EN 'EL ESPEJO'

Los cortes en su cara y brazos y su cojera dicen: "¡Quiero ser santo!"

El joven Lamín, de Sierra Leona, ha sufrido cortes físicos y espirituales. Tras el encuentro con un sacerdote, su vida ha cambiado: quiere ser santo. 

Lamín recibió estos cortes en la cara, la cabeza y los brazos con un machete por robar

Lamín recibió estos cortes en la cara, la cabeza y los brazos con un machete por robar 

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Director Editorial COPE

Tiempo de lectura: 1' Actualizado 14:01

Hoy contamos una historia de redención que nos llega desde Sierra Leona, donde trabaja el salesiano Jorge Crisafulli. Es la historia de Lamín, un joven de 21 años que ha vivido desde pequeño en las calles de Freetown, donde aprendió a sobrevivir usando su astucia y su fuerza.

En su columna “Desde la Misión”, publicada hoy en Alfa y Omega, Jorge Crisafulli nos cuenta que Lamín probó de todo en esa época: alcohol, marihuana, cocaína y sexo con prostitutas. Estuvo dos años en la prisión de Pademba por un robo y cuando salió se acercó al centro Don Bosco Fambul para pedir ayuda, pero la calle pudo más que él y volvió a robar. Cuando lo detuvieron, lo marcaron como es la costumbre en Sierra Leona: le hicieron varios cortes con un machete en la cara, en la cabeza y en los brazos y, para que cojeara de por vida, le seccionaron el tendón de Aquiles. Fue entonces cuando tocó fondo y comenzó su rehabilitación y su sanación.

Hace unos días Lamín le dijo al Padre Jorge que le preocupaban sus cicatrices porque le recuerdan continuamente su pasado de ignominia y vergüenza. El misionero salesiano le respondió que en esas cicatrices está su gloria, porque muestran, junto a su capacidad de rehabilitación, que siempre existen segundas oportunidades en la vida y que no importa lo bajo que hayas caído. De hecho Lamín está terminando Secundaria y quiere estudiar Trabajo Social para ayudar a los chicos de la calle en el futuro.

Lo más sorprendente es que al final de la conversación, Lamín le dijo al misionero: “¡Quiero ser santo!”. El P. Jorge se quedó estremecido, comprendiendo que un santo es un pecador que se levanta con la ayuda de Dios, y lo sigue intentando. Y recordó una vez más que Jesús no vino a buscar a los justos, sino a los pecadores.

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