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Sergio Rollón ante su reaparición: "Espero llegar al cien por cien a Valdemorillo"

El novillero reaparece en Valdemorillo seis meses después de su grave cogida y marcado por la repentina muerte de su amigo y compañero Nicolás Cubero

Sergio Rollón, en El Albero
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Sergio Rollón, en El Albero

Sixto Naranjo Sanchidrian

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4 min lectura27:43 min escucha

El dicho ‘año nuevo, vida nueva’ cobra un significado especial para el novillero Sergio Rollón. El próximo 6 de febrero reaparecerá en la feria de Valdemorillo (Madrid), apenas seis meses y medio después de la gravísima cornada que sufrió el 12 de julio de 2025 y que casi le cuesta la vida. Un regreso marcado por una recuperación física y mental a contrarreloj y por el mazazo anímico que ha supuesto la repentina muerte de su amigo y compañero de escuela, Nicolás Cubero.

Una recuperación al límite

El camino hasta Valdemorillo ha sido una lucha constante. La pierna herida, aunque funcional, todavía no está al cien por cien. Rollón describe una sensibilidad muy reducida, como si estuviera “dormida” o “acorchada”. Esta secuela le dificulta ejercicios de larga duración, como correr, momento en el que la pierna “se empieza a bloquear un poquito, se hincha y no quiere responder del todo”. A pesar de todo, se muestra optimista: “estamos avanzando mejor de lo esperado, nadie me iba a decir que en 6 meses y medio yo iba a volver a a vestirme de luces”.

El aspecto mental ha sido igual de importante que el físico. El torero, que ya trabajaba con el psicólogo Javier Portal desde antes de la cogida, confiesa que hubo momentos en los que se sintió “atascado”. Por eso, la confirmación de su presencia en Valdemorillo fue un impulso clave. “Verse anunciado, ver la posibilidad de volver a hacer el paseíllo fue lo que otra vez me me animó”, ha explicado. Ahora, no siente miedo, sino “nervios” e “incertidumbre de lo que pueda pasar”.

A mí lo que me importa es torear y disfrutar"

Sergio Rollón

El mazazo por la muerte de un amigo

La ya de por sí compleja preparación se ha visto empañada por la tragedia. El pasado fin de semana fallecía de forma repentina Nicolás Cubero, joven novillero y amigo íntimo de Rollón, con quien compartía entrenamientos en la escuela taurina de la Fundación El Juli. Rollón se enteró de la noticia apenas cinco minutos antes de ponerse por primera vez delante de un animal desde su cogida, un eral que mató a puerta cerrada. “Lo único que quería era irme de ahí y estar lo más cerca posible de Nicolás”, ha confesado, todavía en shock.

La incredulidad fue su primera reacción. Tras recibir el mensaje del padre de Cubero en un grupo, “lo primero que me salió fue llamar a Nicolás, decir, ojalá me esté cogiendo el teléfono y me diga que su padre se ha equivocado”. Había hablado con él la noche anterior. Ahora, su recuerdo será un motor para seguir adelante, y ya ha confirmado que el brindis de Valdemorillo será para él: “le voy a tener presente todas las tardes, porque sé que allá donde esté nos va a estar cuidando”.

Vocación a prueba de todo

La vocación de Sergio Rollón ha demostrado ser inquebrantable. Tras la cornada que le hizo perder casi cuatro litros y medio de sangre, su primera pregunta consciente en la UCI no fue por su estado de salud. “Lo primero que pregunté es cómo había quedado las calificaciones, saber si podía torear la final o no”, recuerda. Esta anécdota, que dejó perplejos a médicos y familiares, define su entrega a una profesión que lleva en la sangre desde niño.

Mal lo van a pasar mis compañeros en Valdemorillo, porque yo obviamente no me voy a dejar nada para para salir triunfador de esa tarde"

Sergio Rollón

Esa pasión nació en su pueblo, Burgondo (Ávila), y sus fiestas populares. Empezó con un capote de juguete que su madre llegó a esconder para disuadirle, pero el apoyo de Luis González, su persona de confianza, fue decisivo. También ha sido clave el de su familia, que a pesar del pánico vivido, le apoya sin fisuras. Rollón les preguntó si querían que lo dejara y la respuesta fue rotunda: “querían que yo siguiera luchando por mis sueños y no me echara atrás por una pequeña piedra en el camino”.

Ahora, todos sus pensamientos están en la importante novillada de Valdemorillo, un cartel con “seis gallos de pelea” donde no hay margen para el error. Consciente de la competencia, Rollón lanza un aviso: “mal lo van a pasar ellos, porque yo obviamente no me voy a dejar nada para para salir triunfador de esa tarde”. Sin más contratos firmados, un triunfo es vital para abrirse hueco en la temporada.

Lo que más le obsesiona no es la posibilidad de otra cogida —“si tiene que volver a pasar, pasará, eso no es una cosa que yo pueda controlar”—, sino algo más profundo: “volverme a encontrar yo, tener las sensaciones que tenía antes, el hecho de yo disfrutar”. Porque, como él mismo resume en una frase que es toda una declaración de principios: “a mí lo que me importa es torear y disfrutar”.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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