España tuvo su propia versión de la Torre de Pisa: ¿en qué ciudad se encontraba?

Se trataba de una de las torres más desconocidas del mundo y del edificio más grande de su ciudad por varios siglos

España tuvo su propia versión de la Torre de Pisa: ¿Dónde se encontraba?

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Todos conocemos la Torre de Pisa. Esa famosa torre de Italia que está inclinada. De hecho, son varios los lugares que tienen su propia versión de la Torre de Pisa, como las Torres de Bolonia (que tienen una inclinación entre 4 y 1,3 grados), la Torre de la Iglesia de Bad Frankenhausen, con 4,8 grados de inclinación o la capilla de Suurhusen, siendo su torre la más inclinada del mundo (5,7 grados de inclinación). Pero, lo que seguro no sabías es que España también tuvo su propia versión de la Torre de Pisa. Y sí, hemos dicho tuvo porque fue derribada a causa de su inclinación, y, aunque fue el edificio más alto de su ciudad por varios siglos, se trataba de una de las torres más desconocidas del mundo. Hablamos de la Torre Nueva de Zaragoza, un edificio civil de estilo mudéjar, fabricado con ladrillo de cara vista sentado con aljez, con cuatro alturas y una base con forma de estrella de 16 puntas que, posteriormente, se reforzó con una base octogonal.

La construcción de este edificio fue en 1504, con la intención de que albergara un gran reloj y un campanario para que los habitantes de la ciudad pudieran saber la hora oficial. Tras el visto bueno del rey Fernando el Católico, empezaron las tareas de construcción en la plaza San Felipe, a manos del arquitecto Gabriel Gombao. La torre se levantó en un tiempo récord (15 meses). Y, fueron estas prisas las que provocaron su inclinación. Esto se debe a que montaron la base sin que los cimientos estuvieran secos, por lo que uno de los lados no se fraguó bien, inclinándose hacia su lado malo. Nunca se consiguió corregir su inclinación y esto hizo que fuera conocida en toda España y se convirtiera en la protagonista de múltiples relatos y pinturas. Según los expertos, la torre tenía una inclinación de casi tres metros.

Durante la guerra de independencia sirvió como torre de vigilancia para controlar al ejército francés. Por desgracia, la guerra le pasó factura, por lo que en 1818 fue sometida a una leve reparación, con Agustín Caminero como arquitecto encargado, y que restó importancia a su inclinación, además de asegurar que no se caería. Pero, en 1846, un vendaval dejó gravemente dañada la Torre Nueva, y comenzando a surgir la opinión de que sería mejor derribarla.

En 1829 el pleno del Ayuntamiento votó a favor de derrumbar la torre. A pesar de la opinión de arquitectos e intelectuales de la época, que garantizaban que la Torre Nueva no se iba a caer, la decisión del pleno fue firme. Sin embargo, permitieron que todas las personas de la ciudad pudieran subir una última vez a la torre para contemplar las vistas, siempre que pagaran antes un precio de 10 céntimos. Este acto fue muy criticado, porque no tenía sentido que dejaran subir a la gente a la torre cuando la razón para derruirla era su mal estado. Por lo que se acusó a los gobernantes de la época de usar el derribo de la torre para sacar provecho. Aunque también hicieron negocio vendiendo los ladrillos y las piedras que formaron la torre para construir varias de las casas del centro de Zaragoza.

Actualmente, en el lugar donde se encontraba la Torre Nueva, en la plaza de San Felipe, se puede encontrar, en los adoquines del suelo, la base del edificio, que quedó dibujada, como una huella, por todo el tiempo que estuvo en la ciudad.

El reloj y las campanas

El gran reloj que lucía en la fachada fue una obra de Jaime Ferrer, quien lo colocó en 1512. Posteriormente, sería sustituido en 1829 por otro, debido a que dejó de funcionar. Junto al gran reloj había dos campanas que repicaban en lo alto de la Torre Nueva de Zaragoza. Tras el derribo de la torre, una de las campanas fue colocada en una de las torres del Pilar en 1896.

En cuanto a la maquinaria del reloj, podemos encontrar restos de esta y su gran esfera en los bajos de la Casa Montal, una tienda de alimentación que tiene un pequeño museo, y que ha sabido conservar parte del recuerdo de esta torre inclinada. El lugar se puede encontrar en la plaza San Felipe y sus fotografías y reliquias se pueden ver de forma gratuita durante el horario de apertura del negocio.

El Chapitel

Su chapitel fue modificado tres veces. La primera estaba conformada por ocho pirámides coronadas con una esfera. Pero, en 1680 empezó a rajarse, por lo que las pirámides fueron eliminadas por un chapitel más ligero. Se trataba de un triple chapitel, colocado en 1749, con cubiertas de pizarra y con una aguja, con una bola y una cruz. En 1878 se volvió a cambiar por un tejadillo de cuatro vertientes.

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