De Alemania a La Mancha: el encaje de bolillos, un arte centenario con un futuro abierto a todos. "Quien lo prueba, se engancha"
Esta técnica de encaje textil, que fue el motor económico de muchas familias del Campo de Calatrava, se mantiene viva gracias al empeño de maestras y alumnas "de todas las edades"

Nieves Chaves, profesora de encaje de bolillos en Almagro
Ciudad Real - Publicado el
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En el Campo de Calatrava (Ciudad Real) la historia se teje con hilo y madera, los elementos indispensables con los que se crea el encaje de bolillos.
Una labor textil que se transmitido de generación en generación, convirtiéndose en una seña de identidad en muchos rincones de España, y muy especialmente en esta zona de la provincia, donde llegó a convertirse en una fuente de ingresos, de comunidad y de orgullo.
Para entender mejor esta tradición, su técnica, su pasado y su presente, hemos hablado en COPE con Nieves Chaves, una maestra encajera que mantiene viva esta herencia impartiendo clases en el Museo del Encaje y la Blonda de Almagro.
Una técnica centenaria
Para alguien que nunca lo ha visto, el proceso de crear el encaje con bolillos resulta casi mágico.
Chaves, que aprendió el arte de su madre y su abuela, explica que los visitantes del Museo "se quedan alucinando cuando ven cómo cruzamos los bolillos, los hilos".
La clave, según la maestra, está en la práctica, pues "esto solo lo ve fácil quien ya tiene bastante práctica".

Encaje de bolillos
Los materiales esenciales no han cambiado con el tiempo: una almohadilla, los bolillos de madera donde se enrolla el hilo, alfileres y, sobre todo, el picado, la plantilla que sirve como mapa para crear el diseño.
"Para nosotros es esencial el picado, la plantilla por lo que nos regimos", detalla Chaves.

La técnica del encaje de bolillos explicado por Nieves Chaves
De Alemania a motor económico de La Mancha
La historia del encaje en Almagro se remonta al año 1.600, cuando los Fugger (populamente conocidos como los Fúcares), una familia de banqueros alemanes, introdujeron las primeras puntillas de máquina.
Sin embargo, la genialidad local fue adaptar esa técnica a un proceso manual, "que tendría muchísimo más valor", señala Nieves.
Así, el encaje se convirtió en una fuente de ingresos vital para la empobrecida economía de la época.
Las mujeres tejían metros y metros de encaje en sus casas, un trabajo que se transmitió de generación en generación.

Encajeras de Almagro de antaño
De hecho, se valora enormemente el legado antiguo, y actualmente se intentan recuperar los patrones de antaño.
"Tratamos de recuperarlos para hacerle copias, porque son preciosos y los que más duran", afirma la profesora.
Le damos muchísimo más valor los picados antiguos, son muchísimo más bonitos y más resistentes"
maestra encajera
Un futuro abierto a todos
Lejos de ser un arte en extinción, el encaje de bolillos vive un momento de renovado interés.
Nieves Chaves tiene cerca de 40 alumnas repartidas en tres grupos, con un rango de edad que sorprende: desde niños de 10 años hasta una mujer de 90 que sigue aprendiendo nuevas técnicas.
La maestra asegura que su objetivo es transmitir que el encaje "relaja y gusta cada vez más".
Aunque las clases de adultos están compuestas mayoritariamente por mujeres, los cursos de verano infantiles atraen a niños y niñas por igual.
Incluso un niño, Ares, ha continuado durante el curso regular, demostrando que la pasión por los bolillos no entiende de género.
A esto se suman los multitudinarios encuentros de encajeras que se celebran por toda la provincia, garantizando que este arte "tan hermoso que tanto sorprende" tenga un futuro prometedor.

La pasión por el encaje de bolillos no entiende de edad ni de género
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