El paisaje sigue negro en Chandrexa de Queixa (Ourense): "El incendio no terminó. Las llamas se apagaron pero las consecuencias siguen"
Seis meses después de los incendios de agosto, los vecinos de las aldeas arrasadas por el fuego luchan por reconstruir sus vidas entre la lenta burocracia y un entorno que todavía no se ha recuperado

Juan Maceiras visita Chandrexa de Queixa seis meses después de los incendios
Ourense - Publicado el
3 min lectura7:44 min escucha
Han pasado seis meses desde que las llamas arrasaran los montes de Chandrexa de Queixa y Manzaneda, en Ourense. Medio año después, el periodista Juan Maceiras de COPE Ourense, ha regresado a la zona para comprobar la situación. El panorama combina la nieve en la cima de la estación de esquí de Manzaneda con el negro de los montes quemados, donde tímidos brotes verdes comienzan a aparecer junto a las ruinas de las casas arrasadas, como las de la aldea de Cova.

El paisaje en Chandrexa de Queixa (Ourense), seis meses después del incendio
El fuego dejó historias de pérdidas irreparables, como la de Aurelio, un ganadero que vio cómo las llamas devoraban su granja. Murieron sus terneros y dos perros mastines. El incendio, según relata, fue "criminal". "Estábamos en la sierra y en horas llegó al pueblo. Fue bestial, bestial, bestial. No nos dio tiempo a quitar el ganado, no nos dio tiempo a hacer un cortafuegos, no nos dio tiempo a hacer nada", lamenta Aurelio.
Durante la catástrofe, muchos vecinos tuvieron que ser desalojados de sus casas. Un hotel de la zona alojó a familias con niños que no tenían dónde dormir. Fueron momentos de gran incertidumbre y angustia. "Estuvimos hasta la mañana siguiente a ver qué pasaba. Y, bueno, ya luego se vio lo que había pasado y todo quemado, pueblos casi", recuerda el propietario.
La lenta reconstrucción y la burocracia
Isa, propietaria de una pensión en la zona, confirma que, aunque las llamas se apagaron, "el incendio no remató". Ahora persisten las consecuencias económicas y una profunda tristeza. "Sentí una tristeza en el estómago que no sabía que existía", confiesa. Para ella, ahora toca reconstruir y solicita que las ayudas "no sean tan tediosas, que no haya esos plazos tan cortos, que faciliten las cosas para seguir".

Isa, con Juan Maceiras
La solidaridad vecinal ha sido clave frente a la lentitud administrativa. Según explica Isa, "la nave de Aurelio se levantó con la ayuda de los vecinos, no de la administración, porque estuvo David dando vueltas y vueltas y vueltas". Pide que un responsable de la administración visite la zona para entender las necesidades reales de la gente, más allá de simplemente "mandar dinero".
Un rastro de desastre ecológico
El entorno natural también sufre las secuelas. Se han destruido muchísimos pinos y castaños, una de las riquezas de la zona. Actualmente, se están talando los árboles quemados porque no pueden permanecer en el monte. Además, las lluvias intensas de los últimos meses, al no haber vegetación que sujete la tierra, "arrasan con todo" y provocan que el agua baje turbia, afectando al suministro.

Tímidos brotes verdes en Chandrexa de Queixa tras el incendio
La unión de los vecinos como defensa
En medio del desastre, surgió una potente unión intergeneracional. "La gente nueva, que dicen que son de cristal, se echaron como lobos a apagar el humo", destaca Isa. Al mismo tiempo, "la gente mayor se iba a defender su patrimonio, sus casas, sus fincas". En esos momentos, asegura, no hubo rencillas y todo el mundo formó un "frente común para defender la aldea y para estar todos juntos".

Isa habla en COPE Ourense seis meses después del incendio en Cova
Isa concluye con una reflexión fundamental: "Yo pienso que la clave está en la prevención de los incendios". Propone, finalmente, crear un espacio de diálogo entre los afectados y la administración "no a modo de reproche, sino a modo de solución" para analizar lo que realmente hace falta y evitar que una catástrofe así se repita.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




