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¿Por qué de adultos comemos alimentos que de pequeños odiábamos?

El norteamericano Patrick Jones tiene la solución

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COPE.es

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13 jul 2019

Cuantas veces de pequeños hemos dejado llenos los platos de comida que nos ponían nuestros padres... especialmente aquellos llenos de verduras, judías, brócoli... pero alguna vez te has preguntado ¿por qué esos productos que odiábamos de pequeños con el paso de los años nos acaban gustando? Ahora el norteamericano Patrick Jones da una respuesta a esta pregunta. La solución dice, radica en el gusto.

Pero “Para entender el concepto de gusto adquirido, primero tenemos que conocer cómo funciona el gusto". Patrick indica que nuestra lengua contiene cuatro tipos de papilas gustativas que oscilan entre las 2.000 – 8.000 papilas gustativas que cada lengua posee. Es un amplio rango basado en los genes que muestra qué tan amplia puede ser la capacidad de degustar. Cuanto mayor sea nuestro número de papilas gustativas mayor será nuestra capacidad de degustar.

Las papilas gustativas tienen lo que se conoce como pelos de sabor, que reconocen los productos químicos alojados en los alimentos y bebidas que consumimos, y mandan señales a nuestro cerebro creando el sabor que estamos experimentando.

Pero la lengua no lo hace todo en este proceso. También nos llega el sabor desde la parte posterior de la garganta y a través de nuestras cavidades nasales. Los receptores en esos lugares recogen las sustancias químicas a través del olor y convierte esas señales que son enviadas al cerebro.

 “Pero... ¿qué pasa con el gusto?”, se pregunta Patrick en el vídeo que explica su respuesta. El productor norteamericano declara que a medida que envejecemos nos volvemos menos receptivos de dos maneras. Normalmente nuestras papilas gustativas mueren y son reemplazadas cada semana. Con el paso de los años siguen muriendo a la misma velocidad pero son reemplazadas de forma más lenta, perdiendo así nuestra capacidad de sabor poco a poco.

Es por esto que alimentos que de pequeños éramos incapaces de comer por culpa de su sabor conforme avanzamos en edad nuestra capacidad de sabor pierde fuerza y diluye ese rechazo inicial.

“La disminución comienza alrededor de los 40 tanto para hombre como mujeres. Lo mismo ocurre con el sentido del olfato. Se apaga a medida que envejecemos”. Patrick también añade que la psicología también juega un papel fundamental. Nuestro cerebro recuerda la primera vez que hemos probado un producto. El productor norteamericano muestra esta realidad poniendo un simple ejemplo. Cuando ingerimos por primera vez una zanahoria recordamos como era esa zanahoria, si la siguiente que probamos está más crujiente y después otra que no, nos llamará la atención este cambio.

¿Y como podemos hacer que los más pequeños se aficionen a estos productos, Patrick nos deja unas claves?

Con los sabores que no les gustan, si comenzamos a dárselos de forma habitual, empezaran a acostumbrarse a su sabor y acabarán cambiando de parecer.

Otra manera para que los más pequeños coman esos productos que tanto detestan la hemos hecho todos o al menos la gran mayoría, comiendo ese alimento que aborreces con la nariz tapada. Así no se nota tanto el sabor del producto.

El último de los trucos que Patrick da a conocer es juntando sabores que gustan con otros que no. Pero atención con esto porque también puede funcionar a la inversa. EL productor norteamericano explica que "Si tomas algo que te gustaba mucho y te pones enfermo es muy probable que deje de disguste”

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