5ª CORRIDAS GENERALES

Oreja para Juan José Padilla en su despedida de Bilbao

El jerezano cortó un amable trofeo en una tarde anodina por parte de toros y toreros.

Desplante de Juan José Padilla durante su actuación en Bilbao este miércoles

 Desplante de Juan José Padilla durante su actuación en Bilbao este miércoles EFE

Agencia EFE Paco Aguado

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 11:45

Juan José Padilla, que se despedía hoy de Bilbao, paseó la única oreja de la quinta de las Corridas Generales de Bilbao, un festejo anodino por la falta de raza o de clase de la mayoría de los toros de Garcigrande, o de los desaciertos de los espadas, como sucedió con Manzanares ante el bravo ejemplar que cerró plaza.

Ese sexto, concretamente, fue la excepción a la regla a esa acusada media de descastamiento y poca clase de un encierro bien presentado pero sin verdadero fondo de bravura para entregarse durante la lidia.

En cambio, este otro, que lucía también distinta capa a los otros cinco negros, rompió a embestir en cuanto José María Manzanares le dejó los vuelos de la muleta a ras de arena, retándole a sacar a flote toda la casta que no había mostrado hasta entonces.

"Bochinchero", que así se llamaba el castaño, respondió con creces a la prueba, hasta el punto de superar y dejar en evidencia al retador, incapaz de ligar más de tres muletazos seguidos ante unas embestidas exigentes pero también de claras opciones de triunfo a poco que las hubiera sometido y gobernado con asiento y temple.

Se le fue el toro así al alicantino, que tampoco lo mató bien ni le aguantó nunca lo suficiente, por más que alguno de sus pases tuviera cierta estética y fuera aplaudido o jaleado por un público bonancible, aunque en realidad solo sirvieran para evidenciar todavía más la bravura del animal, con el único defecto de escarbar en alguna ocasión antes de arrancarse para embestir con todo.

Hasta entonces, dentro del tono gris que tuvo el espectáculo, y que fue exactamente el del trasteo de Manzanares con el descastado tercero, el público solo había salido del sopor con Juan José Padilla, aunque en el medido entusiasmo pesara más el aspecto sentimental de la despedida del jerezano de esta plaza que la calidad de lo que realizó ante el toro.

"El Pirata" había sido recibido con un aurresku de honor, una especie de baile de respeto a cargo de un dantzari, que tuvo continuidad en la fuerte ovación que le tributaron antes de que saliera el primero de la tarde, un astado tan desfondado que el veterano apenas pudo pegarle un pase completo.

El cuarto tampoco fue un dechado de raza, pero al menos, por noble y dócil, permitió a Padilla manejarse con mayor seguridad sobre la arena y hacerle así una faena poco apretada y de escasa calidad estética, pero siempre animosa y plagada de alardes populistas.

Eso bastó para que la afición bilbaína pudiera mostrarle su cariño con esa amable petición de oreja, la última que ha paseado en un coso donde vivió muchas veces las dos caras de la moneda del toreo.

Por su parte, El Juli tuvo una actuación igual de anodina que la tarde, en el que fue primero de sus dos paseíllos de la feria bilbaína.

Sus intentos por resolver con su desclasado primero resultaron desangelados e inconcretos, mientras que a su faena al quinto, que, sin mucho celo, sí que tuvo una manejable movilidad, no pasó de ser un trabajo deslavazado y con cierto aire de tentadero, por la facilidad y la poca pasión del sobrado toreo del madrileño.


FICHA DEL FESTEJO 

Bilbao, miércoles 22 de agosto de 2018. 5ª de FEria. Más de dos tercios.

Tres toros de Domingo Hernández y tres de Garcigrande, en los últimos lugares, de correcta presentación y escasos de raza y clase, aunque alguno resultó manejable. La excepción fue el sexto, que embistió con entrega y bravura a la muleta.

Juan José Padilla, silencio y oreja.

Julián López "El Juli", silencio y ovación.

José María Manzanares, ovación y silencio tras aviso.

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