Alfonso Hidalgo, ceramista: "Vendo una vajilla por 50.000 euros, pero gano 2.000 porque es el trabajo de tres o cuatro personas durante un año"
El alfarero de Úbeda, sexta generación de artesanos, desvela los sacrificios de un oficio donde la tradición lucha contra la burocracia y la industrialización

Alfonso Hidalgo, ceramista
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Alfonso Hidalgo, de Úbeda (Jaén), representa a la sexta generación de una familia de alfareros con raíces documentadas desde 1846. Aunque inicialmente intentó seguir un camino distinto al empezar la carrera de Ingeniería de la Edificación, pronto comprendió que su verdadera vocación era el barro. "Esto no va conmigo, si a mí me gusta el barro", ha confesado Hidalgo en una entrevista para el podcast BeAgro, al rememorar el momento en que decidió abandonar los estudios y dedicarse profesionalmente a la cerámica.
Innovar desde la tradición
Ser parte de un linaje tan largo ha supuesto tanto un orgullo como una presión. Hidalgo explica que, al inicio de su carrera, mucha gente pensaba que tomaba el "camino fácil", pero en realidad era "el camino difícil". El legado de su padre, un alfarero de referencia, suponía un listón muy alto y el reto de estar a la altura mientras forjaba su propia identidad en el oficio.
Su punto de inflexión llegó durante sus estudios de cerámica artística, donde descubrió un mundo más allá de la cerámica tradicional verde de Úbeda y el barro rojo que conocía de toda la vida. Decidió explorar técnicas contemporáneas, trabajando con nuevos materiales como el barro blanco, el gres y la porcelana, y empleando cocciones de alta temperatura de hasta 1.300 ºC. Este método, aunque mucho más costoso —"hasta cinco veces más cara la cocción", según detalla—, produce piezas de una dureza y acabados únicos, muy apreciadas en la alta restauración.
Lo que se va a perder es el oficio"

Almacén de Cerámica del Nalón
Hidalgo alerta de una paradoja en la tendencia actual: mientras la cerámica está de moda y mucha gente se acerca a ella como hobby, el oficio tradicional en sí mismo está en peligro de desaparición. "Ahora es verdad que la cerámica está muy de moda y todo el mundo va y se hace su tacita en el taller", comenta el artesano, pero matiza: "Lo que se va a perder es el oficio". Se refiere a ese conocimiento profundo que se adquiere con años de dedicación y que define al verdadero maestro, una sabiduría cada vez más escasa en un mundo que a menudo prioriza la inmediatez sobre la experiencia.
Del taller de Úbeda a las mesas del mundo
La calidad y singularidad de su trabajo le han abierto las puertas del mercado internacional, siendo sus principales clientes extranjeros. Un hito fundamental fue la colaboración con una potente cadena de restaurantes con sedes en Londres, Miami y Qatar, que comenzó al descubrir su obra en una feria en Almería. Esta alianza le ha llevado a producir a mano cerca de 50.000 platos, un reto mayúsculo que ha supuesto incontables horas de trabajo.
En Miami se habla de ti"
Su reconocimiento internacional le ha dejado momentos surrealistas para un artesano arraigado en un pueblo de Jaén. Recuerda con gracia la vez que recibió una consulta desde Boston y, al preguntar cómo le habían conocido, le respondieron con un inesperado: "En Miami se habla de ti". "Yo no sé ni pronunciar Miami", bromea Hidalgo, ilustrando la sorpresa que supone ver cómo su trabajo traspasa fronteras hasta llegar a restaurantes con estrella Michelin.

Producción cerámica
La cruda realidad de emprender
Sin embargo, detrás del éxito internacional y los grandes pedidos se esconde una dura realidad económica. Hidalgo desmonta el mito del artesano millonario con la afirmación que da titular a este artículo: un solo pedido de 50.000 euros puede traducirse en un beneficio personal de apenas 2.000 euros. Esto se debe a que esa cifra representa "el trabajo de tres o cuatro personas durante todo un año", cubriendo salarios, materiales y, sobre todo, una enorme carga de impuestos.
El ceramista se muestra muy crítico con las dificultades de los autónomos en España. "Lo que no es rentable en España es ser autónomo", sentencia, describiendo un sistema lleno de trabas burocráticas que penaliza a quienes generan riqueza y empleo. Esta situación empuja a muchos jóvenes a desistir de emprender, un problema que afecta también a otros oficios tradicionales, donde cada vez cuesta más encontrar relevo generacional, como reflejan historias de profesionales como el maestro de obra Tony, 'el albañil', o el dueño de taller Blas, que luchan por encontrar trabajadores.
Pese a los desafíos, Hidalgo sigue luchando por su pasión, una forma de vida que ha mamado desde niño. Su trabajo ha sido reconocido con prestigiosos galardones como el Premio Nacional de Artesanía, que él considera un homenaje al legado de su familia. Para él, la clave reside en combinar el saber heredado de la tradición con la innovación aprendida en los estudios, una filosofía de "beber de los dos mundos" para crear algo único y perdurable.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



