio, por eso todo lo que hace lo encamina hacia ese objetivo y por eso leía los periódicos en voz alta e incluso estuvo en la Escuela de Arte Dramático: “Lo he dicho muchas veces y me da algo de reparo repetirlo porque va a parecer que soy monotema pero es verdad y me encanta hablar de ello. No tenía ninguna vocación de actor a pesar de mi contacto tan pronto con el teatro, pero mi padre estaba en ese mundillo como aficionado y entre él y mi madre me acostumbraron a ir casi todas las semanas al teatro como hecho habitual, lo cual es genial para la educación del niño, pero aun así yo nunca tuve vocación, era un muy buen espectador pero no más. De lo que sí tuve vocación, porque yo leía en voz alta los periódicos encerrado en mi cuarto, era de hablar en alto con perfecta dicción y ser un magnífico periodista en la radio, con una técnica de voz fantástico. Me pasaba muchas horas escuchando la radio”.

José María Pou tuvo, durante 15 años, un programa dedicado al género musical, ‘Calle 42’,en RNE, fruto de una entrevista: “Estuve hablando y comenté que mi vocación era la radio y me veía proyectado trabajando toda mi vida en ella y que mis referentes eran Joaquín Soler Serrano y tantos otros. De repente, a los dos días de decirlo, recibí una llamada de RNE, del por aquel entonces director, diciéndome y ofreciéndome un programa para ese verano. Dije que sí corriendo y ese programa previsto para tres meses duró 15 años, fui muy feliz haciéndolo”.

Hay algunos referentes imprescindibles en la historia: Marco Tulio Cicerón, el ilustre jurista, político, filósofo y orador romano. Y ese es el viejo amigo con el que anda ajustando cuentas estos días: “Ahora en Madrid en el Teatro de Latina después de un año y medio de periplo por toda España, porque es un espectáculo que estrené en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en junio de 2019 y que se mantuvo en gira hasta que hubo que interrumpirla por el estado de alarma propio de la pandemia. Lo pude retomar cuando se abrieron los teatros a partir de mediados de septiembre, desde entonces hasta la semana pasada misma que estuve en Las Palmas de Gran Canaria, y por fin llegamos a Madrid con la intención de hacer seis semanas en dicho teatro y regalar al público la posibilidad de reflexionar sobre nosotros mismos a lo largo de una hora y cuarto que dura el espectáculo, pero sobre todo dándome a mí la oportunidad de reencontrarme con el público de Madrid que, de verdad, aprecio como ninguno porque aquí me formé yo, me siento como en casa”.

¿Qué le dice Cicerón a nuestro siglo XXI? El personaje dice al final de la obra ‘Cada época crea su propio Cicerón’, “’y todos ellos son válidos’, dice, ‘o mejor dicho, todos ellos son útiles’. Cicerón aporta emplear como arma solo la palabra, la maravilla, la riqueza de la palabra, de la palabra bien dicha, del discurso bien hilvanado, todo esto”.

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No hay nada, por deplorable que sea, que la oratoria no pueda convertir en aceptable”, dice Cicerón. Y Pou comenta que algunos gobernantes de hoy día ya se han convencido de que eso es posible sin ni siquiera tener que recurrir a la oratoria: “Es así, muchos gobernantes de los que nos dirigen se limitan a reproducir de manera muy mecánica el ‘breafing’ que el partido les da cada mañana, me parece profundamente lamentable, es de exigir, a nuestra clase política, mayor capacidad de elocuencia, de elaborar un discurso sin tener que recurrir siempre al enfrentamiento, al exabrupto, hasta al insulto a veces”.

Como todo ciudadano, Josep María Pue estuvo bajo confinamiento, y él siempre se ha declarado un fervoroso partidario de la soledad: “Soy muy consciente de que ha sido una etapa muy difícil, sobre todo en aquel principio, marzo y abril del pasado año, y parece mentira que vamos a cumplir un año de eso. Para mí supuso casi un alivio, entre otras cosas, porque yo soy un hombre con muchísima capacidad de trabajo no he parado nunca y he estado haciendo muchas varias cosas a la vez y al mismo día; y, de repente, es como si hubieran bajado delante de mis narices y mis ojos, el día 12 de marzo, una persiana cuando me dijeron ‘hoy es la última función, a partir de hoy no puedes hacer más’, me dejaron casi inerme pero me encontré con algo que yo no había conocido nunca: con casi cinco meses por delante sin tener nada que hacer, sin obligaciones ni compromisos. He estado en casa, no salí, y durante las cuatro primeras semanas no salí absolutamente para nada, como si estuviera casi confinado por orden del médico, y leer todo lo que tenía pendiente. Pensé mucho, puse en marcha la máquina de pensar, que llevaba tiempo atascada, con calma; ver en la televisión montones de montajes teatrales que, en aquella época, todo el mundo generosamente ofrecía por ‘streaming’, tuve la oportunidad de ver muchos montajes de teatro de Berlín, Nueva York, Chicago, de Polonia que nunca habría soñado con ver y los ofrecían para ocupar el ocio de los aficionados y, al mismo tiempo, pude aprender a hacer una tortilla francesa, que jamás había hecho hasta la fecha, fue por primera necesidad, urgencia vital, estaba harto de comida preparada. Lo que pensé que era una incapacidad mía, que decía ‘no sé cocinar’, era mentira, era solo vagancia y ganas de no ponerse y, mientras lo hicieran otros, ya estaba bien. He descubierto que soy capaz de inventarme unas ensaladas riquísimas y de hacer incluso una tortilla de bacalao, que no es fácil”.

Pou suele decir que no tiene residencia, ni ideas, ni pareja fijas, que siempre está con la maleta lista y en camino, con lo que esta situación ha sido un cambio radical: “Sí, pero un parón forzoso que me ha obligado a replantearme muchas cosas. No me ha asustado. Sé que para mucha gente sí ha sido y sigue siendo doloroso y lo respeto profundamente, pero para mí el confinamiento y estar encerrado en soledad sin ver familiares y amigos y sin poder socializar no me ha resultado nada difícil, es algo que he practicado toda mi vida, siempre he sido celoso de mi soledad y del encuentro conmigo mismo. Por mi oficio estoy rodeado de mucha gente, siempre en contacto con otros, y por eso cuando llego a mi casa y cierro por dentro, me apoyo en la puerta y me digo ‘por fin, qué bien, el paraíso, solo’”.

El actor sigue pensando que la de Cataluña no es su guerra, “lo dije hace tiempo y lo pienso porque yo siempre me he definido, sobre Cataluña, a favor de la Ley, precisamente como dice Cicerón, que fue un gran defensor de la Ley. Entiendo perfectamente los ideales independentistas de un sector de la población y los respeto pero no los siento porque siempre me he sentido independiente incluso de la misma independencia, sea del tipo que sea. Lamento que la situación en Cataluña siga siendo tan complicada y deseo fervientemente que el 14 de febrero algo de amor se reparta por ahí y algo del entendimiento que promulga Cicerón se meta en las mentes de unos y otros y, a partir del 15 de febrero quizás, en Cataluña se pueda organizar todo de forma que se pueda garantizar la convivencia”.

Para terminar, Pou reconoce orgulloso haber mantenido su palabra de despertarse con Frank Sinatra: “Llevo con ello varios años y no voy a renunciar a ello hasta el día en que me muera. Todos los días me despierto con él y seguirá pasando aunque los cacharritos electrónicos cambien, una canción aleatoria, la que él quiera”.

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