Jaca desvela la sorprendente y olvidada historia de sus prisiones medievales

Un viaje por las antiguas cárceles de la ciudad, revelando un sistema donde el denunciante pagaba la estancia del preso y las familias le llevaban la comida

MURALLA NORTE
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HERRERA EN COPE EN JACA

Juan Carlos Moreno, asociación Sancho Ramírez

Paola Bandrés

Jaca - Publicado el

2 min lectura10:02 min escucha

La historia penitenciaria de Jaca es más compleja y dispersa de lo que comúnmente se cree. Antes de que la Torre de la Cárcel se convirtiera en el icónico centro de reclusión, la ciudad albergó prisiones en diversas y sorprendentes ubicaciones. Un recorrido histórico de la mano de Juan Carlos Moreno, de la asociación Sancho Ramírez, desvela este pasado oculto.

El viaje comienza en el siglo XIII. Hacia el año 1220, la cárcel civil de Jaca se encontraba en lo que fue un antiguo palacio real, actualmente las Benitas. Décadas más tarde, en 1290, los registros confirman que los denunciantes tenían la obligación de pagar la estancia de aquellos a quienes acusaban, un sistema que garantizaba el sustento del reo mientras cumplía su pena.

Cárceles para cada comunidad

El siglo XIV trae consigo un nuevo descubrimiento: una cárcel específica para la comunidad judía, situada dentro de su propio barrio. Según explica Moreno, esta disposición del rey Jaime II no era casual, sino que buscaba facilitar que los familiares pudieran atender a los presos, llevándoles comida y otros enseres, ya que las prisiones carecían de los servicios actuales.

Inseguridad y fugas en la muralla

Con la llegada del siglo XV, la prisión se traslada de nuevo. Desde 1407, se ubica en la torre de la Puerta de San Pedro, una de las entradas principales a la ciudad amurallada. Este lugar, cercano a la 'picota' donde se exhibía a los ajusticiados, era un punto estratégico, pero no exento de problemas de seguridad que se hicieron evidentes con el tiempo.

En 1486, la situación se volvió crítica. El lugarteniente de Baile, Martín Abarca, solicitó guardias nocturnos para vigilar a los presos, pero el Justicia de Jaca, Juan de Arto, denegó la petición por falta de presupuesto. La respuesta que recibió Abarca fue contundente y reveladora de la precariedad del sistema: "que lo supla con su celo".

Esta falta de vigilancia provocaba constantes problemas, incluidas las fugas de presos, que podían escapar con más facilidad al estar junto a una de las salidas de la muralla. Como consecuencia, los jurados de la ciudad comenzaron a valorar la compra de la Torre del Merino, un monolito vertical y fácilmente defendible, como una solución definitiva para albergar la prisión.

El germen del Ayuntamiento como prisión

Sin embargo, el traslado a la Torre del Merino no fue inmediato. En ese mismo año, 1486, los jurados optaron por comprar el caserón de Martín Abarca, que se convertiría en el germen de las futuras 'casas de la ciudad', el antecedente del actual Ayuntamiento. Este edificio fue el siguiente destino de la prisión municipal.

Finalmente, en 1488, la 'cárcel del común' se trasladó oficialmente a estas nuevas dependencias municipales. La historia documenta incluso el nombre del primer carcelero de la ciudad en esta nueva ubicación, Antonio de Sarasa. La Torre de la Cárcel, como es conocida hoy, todavía tendría que esperar para asumir el papel por el que pasaría a la historia.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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