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Cristina L. Schlichting: "Si fuese policía me hubiese desmoralizado el silencio del Gobierno durante días"

La periodista critica también que Marlaska haya resistido, como gato panza arriba, a distanciarse de Iglesias

Tiempo de lectura: 4Actualizado 12:59

Muy buenos días España! Viento de más de cien kilómetros en Galicia, por donde ha entrado desde Irlanda una borrasca con nombre árabe, Karim, que nos dejará con lluvias en toda la península a lo largo del Fin de Semana. Preguntaremos a Olcina.

JORNADA DE DISTURBIOS

Cuarta noche de disturbios en Cataluña por el encarcelamiento del delincuente Pablo Hasel. Al menos seis personas necesitaron asistencia médica, dos en Barcelona, dos en Gerona y dos en Villafranca del Penedés. Ha habido cuatro detenidos, tres de ellos por atentado contra la autoridad, en una noche donde la peor parte se la han llevado los Mossos y la Guardia Urbana. Se suman a los 59 arrestados durante la semana.

Contenedores en llamas y barricadas levantadas con el mobiliario de los bares y restaurantes, arruinados por el covid. Para esta tarde hay una decena de concentraciones convocadas por toda España, en el caso de Madrid en el entorno de Atocha. Tendremos quinta jornada de destrozos y vandalismo. En la capital convoca un cierto “Movimiento Antirepresivo de Madrid”, un grupo que en sus inicios estuvo vinculado a Podemos. La solución pasa, desde luego, por hacer pagar los destrozos a las familias, como se hizo con la Kale Borroka del País Vasco, donde los padres y madres se ocuparon rápidamente de cerrar la puerta a sus hijos, para no tener que pagar el vandalismo.

LOS ORÍGENES DE PABLO HASÉL

En realidad, son niñatos aburridos y violentos los que salen a las calles, gente de entre 16 y 25 años, sin oficio ni beneficio, que está harta de estar en casa por el covid.

Esto de los pijos que se hacen progres es una vieja tradición española, que en el caso del rapero Pablo Hasél se cumple al cien por cien. El abuelo era franquista y militar, Andrés Rivadulla Buira, que persiguió a los maquis en los Pirineos. El padre es un rico empresario, Ignacio Rivadulla, que presidió el club de fútbol de Lérida.

Él no ha trabajado en la vida. Sus mayores logros son pedir que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono, que maten a las infantas y defender a los del Grapo y los de ETA con palabras tan poéticas como las siguientes: “Que le pongan una bomba, que revienten sus sesos y que sus cenizas las pongan en la puerta de la Paería”. Hasél, sin embargo, no está condenado por sus repugnantes letras, sino por enaltecer el terrorismo y pegar a un reportero gráfico en una manifestación y a un testigo de un juicio.

LOS APOYOS DE HASÉL

Aquí, el problema no es este macarra vago, sino los políticos que lo apoyan. En la dinámica dictada por Pablo Iglesias están estas revueltas, que él llama populares -como si los demás, las víctimas, no fuésemos pueblo- y que él se imagina como los albores de la revolución bolchevique o bolivariana. Pablo Echenique ha escrito, ya lo sabéis, que los de la calle son heroicos resistentes antifascistas. Lo denunciaba Mónica Gracia del sindicato policial SUP.

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También están en esto los independentistas de la CUP y del partido de Puigdemont.

LA VIOLENCIA COMO AFICIÓN

La policía se encuentra con una manada muy mezclada y muy habitual en las algaradas. Desde ultras de los equipos de fútbol a activistas de Izquierda Castellana, Redskins...lo mismo da, que da lo mismo. Dicen que son anarquistas o antisistema, en realidad no saben nada, ni siquiera lo que son. Recuerdo la cara de burro de un skin que entrevisté hace años y que me dijo: “Es que a mí me gusta la violencia”. Pues eso. La violencia como afición.

TARDANZA EN CONDENAR LA VIOLENCIA

La desgracia y la vergüenza es que el principal socio del Gobierno intente usar a su favor semejante macarrada. Tres días, tres días con sus noches de violencia en Barcelona, Valencia o Zaragoza ha tardado el presidente en decir esta boca es mía.

Hasta ayer no ha abierto el pico Sánchez para condenar los disturbios que afligen desde el martes a los españoles, matizando -eso sí- que España cambiará su legislación sobre libertad de expresión “para acercarse a la de Europa”. ¿No es una forma hermosamente sutil de apuntalar las consideraciones de Pablo Iglesias de que la democracia española no está a la altura?

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No hay derecho, la verdad, si yo fuese un policía, un padre de familia que tuviese que enfrentarme a los vándalos callejeros, me hubiese desmoralizado el pertinaz silencio, tanto del jefe del Gobierno como del ministro del Interior, que también se ha resistido durante días, como gato panza arriba, a distanciarse de Pablo Iglesias. Ayer, por fin, habló Marlaska.

Francamente, yo no entiendo nada. No sé cómo se puede gobernar con esta gente de Podemos y hacer como si fuese normal. Es el propio consejo de ministros, en su parte morada, quien alienta las partidas cimarronas. Buscan cargarse el sistema desde dentro, lo dicen, y utilizan el fracaso escolar, las dificultades de la adolescencia o el covid, para lanzar a nuestras avenidas a una masa de descontentos a los que nadie pone en su sitio.

ESPAÑA VS EE.UU.

Estados Unidos va por delante en populismo, allí hemos visto lo que puede pasar cuando un responsable político se pone de lado ante la violencia, cuando juega a la ambigüedad y flirtea con la idea de deslegitimar las instituciones. La diferencia es que allí Trump ha padecido una repulsa y un impeachment. Aquí, el populista peligroso sigue gobernando junto al más cínico de los cínicos.

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