ÍSCAR (VALLADOLID)

Pinar puntúa, Adolfo pincha

El torero albaceteño Rubén Pinar paseó este domingo la única oreja de una descastada corrida de Adolfo Martín.

Templado natural de Rubén Pinar al sexto toro de Adolfo Martín al que cortó una oreja

 Templado natural de Rubén Pinar al sexto toro de Adolfo Martín al que cortó una oreja@RubenPinarR

Sixto Naranjo
@sixtonaranjo

Director de ‘El Albero'

Íscar (Valladolid)

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 23:41

Pobre por fuera y por dentro. La corrida de Adolfo Martín lidiada este domingo en el coso cubierto de Íscar decepcionó por su pobre trapío, sobre todo en los tres últimos toros, y el juego bajo de casta de la mayoría de sus ejemplares. Hubo nobleza, sí, pero faltó mayor emoción en esas embestidas.

Solo Rubén Pinar pudo cortar una oreja con este material. Fue en el sexto, un cárdeno claro que se movió con nobleza aunque sin terminar de humillar y entregarse en sus viajes. El albaceteño tiró de temple por ambos pitones para hilvanar una faena a más. Dos pinchazos previos a la estocada definitiva restaron valor el trofeo paseado.

Antes, en su primero, también falló reiteradamente en la suerte suprema tras un trasteo de limpio trazo pero sin eco en los tendidos por la falta de empuje de su oponente.

El Cid se despidió de la afición iscariense sin decir mucho. Alejado del nivel mostrado en Santander o Huelva en los últimos días, el sevillano estuvo muy desconfiado con el noble y pastueño primero y con el cuarto firmó una faena tan larga como insustancial. Además, en este dejó un feo espadazo que hizo guardia. En ambos fue silenciado.

Manuel Escribano pechó con un lote de pocas prestaciones. A ambos banderilleó con algunos desajustes. Su primero no terminó de romper, siempre reponiendo cuando le atacó por abajo. El quinto fue un ejemplar de condición mular, con el que abrevió.


FICHA DEL FESTEJO 

Íscar (Valladolid), domingo 4 de agosto de 2019. 1ª de Feria. Casi tres cuartos.

Toros de Adolfo Martín, de discreta presencia y desiguales hechuras. Conjunto manejable pero soso por su falta de casta y empuje. El más deslucido, el manso quinto.

El Cid, silencio y silencio tras aviso.

Manuel Escribano, silencio tras aviso y silencio.

Rubén Pinar, que sustituía a Juan del Álamo, silencio y oreja.

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