8ª FERIA DE ABRIL

Recital de Guillermo Hermoso e inmerecida Puerta del Príncipe para Cartagena en Sevilla

Lea Vicens corta una oreja en un festejo en el que lidió un notable encierro de El Capea y Carmen Lorenzo.

Andy Cartagena en su salida a hombros por la Puerta del Príncipe de Sevilla

EFE

Andy Cartagena en su salida a hombros por la Puerta del Príncipe de Sevilla

Agencia EFE

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Paco Aguado

Una inmerecida salida a hombros por la Puerta del Príncipe de Andy Cartagena, justificada únicamente por la excesiva generosidad del palco al concederle las tres orejas necesarias para lograrlo, cerró hoy la corrida de rejones de la feria de Sevilla, en la que, más allá de los trofeos, la mejor actuación, con gran diferencia, tuvo la firma de Guillermo Hermoso de Mendoza.

En realidad, lo que hizo el joven jinete navarro fue desplegar todo un recital de rejoneo, en su más amplia dimensión, tanto al clavar como al torear con verdad y temple a su lote de la excelente corrida murubeña de los dos hierros del torero retirado Niño de la Capea, con la que sólo estuvo a la altura, única y precisamente, el rejoneador dinástico.

Ya con el tercero Hermoso había marcado las diferencias con sus compañeros de terna, que habían paseado dos baratas orejas tras sendas labores desajustadas y destempladas, tanto la de Cartagena como la de Lea Vicens, con más alardes para la galería que estricto toreo a caballo. De forma que, tras irse con su caballo a recibir al toro a la misma puerta de chiqueros, el de Estella abrió su antología.

Esa primera parte de la lección la llevó a cabo con un toro de calidad y muy descolgado al que clavó las banderillas llegándole con los pechos del tordo "Ecuador" y del castaño "Medellín" casi a los mismos hocicos, de tanta y tan sincera frontalidad como aplicó en un trasteo redondo que, tras un rejonazo fulminante, que tal vez descordó también al de Capea, ya mereció, para evitar agravios comparativos, la segunda oreja que la presidenta se negó a conceder.

Pero más sangrante fue aún la negativa a otorgar el doble trofeo del sexto, un toro de tanta hondura como clase al que Guillermo Hermoso hizo todo cuanto quiso, después de clavarle, como al anterior, sólo un rejón de castigo para disfrutar su viveza y su bravura con mayor duración.

Por eso mismo pudo el de Estella fijarlo y templarlo a la perfección con la grupa de "Nómada", que lo dejó en óptimas condiciones para que "Berlín", la gran estrella equina heredada de su padre, se recreara en su valor con un toreo prolongado y de temple exquisito, llevando siempre prendido de su grupa el rítmico galope del toro de un lado a otro de la plaza.

Fue así, sobre esa precisa "muleta" de cuatro patas como Hermoso cambió los terrenos a su antojo y preparó cada uno de los embroques para llegar muy cerca de la cara y clavar en lo alto cada una de las banderillas que sacaba desde el mismo estribo derecho. Y tras terminar el segundo tercio quiso reconocer los méritos del castaño aplaudiéndole mientras le dejaba irse al paso hacia el patio de caballos.

Sólo un pinchazo, después de dejar tres rosas en lo alto y antes de otro rejonazo fulminante, pudieron justificar la absurda negativa de la presidenta a dejar salir en solitario por la Puerta del Príncipe a Andy Cartagena, que, en odiosa comparación, no llegó a alcanzar un nivel ni medianamente similar al de Hermoso.

Porque el rejoneador de Benidorm, que volvía a anunciarse en la Maestranza después de diez años y en la temporada en que cumple tres décadas en activo, se llevó esos dos apéndices del cuarto por una actuación que sólo conectó con el festivo público de hoy en Sevilla en su último tramo.

No rompió tan claramente hacia adelante sus embestidas el de Capea, y Cartagena tuvo que recurrir de nuevo a los efectismos, como la banderilla que clavó al quiebro y en la suerte del violín, antes de que, al intentar repetirla, su caballo "Copo de nieve" fuera arrollado por el astado, aunque al parecer sin graves consecuencias.

Fue al cambiar de montura, y ya con el público a favor de obra, cuando la faena, hasta entonces plana, ganó calor con los efectismos del alicantino, que todavía clavó, con frenética presteza, tres rosas ligadas, un no menos raudo par a dos manos por los adentros y, sin solución de continuidad, otro rejonazo de rápidos efectos que desató la desmedida pañolada a la que se sumó el palco.

Aparte de la oreja, no menos verbenera, que paseó del segundo, Lea Vicens se marcó, tal y como iba la tarde, una vuelta al ruedo por su cuenta y riesgo a la muerte del quinto, otro de los toros más sobresalientes de la corrida, con el que estuvo algo más entonada, aunque casi siempre acompañando desde la distancia el elegante galope del de Carmen Lorenzo y necesitando demasiadas pasadas en falso para clavar los arpones con poca frontalidad. Es decir, lo habitual en esta amazona que, aun así, sigue en los carteles de rejones de las principales ferias.

Visto en ABC

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