Nace la primera 'Universidad de la Botifarra' para evitar la desaparición del popular juego de cartas

Esta curiosa iniciativa surgida en Centelles (Barcelona) busca preservar la tradición de este juego de naipes y atraer a los jóvenes ante la falta de relevo generacional

Baraja de cartas catalanas

GRUP EL PUNT

Baraja de cartas catalanas

Yolanda Canales

Barcelona - Publicado el

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Lo que empezó como una idea casi improvisada en el casino de un pueblo ha acabado por convertirse en un proyecto pionero para la salvaguarda de un patrimonio cultural inmaterial. Ha nacido en Centelles (Barcelona) la Universitat de la Butifarra, una iniciativa que busca proteger y transmitir el conocimiento del popular juego de cartas catalán del mismo nombre. Su objetivo es claro: asegurar el relevo generacional y evitar que la tradición caiga en el olvido, amenazada por la competencia de las pantallas y la falta de nuevos jugadores.

El impulsor de esta singular universidad es Jordi Armengol, actual secretario de la misma. Según explica, la propuesta surgió de una conversación informal con la junta del casino. "Les dije: 'Si alguno de vosotros tiene ganas de enseñar, no dudéis en decírmelo y creamos la Universitat de la Butifarra'", relata Armengol. La acogida fue positiva, motivada por una preocupación compartida: la dificultad de encontrar gente joven que sepa jugar. "Hay un problema cuando vas a muchos sitios y ves que los jóvenes no te explican cómo se juega", añade.

Una tradición en peligro

La percepción de que la butifarra es un juego de personas mayores es uno de los principales retos. Joan Ros, un jugador veterano, recuerda con nostalgia una época en la que este juego de naipes era el centro de la vida social en los pueblos. "Vengo de una tradición de familia y, sobre todo, de pueblo. En un lugar de 1.000 habitantes, en una tarde de invierno, la única tele que había era en el bar, en blanco y negro", rememora. El juego era la principal forma de entretenimiento y socialización, una costumbre que se aprendía casi por inercia y se practicaba durante años.

Varios pensionistas jugando a "La Botifarra" en un parque

Varios pensionistas jugando a "La Botifarra" en un parque

Hoy, el panorama es muy diferente. Ros lamenta la falta de relevo y la dura competencia de los videojuegos y otras formas de ocio digital. "El último recuerdo que tengo de universitarios jugando era con compañeros de entre 40 y 50 años. A partir de cierto momento, la tecnología surgió y el juego se fue dejando de lado", explica. Esta realidad es la que ha encendido las alarmas y ha impulsado proyectos como el de Centelles, que ven urgente actuar para que la cadena de transmisión no se rompa definitivamente.

Más que un juego: un gimnasio para la mente

Quienes lo practican defienden que la butifarra es mucho más que un simple pasatiempo. Joan Ros lo define como un potente ejercicio para el cerebro, destacando sus beneficios a nivel cognitivo. "No es solo diversión, sino que además estimula el cerebro. Es como si fuera un taller de memoria", afirma con rotundidad. Esta característica, la de ser un estímulo para la memoria y la estrategia, es uno de los argumentos que esgrimen sus defensores para atraer a nuevos adeptos, presentándolo no solo como ocio, sino también como una forma de mantener la mente activa.

Para ser un buen jugador, según Ros, no se requieren habilidades especiales, pero sí tres elementos clave: conocer bien las normas, tener una buena compenetración con la pareja de juego y, por supuesto, "que las cartas acompañen". La suerte es un factor, pero la estrategia y la comunicación con el compañero son fundamentales para ganar la partida. Estos son los conocimientos que ahora se imparten de manera estructurada en las aulas de esta nueva universidad.

Abriendo el juego a nuevos públicos

Para garantizar su supervivencia, la Universitat de la Butifarra está diversificando su alumnado. Uno de los pasos más significativos ha sido la apertura de cursos dirigidos específicamente a mujeres. Tradicionalmente, este ha sido un juego con una presencia mayoritariamente masculina, y la iniciativa busca romper esta barrera. "Antes solo jugaban hombres y ahora vienen muchas mujeres. Es importantísimo que las mujeres también se impliquen en el juego y entiendan que es algo nuestro, que no podemos perder", subraya Ross.

La estrategia más ambiciosa de la entidad mira directamente al futuro. Joan Ros ha anunciado una noticia que consideran clave para el proyecto: "Antes de acabar el curso iremos al instituto a dar clases durante unos cuantos días a los alumnos de primero de la ESO". Esta incursión en los centros educativos es la gran esperanza para enganchar a los más jóvenes, de entre 12 y 13 años, y plantar la semilla para una nueva generación de jugadores. "A ver qué aceptación tendremos", concluye expectante.

Las clases, que se imparten los sábados, están diseñadas para ser accesibles. Consisten en sesiones de tres a cuatro horas que combinan una explicación teórica inicial, apoyada en un tríptico con las normas simplificadas, con la práctica directa a través de partidas. Aunque la mayoría de los asistentes actuales superan los 40 años, la esperanza de todos los implicados es que, con estas nuevas acciones, las aulas comiencen a llenarse pronto de rostros jóvenes, asegurando que la butifarra se siga cantando en Cataluña durante muchos años más.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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