El recuerdo en 'Fin de Semana' de la liberación de Ortega Lara: durante 532 días en un zulo de tres por dos metros
Analizamos en 'Fin de Semana' la operación para liberar al funcionario de prisiones que mantuvo en vilo a toda España

El recuerdo en 'Fin de Semana' del 30 aniversario de la liberación de Ortega Lara
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En el aniversario del secuestro de José Antonio Ortega Lara, iniciado por ETA en 1996, el programa 'Fin de Semana' de COPE, con Cristina López Schlichting, ha recordado la agónica liberación del funcionario de prisiones. Su cautiverio duró 532 días y culminó con un rescate posible gracias a la soberbia labor de la UCO de la Guardia Civil, en una operación que mantuvo en vilo a toda España.
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Un zulo de tres por dos metros
Ortega Lara sobrevivió en un habitáculo húmedo y frío de apenas tres metros de largo por dos y medio de ancho y 1,80 de alto, donde solo podía dar tres pasos. Sin ver la luz del sol y con una pequeña bombilla, se aferró a una estricta rutina de ejercicios y a rezar el rosario para mantener la cordura. Su fortaleza mental, calificada como “no común”, fue clave para resistir.
Sus captores le entregaban a diario un vaso de agua y un plato de frutas y verduras, además del periódico recortado. Disponía de dos marmitas, una para sus necesidades y otra para asearse, en lo que ha sido descrito como una especie de “sarcófago” donde estaba “enterrado en vida”.

Horas de registro a contrarreloj
La liberación fue una operación a contrarreloj. Los agentes de la UCO, liderados entonces por Manuel Sánchez Corbí, habían localizado la nave industrial, pero no daban con el zulo. Tras horas de registro, el juez Baltasar Garzón estuvo a punto de cancelar la operación. Sin embargo, la insistencia de Corbí permitió encontrar finalmente el complejo mecanismo de engranajes que movía una pesada máquina, revelando la entrada.
El primer agente que descendió, Francisco Gil, ha relatado el impacto de la escena. Se encontró a Ortega Lara “en posición fetal” en un ambiente con un olor insoportable que parecía “una tumba”. Creyendo que eran los terroristas que iban a ejecutarlo, lo primero que dijo el funcionario fue: “que lo mate de una de una puta vez”. El agente tuvo que convencerlo de que eran “los buenos” para rescatarlo.
Durante su cautiverio, Ortega Lara demostró una entereza excepcional, resistiendo al síndrome de Estocolmo y sin empatizar nunca con sus captores. Su profunda fe católica se acentuó y fue un pilar fundamental para sobrevivir, hasta el punto de que había llegado a plantearse el suicidio. El relato completo de su secuestro forma parte del primer capítulo del podcast sobre Miguel Ángel Blanco, disponible en cope.es.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




