La resolución del toque de queda genera reacciones dispares en Calonge, Palamós y Palafrugell

El Procicat ha rebajado a 125 casos por cada 100.000 habitantes el criterio para aplicar el confinamiento nocturno

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El alcalde de Sant Antoni de Calonge, Jordi Soler

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

6 min lectura

La nueva resolución emitida por el Procicat, que rebaja a 125 casos por cada 100.000 habitantes el criterio para aplicar el confinamiento nocturno, no ha causado indiferencia en diversos municipios de la Costa Brava. Municipios que, en las últimas semanas, están haciendo frente a botellones y fiestas ilegales que derivan en enfrentamientos con la policía y en quejas de los vecinos por no poder descansar.

La reacción más contundente ha sido la del alcalde de Sant Antoni de Calonge, Jordi Soler, que confesó sentir una mezcla de "frustración, indignación y enfado" por quedar fuera de los requisitos para aplicar el toque de queda a pesar de los incidentes acaecidos en los últimos días. El último, de hecho, ha tenido lugar esta madrugada cuando la Policía Local ha intervenido en una fiesta 'rave' que ha congregado a 200 jóvenes en la urbanización Vescomtat de Cabanyes, situada en la carretera que conecta Calonge con Romanyà de la Selva.

En este sentido, Soler ha invitado a los representantes del Govern a vivir in situ la problemática que vive el municipio. "Lugar [para quedarse] encontrarán porque la gente se va y deja habitaciones y apartamentos libres. Así verán a realidad del pueblo y el verano que están sufriendo, no solo los vecinos, sino los que nos visitan". Un pueblo que, solo en el pasado fin de semana, vio como la policía tuvo que disolver hasta 35 botellones.

Ayer, antes de emitirse la nueva resolución del toque de queda, el propio Soler habló con Interior y miembros del Govern. Según el alcalde, todos coincidieron "en un diagnóstico" que no se ha acabado trasladado a la realidad. "No ha habido suficiente con demandas, peticiones, exigencias y súplicas reiteradas; nos tendremos que aguantar y hacer lo que podamos, pero seguro que este no será el mejor verano de nuestras vidas", lamentó.

Detalles de la 'rave'

La casa de la urbanización Vescomtat de Cabanyes había sido alquilada por un grupo de jóvenes a través de la plataforma Airbnb. Alrededor de las seis de la madrugada, tras las protestas de los vecinos, la Policía Local acudió al lugar de los hechos y se encontró una hilera llena de coches, con hasta 200 personas participando en la 'rave'.

Según han informado las autoridades, los jóvenes han destrozado la vajilla de la casa y también se han llevado cuadros. En este sentido, los agentes han levantado una acta y han denunciado el responsable que había alquilado la casa.

Sin embargo, la versión de la policía contrasta con la de los jóvenes. Uno de los que participó en la fiesta niega que se tratara de una 'rave' y lo reduce a una fiesta entre amigos. Una fiesta en la que, "como mucho", había 40 personas, en lugar de las 200 que comunica la policía. Tampoco concede los destrozos que les imputan los agentes, replicando que solo han roto una hamaca y algunos vasos.

En relación con los destrozos, el joven afirma que han llegado a un acuerdo con la empresa de alquiler y que, aunque les han cancelado la reserva una semana y media antes, les devolverán el dinero por los días que restaban. Eso sí, descontando el importe por los desperfectos ocasionados.

Por otro lado, reconoce que se produjo un efecto llamada cuando volvían de una discoteca y que, en un momento de la noche, la situación se descontroló. De ese modo, explica que se llegaron a concentrar un centenar de personas, desplazadas a pie y en coche, pero impidieron que todos ellos entraran en la finca.

