'FIN DE SEMANA'

Schlichting: "La lista de insultos de Quim Torra"

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Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

4 min lectura

Fascistas, aprovechados, patéticos, repulsivos, bordes, locos, maleducados, pijos, brutales, desvergonzados y expoliadores. Estos son algunos de los adjetivos que dedica a los “españoles” el candidato a president de Catalunya que hoy será votado en primera vuelta en la cámara y con mucha probabilidad ratificado el lunes.

Quim Torra ha sido elegido por Carles Puigdemont a dedo. De la misma manera que a dedo designó Artur Mas a Puigdemont y que, antes, Jordi Pujol eligió a Artur Mas. En Cataluña los cargos se heredan.

Torra es el peor de los dirigentes posibles. Un líder emocional, fanático y entregado. Es fácil de conocer, porque ha escrito bastante. Y no sólo tuits insultantes, sino numerosos artículos y varios libros. Al contrario que Carles Puigdemont, que ni siquiera hizo estudios universitarios y sólo tiene el Bachillerato, Quim Torra es abogado, adora leer, es editor y maneja con soltura a Pompeu Fabra. Y escribe esto, por ejemplo, “Mis adversarios políticos (…) son todos aquellos que no quieren que ondee la bandera catalana bien derecha, bien alta, bien sola, en la Capitanía Militar”. La suya es una causa excluyente, de la que están apeados todos los catalanes que no respiren catalanismo dogmático. Preguntado precisamente sobre la bandera de Cataluña se apunta emocionado a la estelada, la bandera de partido heredada de Frances Maciá. Dice que los catalanes deberían reservar para las ocasiones la senyera y utilizar habitualmente la estelada, la bandera de partido de estilo cubano, a la que reconoce “simbolismo masónico” y “clara significación revolucionaria”.

Y es que Quim Torra es seguidor de las ideas separatistas más expeditivas. Asiste todos los años al homenaje a los hermanos Badía, que fueran admiradores de Mussolini y protagonistas destacados del golpe de estado del 1934 en Cataluña contra la República. Los Badía, que militaban en el partido fascista “Estat Catalá” protagonizaron un atentado frustrado contra Alfonso XIII y represaliaron duramente a los anarquistas desde la Comisaría de Orden Público.

Para Quim Monzó no hay nada ya que decidir en Cataluña. Ya se ha votado la independencia en referéndum, ya hay una mandato parlamentario, ahora toca empezar el proceso constitucional. Y ayer lo explicaba en TV3, que se va a dedicar a montar un estado con tres patas. La exterior, apoyada en Carles Puigdemont, aunque no tenga mandato alguno; la interior, que piensa llevar él, y las movilizaciones callejeras.

Quim Torra nació en Blanes, Gerona, en la Costa Brava, hijo de un ingeniero. Su padre y su abuelo fueron nacionalistas. En su libro más reciente: “Los últimos 100 metros. La hoja de ruta para alcanzar la República Catalana” explica: “Hemos pasado del derecho a decidir al deber de la autodeterminación”.

Para él España oprime a Cataluña: “Nos tienen acorralados en el gueto -escribe- sin medios de comunicación, ni poder económico, ni influencia política”. Llega a decir que lo que vive su pueblo no es un problema normal, es una crisis humanitaria.

Con Torra llegamos al final de un viaje a los años 30, al romanticismo literario nouvecentista y al centro sentimental del odio. Su hoja de ruta empezará, así lo explicaba ayer, por nombrar un comité que evalúe lo que llama los daños del 155 y por disponerse a repararlos. Hay que restituir lo desmontado.

Es un día triste para España. Esta gente no sólo no entiende que cuarenta millones de personas nos sentimos en la Costa Brava o en Barcelona como en casa, es que por supuesto no reconocen el derecho a sentirse españoles de más de la mitad de los catalanes. Me pregunto qué papel les reservan.

Pero no nos engañemos, lo peor ha pasado. Ha pasado la batería de leyes que promulgó el Parlamento autonómico y que se intentó cargar el estatuto constitucional, ha pasado el referéndum ilegal en el que les dijeron a niños y a viejos que fuesen a votar, que no pasaba nada con la policía. Y ha pasado ese presidente que proclamó la independencia por televisión, en directo.

Ahora Carles Puigdemont es prófugo de la justicia y muchos de los culpables están en la cárcel. Otros esperan juicio. Quim Torra es sólo un fantasma. Una repetición de lo vivido. Y el método para hacerle frente es el que ha desarrollado el Estado de todos, el estado democrático de derecho.

Pues nada, si pillamos semejante senda habrá que volver al 155. Lo malo es el tiempo perdido, los puestos de trabajo volatilizados, la inseguridad jurídica, el desprestigio, el final de la Barcelona mítica. Y sobre todo el odio entre las dos partes. Ese enfrentamiento que asfixia la convivencia.

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