OPINIÓN

Ad Libitum con Javier Pereda. Hoy: Exilio

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Redacción COPE Jaén

Jaén - Publicado el - Actualizado

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El “exilio” del rey emérito Juan Carlos I, nos evoca la suerte de la Casa de Borbón. El primer rey de esta dinastía en España fue Felipe V, duque de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. El destino trágico de la monarquía española nos retrotrae a Carlos IV (1788-1808) y su hijo Fernando VII (hasta 1833) que se exiliaron a Bayona; el padre no volvería. En la historia más cercana del siglo XIX, la reina Isabel II, “la de los Tristes Destinos” (1833-1868), que accedió al trono por la Ley Sálica, se exilió a París motivado por la Revolución Gloriosa y la proclamación de la Primera República; abdicó en su hijo Alfonso. Alfonso XII (1875-1885), regresó a España después del pronunciamiento del general Martínez Campos que puso fin al primer periodo republicano. Se restauró la monarquía borbónica, pero a su muerte prematura regentó María Cristina, su segunda esposa. Le sucedió su hijo póstumo Alfonso XIII, que fue rey desde que nació en 1886 hasta la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931, en un plebiscito municipal entre monarquía y república. Desde Cartagena a Marsella se exilió en París para evitar una guerra civil, sin renunciar a sus derechos patrimonio de la Historia. Son célebres sus palabras: “Espero que no habré de volver, pues ello significaría que el pueblo español no es próspero ni feliz”. Las Cortes republicanas —la historia viene ahora a repetirse— acusaron de alta traición a Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena. Esa ley sería derogada por el general Francisco Franco a finales de 1938. En 1941 abdicaría a la Corona, antes de fallecer en Roma, a favor de su hijo Juan de Borbón (después de renunciar sus dos hermanos mayores). Éste, a su vez, abdicaría de sus derechos dinásticos en su hijo Juan Carlos, en 1977; aunque fue nombrado sucesor a título de rey en 1969 y coronado a la muerte de Franco en 1975. La Transición —“De la ley a la ley”, del franquismo a la democracia— ha sido una de las páginas más brillantes de la historia de España; supuso la generosa renuncia de unos y de otros, para hacer posible la convivencia mediante la reconciliación e integración de todas las ideas políticas. En esta etapa desempeñó un papel esencial el rey Borbón y Borbón-Dos Sicilias (Roma, 1938) junto con Adolfo Suárez, que demostraron que la libertad y “la concordia fue posible”. Lástima que su brillante legado haya sido tirado por la borda del “Bribón”, por un comportamiento personal nada ejemplar, que ha sabido afrontar con resignada dignidad la reina Sofía; por un plato de lentejas ha vendido su primogenitura, además de por unas presuntas irregularidades fiscales. Los continuos escándalos y las limitaciones físicas, le llevaron en 2014 a abdicar en su hijo el rey Felipe VI. Si a todos nos es aplicable la máxime de que “La esposa del Cesar no sólo debe de ser honesta, sino parecerlo”, con mucha mayor exigencia se ha de aplicar a los representantes públicos. Por eso, en la unidad de vida no caben distingos entre la vida privada y la pública. Dicho esto, la misma vara de medir se debería aplicar a quienes plagian tesis, mienten reiteradamente a los ciudadanos, son financiados por regímenes comunistas como Venezuela o Irán… La diferencia del rey vilipendiado con sus antecesores es que mientras ellos sí que se exiliaron (“Expatriación, generalmente por motivos políticos”, acepción segunda del DLE); por el contrario, don Juan Carlos: “en estos momentos” su deseo es “trasladarme”; es decir, en otras circunstancias, cuando quiera, podría volver. Por lo tanto, ni “huida” ni “fuga”, ni se ha aceptado la retirada del pasaporte, como vociferan las hordas independentistas y comunistas republicanas, rememorando el odio de 1931. Ni siquiera existe imputación contra él —la ignorante diputada podemita dice que “tiene que demostrar su presunción de inocencia”—; está a disposición de la justicia. Como no eran suficiente con la crisis sanitaria y la económica (para desviar la atención), ahora nos abocan a una crisis institucional, para intentar destruir la piedra angular del régimen del 78: la monarquía parlamentaria. Lo que pretende el Gobierno socialista y comunista de Sánchez e Iglesias (poli bueno y poli malo) y no digamos los enemigos de la unidad de la Nación, es enviar la Transición (la concordia y la reconciliación) al exilio.

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