Mons. Jiménez, arzobispo de Zaragoza: "Volver al Pilar ha sido un gran acontecimiento"

El arzobispo de Zaragoza, mons. Vicente Jiménez relata la vuelta a la Eucaristía en sus Diócesis y analiza la situación

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 14:50

El lunes 11 de mayo se ha producido un hecho casi histórico en Zaragoza. Después de dos meses encerrados en casa por una pandemia que asola el mundo entero, volvió a celebrarse una Eucaristía pública en la Basílica del Pilar. "Fue un gran acontecimiento eclesial en la Basílica del Pilar, porque había colas inmensas, con disciplina, esperando para ver a la Virgen del Pilar".

Ese día, Aragón y su archidiócesis entraban en la fase 1, y con responsabilidad y las medidas de precaución adecuadas "fue una verdadera romaería mariana, en este tiempo de mayo donde honramos a la Virgen María", relata en El Espejo el Arzobispo de Zaragoza mons. Vicente Jiménez. Después de este acontecimiento "cada día han habido unos 2.500 fieles que han entrado en el Pilar para rezar, recibir la Eucaristía o confesarse. Y ha sido una jornada de alegría no solo en el Pilar, sino también en las distintas iglesias de la diócesis donde los sacerdotes y fieles hemos recibido con alegría y responsabilidad este paso".

Atrás queda un confinamiento duro para muchos, rodeados de noticias tristes y desoladoras. En la archidiócesis de Zaragoza se ha vivido este tiempo "entre la preoucpación y la esperanza. Al principio hubo falta de previsión y desconcierto. Lo hemos vivido con actitud de dolor ante tanta muerte. Pero también con gratitud ante tanta generosidad del personal sanitario y siempre en un clima de esperanza, porque Cristo es nuestra esperanza. La Iglesia siempre ha estado abierta y ha estado presente a través de sacerdotes que han derrochado energías para estar en contacto con sus fieles. Y sobre todo quiero resaltar a los capellanes en hospitales, tanatorios y cementerios. Hemos sido una Iglesia samaritana y solidaria, no solo en la oración o la celebración, sino tambien en la caridad".

Pero desgraciadamente este drama que ha producido el coronavirus no ha terminado: "Los retos y desafíos que tenemos como Iglesia en el futuro más inmediato es una llamada a la conversión y a la responsabilidad, ante la crisis sanitaria -que no ha terminado- y ante la crisis económica y social. La Iglesia tiene una gran responsabilidad y queremos colaborar con las instituciones públicas y ciudadanas en el bien común. Queremos acoger, promover, acompañar e integrar a los más vulnerables", explica mons Jiménez. "Entre estos, han aparecido personas vulnerables: los ancianos. Una sociedad es más humana cuando trata bien a los niños y a los ancianos. Y la Iglesia está con los ancianos para que no se sientan solos sino acompañados".

"La Iglesia es siempre sacramento de comunión y signo de paz y de unidad. Tenemos que seguir buscando lo que más nos une y evitar la confrontación. Hay que buscar la dignidad de la persona, sus derechos fundamentales y la integración de todos. La Iglesia va a tener un gran papel en la reconciliación, en la cohesión social y en la salida con esperanza a un mundo nuevo".

"Las grandes preguntas del hombre siempre afloran en estos momentos difíciles: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué sentido tiene nuestro existir? Y creo que es bueno, porque va a yudar a creer, y a crecer en la fe. Hoy esta crisis nos va a obligar a volver a lo esencial y a lo profundo. Tenemos que saber para qué vivimos y por qué estamos aquí. La Iglesia tiene, desde el Evangeio, las respuestas a esas preguntas".

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