6ª feria de abril
Dos quites de Pablo Aguado y poco más
Roca Rey cortó una oreja y Aguado dio una vuelta al ruedo tras la lidia de una nefasta corrida de Domingo Hernández.

Pablo Aguado, a la verónica este viernes en Sevilla
Publicado el
3 min lectura
Manuel Viera
No lo tenía fácil Pablo Aguado con la deplorable corrida de toros de Domingo Hernández. Una mansada en toda regla con la que se ha aburrido el público que llenaba a rebosar, una tarde más, la Maestranza de Sevilla. Ya, ha bostezado el aficionado -no la gente equivocada- que veía como toro tras toro mandaba al trasto sus ilusiones. Toros mal presentados, bobalicones, sin casta y, sobre todo, mansos como ellos solos. Pero Pablo no solo casi ha resuelto su tarde, sino que, tras un voltereta de órdago en el epilogo de intentos de faena al sexto, se impuso a la mansa y anodina embestida del parado animal para dibujar los mejores muletazos de la tarde. Mejor con la derecha que con la izquierda, y con esa pizca de naturalidad que le imprime a su toreo. Fue muy poco, y sin que la emoción brotara en los tendidos, pero lo suficiente para que el público, tras la estocada, le pidiese el apéndice que, al final quedó en una vuelta al ruedo.
Fue lo mejor en la lidia del sexto, y también lo mejor en la lida del funesto tercero un quite por chicuelinas de un ajuste y despaciosidad tremenda abrochadas con una media de auténtico lujo, en una réplica a la verónica y media de Talavante. Y hubo más: las cuatro verónicas y la media, muy pepeluisita, al quitar el segundo toro de Roca Rey. Esto y poco más fue lo visto en la calurosa tarde de toros sevillana. Porque a pesar de todos los intentos con el manso sólo pudo dibujar con la izquierda algunos naturales aprovechando las querencias, pero sin la emoción necesaria. Toreo que gusta por su características de naturalidad y lentitud en los trazos, pero sin la profundidad para provocar la necesaria emoción. Pinchó antes de dejar la espada hundida.
Roca Rey es otro torero muy diferente al de pasados años. Ha cambiado. Me decepciona su toreo, lo hace peor, solo le salva el poderío que tanto le llega a su gente, y el dinero que genera. Al segundo le hilvanó muletazos de mano baja muy largos y despegados. Se superó en los muletazos en redondos trazados todos con un punto de ligereza que hacia chirriar. Tras la estocada la gente se calló.
Al quinto, el que mejor se movió, le dibujó un ramillete de lances a la verónica con son, para después hilvanarle con la mano derecha una serie de muletazos largos rematados con los pases de pecho. Es el toreo que les llega a su público. Quizá por ello, tras una lidia embarullada con algunos pasajes ralentizados con la derecha y un final templadito, le pidieron la oreja tras estocada suelta que el presidente sin dudarlo concedió.

Roca Rey, con la oreja cortada este viernes en Sevilla
Y a Talavante no se le vio. Penosa la imagen que ha mostrado el diestro extremeño en la Maestranza. Desganado total. Aburrido ante las dos calamidades de toros que le tocaron en suerte. Unos lances recreándose en el trazo fue lo único visto con el malo primero. Y al cuarto no le dio tiempo ni a mirarlo. Se le paró, dobló las manos y todo se acabó
La gente calurosa y aburrida abandonó el coso maestrante acordándose de la reciente tarde en la que el dios del toreo anduvo por Sevilla y su Maestranza.



