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Cristina L. Schlichting: "Gracias a Merkel somos más europeos"

La presentadora de 'Fin de Semana' reflexiona sobre las elecciones en Alemania y el adiós de Angela Merkel

Tiempo de lectura: 4Actualizado 12:27

¡Muy buenos días, España! Bienvenido a tu programa, Fin de Semana de la cadena Cope, que quiere ser tu compañía sábados y domingos y que en esta ocasión quisiera ser un enorme abrazo que viaja por encima del mar y abraza a todos los palmeros de la Isla Bonita para que se sepan queridos y acompañados.

El martes es el Consejo de Ministros en que se aprueban las ayudas, pero nosotros nos preguntamos cuánto va a durar esta erupción que ha arrancado un mar hirviente del centro de la tierra y anega una de nuestras tierras más hermosas. Rafael Becerra, vulcanólogo de la Universidad de Castilla la mancha hacia esta valoración ayer desde La Palma, hacía este cálculo científico ayer en Fin de Semana

En nuestra incapacidad para expresar todo el afecto que sentimos por los compatriotas de La Palma, damos la palabra a un oyente de maravilloso acento canario que, aquí, en nuestro contestador, animaba a los afectados.

No hay nada más incontestable, adelante amigos, donde hay vida hay esperanza y, si uno no está solo, el resurgir es más hermoso. Hoy los rugires del volcán están más atenuados, las explosiones del viernes han menguado y la lava más fluida sale por las nuevas bocas, sin que sepa a ciencia cierta si llegará al mar.

Al tiempo, a la meteorología, le dedicamos atención especial en Fin de Semana. Hoy habrá alguna lluvia débil en Galicia, debido a la entrada de un frente atlántico por el oeste, y cielo poco nuboso en el resto del país. Las temperaturas tienden a subir en la mitad oeste de la península y en las Canarias y las mínimas bajarán en general y en concreto en las Baleares.

El miércoles es San Miguel y la tradición indica que esta semana hay un veranillo que se puede aprovechar en terrazas, parques y costas.

Y la anécdota de ayer se la robó Pablo Iglesias a Puchi, que aquí todos quieren el foco. El de Waterloo no ha hecho nada especial, que dice que el lunes vuelve a su mansión en Bélgica, pues nada, a vivir como un rey, pero eso sí, bajo un cielo panza burra que no le deseo a nadie, porque sol, en Bruselas, poco.

Pablo Iglesias, con el pelo cortito y algo más relleno, compareció en la fiesta del PC y recibió de la medicina de palo que había recetado otras veces, como señalaba esta mañana aquí, Antonio Herraiz.

Una turbamulta de manifestantes se puso a corear que dónde está el cambio. Ay amigos, qué distinto es prometer de cumplir, cuán diferente el sueño ideológico de la oposición y la dura tarea del Gobierno.

La cuestión es que no le gustó a Iglesias la cosa y, atención, en vez de animar a los escracheadores democráticos del jarabe de palo, pidió un aplauso para el servicio de seguridad que los quitó de en medio.

Te digo de verdad, que cómo somos los seres humanos de bobos y miserables. Donde digo digo, digo Diego y quién te ha visto y quién te ve, ni sombra de lo que eras.

Y hoy, hoy hay una celebración que probablemente pasará desapercibida en nuestras vidas y que se refiere a algo que nos afecta bastante más que las ruedas de prensa de Puigdemont o los mítines de Iglesias. Hoy es el día Internacional del Migrante y el Refugiado y coincide con una nueva oleada de pateras en las islas Canarias y en Almería, en la semana en que el mar ha arrojado el cuerpecito de un bebé de tres años a la playa del Puerto del Rey, en Vera. A doscientos metros apareció una mujer ahogada también, probablemente su mamá, y en 48 horas aparecieron otras siete personas ahogadas en el tramo de costa que va entre Carboneras y Vera, todo probablemente fruto del mismo naufragio. Es horrible. ¿Cómo se llamaba el niño? ¿Cómo se reía? ¿Le gustaba jugar o era dormilón? ¿Qué vida soñó su familia para él? ¡Qué breve recorrido entre el nacimiento y la muerte, que camino truncado!

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Un niño igual, el crío Aylán, cambió hace años la historia de Europa. De tal modo impresionó a la entonces canciller de Alemania, Ángela Merkel, que resolvió abrir las puertas de su país hace 16 años, con un riesgo político enorme, y acogió a un millón de refugiados sirios e iraquíes en plena guerra. Merkel, que se jubila hoy, día de las nuevas elecciones alemanas, en que 60 millones de personas acuden a las urnas en su país, dijo la frase que probablemente ha marcado su gobierno: “Si Europa les falla, no será Europa”.

Efectivamente. ¿De qué nos sirve ser el continente rico, el continente de las fábricas de coches o el turismo más culto, el del pasado clásico y la Unión Política más audaz, si olvidamos el núcleo de todo, el valor de la persona, si no sabemos tender la mano a un desgraciado que naufraga?

Merkel ha estado en el poder cuatro legislaturas seguidas ya ha presidido dos veces el consejo de la UE. Se ha tragado la crisis económica, al de los refugiados, el covid y los follones con Estados Unidos y Rusia, pero de todo aquello, yo me quedo con las puertas abiertas del corazón de una mujer que dijo una frase escueta y limpia, la frase de un líder: “Lo conseguiremos”.

Merkel no es más lista que los demás. Es una señora gordita sin gran belleza, que Berlusconi se permitió señalar que no se llevaría a la cama. Una mujer sensata, que dicen que sabe escuchar y con un estilo sencilo. En palabras de Zapatero: “desafía a los líderes del marketing político, está más preocupada por los contenidos de los acuerdos que por las encuestas o las redes sociales”. De pura práctica se hizo hacer decenas de chaquetas idénticas, de todos los colores, para no tener que pensar en qué ponerse cada mañana. Una señora que con Mariano Rajoy conoció los percebes y los pimientos de padrón y que iba a la compra con su marido, un señor anónimo, científico, que se ocupa en su casa de poner las lavadoras.

La novedad de Merkel ha sido algo tan sencillo y tan difícil como conservar el corazón cristiano que le inculcó su padre, un pastor protestante. La diferencia entre un gestor político y un gran dirigente la traza su proyecto, su clarividencia para juzgar el momento de la historia que le toca vivir. Igual que Helmut Kohl dio el volantazo y puso rumbo a la unificación alemana, pese al temor de los Estados Unidos y Rusia, porque sabía que muchas familias estaban partidas por el muro, Angela Merkel ha sabido que es más importante tender una mano al hombre destrozado por la guerra que conservar el color ario de la piel de los alemanes. Eso conmovió a sus compatriotas y los puso en marcha. Eso ha hecho que la inteligencia de las nuevas generaciones de sirios e irquíes que ahora son alemanes contribuya al talento y la riqueza federales y europeos. Gracias a Merkel somos más europeos.


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