

"España vuelve a sembrar el estupor y la confusión, de tal manera que España está quedando como ese país gamberro que solo sabe dar la nota"
El director de 'Herrera en COPE' centra su monólogo de este jueves en el cruce de declaraciones entre la Casa Blanca y Moncloa
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Señoras, señores, me alegro. Buenos días.
Hola, ¿qué tal? Son las 8 de la mañana, son las 7 en Canarias. Es jueves y es un día de cielos muy nubosos y lluvias en muchas zonas de España. Hoy, como ya les decía a las 7 de la mañana, aquí vamos de guerras por la vida. Hay dos guerras: una guerra seria que se libra en Oriente Medio o en Próximo Oriente, y la guerra de Gila que se libra en España. Porque volvemos a ser el elemento más estupefaciente, más inexplicable del concierto internacional. Volvemos a sembrar el estupor y la confusión, de tal manera que España está quedando como ese país gamberro, inconsistente, que solo sabe dar la nota.
Ningún país está a salvo de eso, pero este es un país ideal para cultivar el populismo, la flor del populismo barato. Ayer ya lo vimos. Sánchez dijo su palabra ante las cámaras, pero no ante las cámaras parlamentarias que tenía que hablar, que son las cámaras parlamentarias. Tenía que dar una explicación y abrir un debate en la sede de la soberanía nacional. No. En la cámara de televisión: el cámara y él, por cierto nadie más. Ni una pregunta, ni un qué, ni un cómo. Iba a insistir en su desafío a Donald Trump, a envolverse en la bandera de la soberanía nacional y todas estas gaitas.
Lo que no llegamos a calcular es que iba a desempolvar el “no a la guerra”, ese lema que tanto moviliza al votante de izquierdas. Hasta igual se le cruzó la idea —es una conjetura— de que con el “no a la guerra” Zapatero ganó unas elecciones. Pero a ver si con eso motivo a los míos y, quién sabe, igual convoco elecciones y aprovecho. A lo mejor fue un mal pensamiento, pero ahí estaba. Si faltaba alguna prueba de los motivos espurios de Sánchez para embarcarse en esta trifulca con Estados Unidos, ahí estaba la pistola humeante: el rescate del “no a la guerra”, señuelo electoral.
O sea, que tengan que pagar las consecuencias las productoras y distribuidoras de aceite, los exportadores de jamón o los bodegueros… mala suerte. Que se frustra una operación millonaria del Santander en Estados Unidos… pues es una pena. Que se dispara la factura de la luz para las familias o para las empresas porque ahora el gas puede venir o no venir, o haya que buscar otro suministrador… pues gajes del oficio. Del oficio de un individuo populista, narcisista, insensato, que juega con los intereses del país, con los intereses de la gente y de las empresas del país, y juega a la ruleta rusa pensando solo en su propia y desesperada situación.
Sánchez sale en Moncloa a recuperar el lema de “no a la guerra” en un monólogo para menores de edad, pensando únicamente en clave de política doméstica para movilizar a los suyos. Este pacifismo es común a cierta tradición de la izquierda: siempre en defensa de las tiranías. Bueno, una izquierda antisemita, antioccidental y todo eso. Miren, el año pasado Estados Unidos atacó Irak con la misma legalidad que ahora y Sánchez no dijo nada. ¿Por qué hace un año no dijo nada y permitió el uso de las bases y ahora nos ponemos a hacer el memo internacional?
Porque a Sánchez la legalidad internacional le importa lo mismo que los derechos humanos en Irán. Le importa un pimiento. Solo piensa en lo que le conviene a él. Si le conviniera subirse en un Falcon y bombardear Irán con Trump de copiloto, lo haría. Porque la claridad moral de Sánchez se resume en su famosa frase: hacer de la necesidad virtud. O, mejor dicho, hacer de la bronca su único medio de vida. Qué desgracia nos ha tocado con este tipo pendenciero y carente de escrúpulos.
Usted dirá: “Bueno, pero aquí lo han elegido”. Sí, sí, no ha llegado por un golpe de mano. Ha llegado con los peores, pero ha llegado. ¿Y qué ha pasado para que haya esa disensión entre la Casa Blanca y la Moncloa? Porque ayer la Casa Blanca decía: “No, España está colaborando con Washington”. Y España decía: “No”. Salió Álvarez con el azúcar subido: “No, no, nosotros no colaboramos en nada, absolutamente nada. No a la guerra”.
Porque Margarita Robles se reunió con el embajador de Estados Unidos en España. El embajador no es un diplomático experimentado: Estados Unidos suele dar determinadas embajadas a donantes de campaña. Gente con dinero, abogados, empresarios… pero sin experiencia diplomática. Con que Margarita Robles le dijera: “Hombre, claro que colaboramos, las relaciones militares son muy buenas”, el otro manda un informe diciendo que España colabora. Y luego sale Álvarez diciendo que no.
Entonces nuestro corresponsal, David Alandete, pregunta tanto al equipo de comunicación de la Casa Blanca como al Pentágono. Y las dos fuentes se reafirman en que España ha rectificado, es decir, desmienten lo que Álvarez había desmentido. O sea, un “no” que es “sí”, que luego vuelve a ser “no”. ¿Quién está mintiendo? Pues vaya usted a saber. Trump no es un dechado de coherencia. Y el otro miente, pero vamos, al médico si hace falta.
Nadie, por cierto, en Europa ha defendido la legalidad de los ataques americanos. Nadie se ha sumado a ellos, pero sí se han adoptado medidas defensivas ante las represalias de Irán. Todos los socios europeos han permitido el uso de sus bases a Estados Unidos. Solamente España se ha significado de forma desafiante. Esa es la diferencia entre ser un espectador pasivo de la operación o adoptar un papel activo en contra de la misma porque te conviene electoralmente.
¿Por qué Sánchez es el único gobernante europeo que se ha significado en esa dirección? Porque es el más irresponsable de todos. Y lo pagaremos. ¿Con qué represalias? No lo va a pagar él. Lo pagaremos nosotros, usted y yo. De momento ya avisan en Estados Unidos de dos elementos: los visados y la energía. Los visados los puede retirar Trump en cualquier momento. Ya lo ha hecho con algunos países.
La cuestión de la energía es más preocupante. Entre el 30 % y el 40 % del gas que llega a España viene de Estados Unidos y el 15 % del petróleo también. El gas que sale del Golfo Pérsico está medio cortado en el estrecho de Ormuz. Con ese gas se hace mucha electricidad. Pero luego hay más áreas donde el castigo a Sánchez se puede explicitar: las inversiones americanas en España, las empresas españolas en Estados Unidos.
Y lo más serio de todo: el intercambio de inteligencia y las transferencias de tecnología. Después de la bronca con Israel hay dos países fundamentales en tecnología militar: Israel y Estados Unidos. Y nos embroncamos con los dos por culpa de este sujeto. Hemos dinamitado nuestras relaciones con los dos principales proveedores de seguridad, de material y de inteligencia.
Así estamos. Y ya veremos qué sorpresa nos deja hoy el día, un día que demuestra que el Gobierno de España está ausente del más elemental realismo político. Todo elaborado en función exclusiva del interés personal del tipo que está en Moncloa buscando el aplauso del progre fanático. A él puede que le vaya bien, pero a la economía y a la seguridad de España le abre un agujero tremendo. Pero todo lo que sea despistar al votante de la situación personal y política de su gobierno es bueno para él.



