Así se vive en un pueblo de 60 personas en Navarra: "No me veo viviendo en la capital"

Gallipienzo resiste a la despoblación con un fuerte arraigo vecinal, servicios ambulantes y la tranquilidad del campo como principal atractivo

FOTO: Ayuntamiento de Gallipienzo
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Así es la vida en un pueblo de 60 habitantes, Gallipienzo

Luis Echenique

Pamplona - Publicado el

2 min lectura5:44 min escucha

Gallipienzo, en Navarra, es uno de esos pueblos que lucha contra la despoblación. Con unos 100 vecinos empadronados, su población real en invierno se reduce a unas 60 o 70 personas. Rubén Mateo, agricultor y vecino, describe en COPE Navarra cómo es el día a día en esta localidad que, a pesar de las dificultades, presume de un fuerte arraigo y una calidad de vida única.

Servicios a domicilio y vida en comunidad

En Gallipienzo, la falta de comercios fijos se suple con una red de venta ambulante. "Pan tenemos todos los días", explica Mateo. Además, "un pescatero viene un día a la semana" y la fruta llega otro día. Para todo lo demás, "hay que salir afuera", lo que hace imprescindible depender de "un vehículo". Incluso un peluquero visita el pueblo cada 15 días o una vez al mes, "según la demanda que haya".

La convivencia entre los pocos residentes es fundamental. "En los pueblos al final somos todos vecinos, te conoces todo el mundo", comenta Rubén Mateo, quien asegura que existe "una buena armonía, más o menos, entre todos los vecinos".

Un fuerte arraigo que atrae a los jóvenes

A diferencia de lo que ocurre en otros lugares, la gente joven de Gallipienzo mantiene un fuerte vínculo con su origen. Según Mateo, la gente es "muy arraigada al pueblo". Aunque estudien en Pamplona, "en cuanto tienen un día libre o lo que sea, les tira mucho" regresar. Este apego es tal que aprovechan hasta el último momento su estancia.

Aquí aún aguantan hasta el lunes, que les gusta mucho el pueblo"

Rubén Mateo 

Esta implicación se refleja en la organización de las fiestas patronales en julio. Es una "cuadrillita muy maja" de jóvenes la que se encarga de la comisión, una responsabilidad que "va pasando de generación en generación". Para Mateo, la participación es clave: "Al final luego te involucras o, si no, en los pueblos no, pues no hay nada".

La tranquilidad y la naturaleza como forma de vida

Gallipienzo se divide en dos cascos, el antiguo y el nuevo, este último construido porque "arriba era la vida muy difícil". Pero su mayor atractivo reside en su entorno natural: el río, el paisaje y el silencio. "El silencio es inevitable", afirma Mateo, que describe el gran valle que rodea el pueblo como un espacio dominado por "agricultura o animales, es todo fauna".

Rubén Mateo, que es agricultor, personifica este amor por el campo. "Mi pasión es el campo", declara. Su conexión con el pueblo es tan profunda que no se imagina en otro lugar. Tras vivir un tiempo en Sangüesa, regresó en cuanto pudo. Para él, mudarse a una ciudad es "inviable". "Yo necesito esta tranquilidad y el saber estar en un pueblo", concluye.

Yo, por ejemplo, no viviría en otro sitio"

Rubén Mateo

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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