Incertidumbre en Palamós

Si en Calonge la indignación es palpable, en Palamós todavía están pendientes de saber si el toque de queda seguirá vigente. El municipio está a la espera, esta semana, de que el TSJC avale o no la nueva resolución del Procicat. De avalarla, el alcalde de Palamós, Lluís Puig, admite que los pondrá "en alerta", sobre todo tras los incidentes que han tenido lugar en la localidad vecina de Calonge.

"Intentaremos evitar las grandes concentraciones; no podremos evitar que la gente circule a partir de la una de la noche, pero apelamos al sentido común", confia Puig. Pero, al mismo tiempo, reconoce que con los recursos disponibles, haciendo referencia a la Policía Local, no será suficiente para actuar si se da el caso. De hecho, pide "una colaboración especial de los Mossos d'Esquadra", dado que este cuerpo también sabe cómo actuar en caso de grandes concentraciones. Puig también tiene pensado hablar con el alcalde de Calonge para coordinarse a la hora de hacer frente a los botellones.

"Por un lado, salir del toque de queda nos indica que los datos de contagio mejoran y eso es bueno; pero por otra, tomaremos medidas para evitar grandes concentraciones donde se beba alcohol en la calle", afirma sobre esta paradoja, y añade: "Lo que hace falta es que la gente sepa que no podrá venir a consumir".

En última instancia, Puig considera que el Procicat, a la hora de decidir el nuevo listado de 148 municipios donde se aplica el confinamiento, también se ha visto "presionado" porque el TSJC aplica criterios objetivos a la hora de validarlo, como el índice de contagios. En este sentido, ve "lógico" que se trate a todos los municipios "de la misma manera", pero ha insistido en su mensaje sobre los Mossos: "Es necesario su apoyo para reforzar las poblaciones que no tienen toque de queda".

Alivio parcial en Palafrugell

De la indignación en Calonge y la incertidumbre en Palamós, al relativo respiro en Palafrugell. En las dos últimas semanas no ha tenido toque de queda, pero ahora se volverá a aplicar el confinamiento nocturno. Su alcalde, Josep Piferrer, celebra de forma contenida la medida. Por un lado, los datos epidemiológicos han subido y sitúan el índice de contagio en 150. Por el otro, abraza el toque de queda porque dará "herramientas" a la Policía Local y a los Mossos para realizar "una vigilancia más puntual y evitar concentraciones como las que tenemos por las noches".

De hecho, Palafrugell guarda un buen recuerdo de esta medida. Piferrer considera que permitirá volver a las cifras que tenían en julio, cuando se consiguió una "bajada espectacular" gracias al toque de queda. "Si no se aplicara ahora, que tenemos el índice demasiado alto, acabaríamos el agosto con 300", concede.

El alcalde ha querido ser muy cauteloso a la hora de establecer una relación de causa-efecto entre los botellones con grandes concentraciones y el empeoramiento de los datos epidemiológicos. Pero reconoce que tiene que haber alguna vinculación. "Si en julio fuimos capaces de hacer una bajada tan espectacular y ahora sin toque de queda, no solo no bajamos sino que subimos, creemos que algo tiene que ver", reflexiona.

Una de las problemáticas más recurrentes en esta zona costera es que los incidentes se trasladen de una población con toque de queda a otra que no contempla esta medida. En este sentido, Piferrer lamenta que no está en sus "manos" resolver este rompecabezas, pero que no estarán satisfechos si en Palafrugell disminuyen los incidentes y, en cambio, aumentan en otras localidades. De hecho, la presión policial en este municipio ha desplazado los botellones a poblaciones vecinas como Regencós o Mont-ras.

El toque nocturno no es la panacea

Lloret de Mar (Selva) es el ejemplo de que tener confinamiento nocturno no es garantía de ahorrarse problemas. La pasada noche, los Mossos disolvieron unas 500 personas a la salida de distintos locales de ocio nocturno por no respetar la medida.

A propósito de este episodio, la policía recuerda que conductas como esta pueden acarrear sanciones, pero insiste en que lo más grave "es el peligro que generan".

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