El misterioso caso de la desaparación de los hermanos Orrit revive 38 años después con un testigo tardío y un misterio por resolver

La familia de Isidre y Dolors, desaparecidos de un hospital de Manresa en 1988, sigue luchando contra la inacción judicial y pide ayuda para encontrarlos

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Isidres y Dolors Orrit desaparecidos en 1988 en el Hospital de Manresa 

Montse Rodríguez

Barcelona - Publicado el

4 min lectura17:04 min escucha

Casi 38 años han pasado desde la misteriosa desaparición de los hermanos Dolors y Isidre Orrit, de 17 y 5 años, del Hospital Sant Joan de Déu de Manresa. A día de hoy, su familia sigue buscando respuestas y mantiene viva la esperanza de saber qué ocurrió la noche del 4 al 5 de septiembre de 1988. Carmen Orrit, hermana de los desaparecidos, relata una historia marcada por la presunta negligencia de las instituciones, la aparición de un testigo clave tres décadas después y una lucha incansable por la verdad.

Una noche de septiembre de 1988

El pequeño Isidre había sido ingresado por una reacción alérgica a la penicilina que le habían recetado para unas anginas. Su hermana mayor, Dolors, se turnaba con otros familiares para cuidarlo en el centro hospitalario. "A las diez de la noche los cambiaron de habitación y a las doce de la noche dicen que es la última vez que los vieron", explica Carmen. A la mañana siguiente, la policía se presentó en el domicilio familiar para preguntar por el paradero de los niños, que ya no estaban en el hospital.

La respuesta inicial de las autoridades del centro fue desconcertante. Según Carmen, nadie quiso recibirlos personalmente. El médico que ordenó el ingreso se marchaba de vacaciones a Turquía ese mismo día, mientras que el director del hospital,  se limitó a decir a través de una enfermera que el centro "no es una cárcel y que aquí puede entrar y salir quien quiera".

Una investigación llena de trabas

La investigación policial tampoco comenzó con buen pie. La familia denuncia que en un primer momento se trató el caso como una "marcha voluntaria", desestimando la búsqueda activa durante las primeras 48 a 72 horas. La hipótesis de un secuestro fue descartada por ser una familia humilde de 15 hermanos cuyo padre había fallecido recientemente. No fue hasta dos semanas después cuando los perros de la Guardia Civil marcaron un rastro desde la habitación hasta la puerta de urgencias, pero para entonces ya era demasiado tarde.

Al caso se sumaron pistas falsas, como unas gafas encontradas en la mesita de noche que no pertenecían a Dolors, a pesar de que ella tenía una alta graduación de miopía y astigmatismo. Años después, un análisis de ADN confirmó que no eran suyas. La familia también fue víctima de un detective que, según Carmen, les cobró grandes sumas de dinero y desvió la atención hacia la familia paterna, una hipótesis que la policía ya había descartado.

Un testigo clave 30 años después

Tres décadas más tarde, un hombre contactó con la familia a raíz de un programa de televisión. Aseguró que en 1988, cuando tenía 13 años, fue testigo de cómo se llevaban a los niños y que no había hablado antes por miedo. Según su relato, vio a una persona vestida de médico bajar a Dolors en una silla de ruedas y a Isidre en brazos hasta la zona del mortuorio. Siguió los llantos de los niños y observó cómo les ponían una inyección, los colocaban en una camilla y los cubrían con una sábana.

A pesar de la trascendencia del testimonio, la justicia no ha actuado. "Los Mossos no pueden tomar declaración si no lo ordena un juez, y el juez dijo que como está prescrito el delito, pues que no daba permiso", lamenta Carmen. El caso fue catalogado en su día como rapto e inducción a la fuga, delitos que prescribieron a los 20 años. Para la familia, es "totalmente injusto que no se haya ni siquiera intentado verificar o desmentir lo que dice el chico este".

La esperanza es que se pueda saber algún día y, sobre todo, si pudiera ser, encontrarlos vivos"

Carme Orrit, hermana de los desaparecidos 

Hoy, Dolors tendría casi 55 años e Isidre, 42. La familia ha explorado todas las vías, incluidas las redes sociales y la producción de un documental que incluye una simulación con inteligencia artificial de su posible aspecto actual. Carmen ha canalizado su dolor en activismo y ha cofundado la asociación AFADES para ayudar a otras familias. "La esperanza es que se pueda saber algún día y, sobre todo, si pudiera ser, encontrarlos vivos", afirma.

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Reunión de familiares de desaparecidos en Barcelona 

Carmen hace un llamamiento a la colaboración ciudadana a través del correo de la asociación, afadesbarcelona@gmail.com,. "Anónimamente se puede decir y no pasará nada. Mi madre, que ya ha cumplido 86 años, y los hermanos también tenemos derecho a que si alguien sabe algo, que lo diga. Queremos saber", concluye.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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