fin de semana en adamuz

Adamuz responde como un solo corazón a la tragedia del tren

La historia de cómo un pueblo entero se unió para rescatar y atender a las víctimas del accidente ferroviario deja una lección espontánea de humanidad y solidaridad

Julio y su madre Elisabeth con Cristina a la salida del funeral
00:00

ResumenJulio y su madre Elisabeth con Cristina a la salida del funeral  Adamuz

Beatriz Pérez Otín

Publicado el

3 min lectura7:14 min escucha

La noticia de un accidente de tren cerca de Adamuz corrió como la pólvora a través de los grupos de WhatsApp en la tarde del domingo. El suceso se había producido entre olivos y monte, a unos 3 o 4 kilómetros del pueblo. Sin una cabeza visible ni un liderazgo formal, los vecinos dejaron lo que estaban haciendo y salieron corriendo a ayudar, demostrando una respuesta colectiva ejemplar.

Los primeros en llegar a la zona cero

Sebastián y Gonzalo fueron dos de los primeros vecinos que llegaron al lugar del accidente. "Me encuentro el Irio, tumbado, son unas imágenes impresionantes". Según su testimonio, durante los primeros instantes solo estaban los propios vecinos ayudándose mutuamente: "En los primeros momentos no había nadie más que el pueblo con el pueblo, simplemente eso es lo que había".

En los primeros momentos no había nadie más que el pueblo con el pueblo"

Por su parte, Gonzalo consiguió llegar hasta el tren Alvia con su quad, un vehículo que le permitió acceder a zonas impracticables para otros. Con él empezó a trasladar a los primeros heridos. "Yo nunca iba vacío, siempre iba cargado de gente, hasta seis o siete personas que íbamos en el quad", ha explicado sobre cómo transportaba a los afectados en tablas rígidas hasta las ambulancias.

La lección de dos adolescentes de 16 años

La historia de Julio, de apenas 16 años, y su amigo José ha recorrido todo el país. Regresaban de pescar cuando vieron las luces de las ambulancias y, junto a la madre de Julio, Elizabeth, las siguieron. Al ver la magnitud de la catástrofe, no dudaron en ponerse a ayudar.

Julio ha contado cómo accedieron a los vagones para rescatar a los pasajeros: "En uno entramos por la ventana, que estaba sin cristales, y en otro, por un hueco que se hizo". La imagen que encontró fue desoladora. "Recuerdo todo si fuese una película, todo destrozado, todo muy roto y muy mal", ha descrito.

Recuerdo todo si fuese una película, todo destrozado, todo muy roto y muy mal"

Julio, joven de 16 años, que llegó de los primeros al Alvia para ayudar

En un gesto de pura generosidad, los dos jóvenes entregaron sus zapatillas y chaquetones a dos de las víctimas porque, según explicaron, "lo necesitaban más que nosotros". Repitieron hasta seis veces el camino entre el tren y el hospital de campaña improvisado, sosteniendo a heridos que apenas podían caminar.

Una red de humanidad en medio del caos

El pueblo entero se detuvo para dar vida a quienes tenían una segunda oportunidad. Muchos vecinos no pudieron quedarse en casa, como la hija de una de las vecinas, que le dijo a su madre: "Mamá, vente con las niñas, que yo me voy a ayudar, que yo no puedo estar aquí". Jóvenes y mayores llevaron mantas, prepararon chocolate caliente y ofrecieron un abrazo a quienes lo necesitaban.

Se improvisó un cuartel general en "La Caseta", donde se realizaba el triaje de los heridos, que llegaban desorientados. Entre ellos se encontraba Cristina, una niña de 6 años que en el accidente había perdido a sus padres, a su hermano y a su primo.

El párroco de Adamuz, Rafael Prados, fue una de las personas que la acompañó en esos primeros instantes. "Yo simplemente la vi con cara de pena, claro, y de angustia", ha contado. A pesar de que le ofrecieron batidos y chucherías, "ella, pobrecita, no levantaba la vista del suelo, solo me decía que no, que no le apetecía nada".

Los gestos de solidaridad se multiplicaron por todo el pueblo. Los propios pasajeros cedían sus camillas a otros heridos en peores condiciones. En el hogar del pensionista, Antonio Pérez llegó a moler hasta cinco kilos de café para dar una bebida caliente a los familiares de las víctimas que iban llegando. 

La tragedia se ha cobrado la vida de 45 personas. En su memoria, el obispo de Córdoba ha celebrado un funeral solemne al que han asistido unas 600 personas en el centro de convenciones de Adamuz, que sustituyó a la pequeña iglesia gótica de la localidad para poder acoger a todos los asistentes.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

Programas

Último boletín

5:00H | 23 ENE 2026 | BOLETÍN

Boletines COPE
Tracking