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CORONAVIRUS LAVAPIÉS (Crónica)

Un barrio de Madrid volcado con los inmigrantes en la crisis de la COVID

El hacinamiento, las dificultades con el idioma ante la falta de intérpretes y la pérdida de trabajos informales son algunos de los obstáculos a los que se enfrentan los inmigrantes de Lavapiés, el barrio más multicultural de Madrid, donde los vecinos se han aliado para ayudar durante la crisis del coronavirus a esta población, especialmente vulnerable. ,La mezquita de la calle Provisiones, cerrada al culto, ha tomado honor del nombre de la vía. ,Kilos de patat

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 11:00

Ana Márquez

El hacinamiento, las dificultades con el idioma ante la falta de intérpretes y la pérdida de trabajos informales son algunos de los obstáculos a los que se enfrentan los inmigrantes de Lavapiés, el barrio más multicultural de Madrid, donde los vecinos se han aliado para ayudar durante la crisis del coronavirus a esta población, especialmente vulnerable.

La mezquita de la calle Provisiones, cerrada al culto, ha tomado honor del nombre de la vía.

Kilos de patatas y cebollas se amontonan en el centro de la moqueta de rezo mientras voluntarios preparan cestas con alimentos y otros productos básicos que en el día de reparto, los jueves cada quince días, se depositan en las puertas del centro de oración para que las personas que han solicitado ayuda puedan recogerlas.

La asociación Valiente Bangla está al frente de esta iniciativa, con la que dan sustento a más de 1.500 familias, en su mayoría bangladeshis de Lavapiés.

El reparto comienza a la una de la tarde. Organizan una doble cola que se extiende por toda calle Provisiones en la que colocan marcas en el suelo con cinta carrocera -a la distancia de un metro- y en la propia cola reparten mascarillas a aquellos que no las llevan.

El presidente de Valiente Bangla, Mohammad Fazle Elahi, señala a Efe que los inmigrantes han sido uno de los colectivos más "afectados e invisibilizados" durante la crisis sanitaria, agravada por la barrera idiomática y la indocumentación de muchos de ellos, por lo que no pueden solicitar ayuda del Estado.

"Hay muchos bangladesíes que no hablan correctamente español y, si para un hispanohablante es difícil digerir toda la información sobre el coronavirus, imagínate para alguien que no lo habla. Muchos tienen síntomas y no saben bien que esos síntomas son del coronavirus", explica.

Este bangladeshí lamenta el fallecimiento el pasado 26 de marzo de Mohammed Abul Hossain quien "estuvo llamando durante seis días para recibir atención sanitaria pero hubo un problema, ni él se pudo explicar ni le entendían".

Desde Valiente Blanga denuncian que se eliminó la figura del intérprete en los centros de salud el mismo día que se declaró el estado de alarma.

Además, el teléfono de atención al coronavirus (900 102 112) no cuenta con servicio de intérprete y en la web del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social la información sobre la COVID tiene traducciones en árabe, inglés, francés, ruso y rumano, pero sólo la cartelería.

Bajo el lema "¿Cómo quieres que me cuide si quien me cuida no me entiende?", la asociación Valiente Blanga, junto a Red Solidaria de Acogida y Red Interlavapiés, han lanzado la campaña "Intérpretes para sanar" y han creando una red de dieciséis intérpretes voluntarios.

"Tengo dos teléfonos móviles que no paran de sonar. Nos piden información, que hablemos con los médicos y enfermeros porque no tienen ninguna posibilidad de comunicarse y tienen miedo, mucho", asegura Manik, uno de los voluntarios, que "hace malabares" para compaginar su trabajo como cocinero y ayudar a sus compatriotas.

Otro de los problemas a los que se han enfrentado los inmigrantes de Lavapiés es el hacinamiento dentro de las viviendas, donde en pocos metros cuadrados pueden vivir más de ocho personas, sin respetar las recomendaciones sanitarias.

Es el caso de Serigne, procedente de Senegal, que comparte vivienda con sus siete compañeros de piso en Lavapiés. Todos son manteros que no tienen ni papeles ni trabajo para ganar algo de dinero desde que se decretó el estado de alarma.

El pago del alquiler, las facturas y la alimentación les supone un reto, al igual que mandar dinero a sus familias que "pueden llegar a necesitarlo más".

El Sindicato de Manteros han creado una "caja de resistencia" en las que aceptan donaciones que serán repartidas entre los manteros como una especie de renta básica pero, en cifras generales, no superan los 200 euros.

"Las personas sin papeles siempre hemos tenido miedo a ponernos enfermas y a tener que ir a un hospital", señala Serigen, un miedo que aumenta ante la falta de ingresos.

Serigne recuerda las dificultades a las que se enfrentan las personas sin papeles, que para solicitar su regularización deben residir dos años en España y tener un contrato pero, para poder tenerlo, necesitan los papeles.

"No queremos ser manteros, queremos trabajar como el resto", dice.

Iván Carmona, miembro de la Red InterLavapiés, asegura a Efe que la crisis sanitaria del coronavirus ha desvelado los múltiples problemas a los que se enfrentan los inmigrantes en España.

Por ello, más de 800 plataformas, asociaciones y entidades han firmado un comunicado enviado al Consejo de Ministros, así como al Defensor del Pueblo, para pedir al Gobierno español la "regularización ya" para que "nadie se quede atrás". EFE

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