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La gran epidemia que sufrió Atenas hace más de 2.000 años y que sentó las bases en la lucha contra el covid

Ocurrió en el año 430 a.C. y significó una de las grandes crisis sanitarias de la Grecia antigua, de la que se pueden extraer muchas conclusiones que se aplican a día de hoy

Una imagen del Partenón de Atenas

VASSIL DONEVEFE

David Ferreiro

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 15:43

Hace más de 2.000 años que una de las peores plagas azotó a la humanidad. Ocurrió en la ciudad-estado de Atenas, en el año 430 a.C. y sus resultados fueron devastadores, especialmente porque ocurrió en el contexto de la Guerra del Peloponeso, lo que multiplicó el número de afectados de forma exponencial.

Aunque resulta difícil cifrar el número total de afectados, se cree que al menos un tercio de los atenienses murió por culpa de esta epidemia, que a día de hoy no se tiene claro si fue culpa de la peste, como señalan la gran mayoría de los historiadores, o de otro tipo de enfermedad como podría ser la fiebre tifoidea.

La plaga mitigó las fuerzas de la ciudad de Atenas, aunque se sabe que también afectó a la zona de Esparta y a gran parte del Mediterráneo oriental, a pesar de que sus orígenes parecen partir del norte de África. Así, según el historiador de la época Tucídides, la enfermedad habría empezado en Etiopía, pasando posteriormente por Egipto y por Libia antes de llegar al mundo griego y arrasarlo casi todo a su paso.

Sin embargo, y a pesar de lo que ha conseguido avanzar la sociedad hasta nuestros días, lo cierto es que de esta Gran Plaga se pueden extraer, perfectamente, varios aspectos que siguen siendo válidos para nuestros días y que, de hecho, se están aplicando en la lucha contra el coronavirus.

El aprendizaje de la gestión griega

Aunque resulta obvio que las cosas han cambiado mucho desde los tiempos en los que Pericles se paseaba por la ágora, existen varios ejemplos en los que la gestión de Atenas de la enfermedad sirven como espejo en la lucha actual contra el coronavirus.

Porque en Atenas tomaron muchas decisiones acertadas a pesar de la precaria situación de la época, especialmente en el ámbito sanitario. Y es precisamente en este último ámbito donde se encuentra uno de los puntos fuertes de dicha gestión.

Comandados por Hipócrates, uno de los médicos más avanzados de la época, los sanitarios de aquel entonces basaron su estrategia en la observación y en el ensayo-error.

A pesar de que hoy en día parece algo lógico, lo cierto es que estamos hablando de una época en la que los hechizos, rituales o conjuros estaban a la orden del día, por lo que tomar la decisión de inspeccionar minuciosamente a los pacientes e ir probando cómo respondían a los diferentes tratamientos era un método innovador.

Esto permitió comprender qué era lo que estaba afectando y cómo lo hacía, al mismo tiempo que descubrían qué era lo que funcionaba y que no.

De esta manera, descubrieron dos características a tener en cuenta para evitar una mayor propagación de la enfermedad y que, además, se aplican también con el coronavirus.

El primero de ellos la importancia de la distancia y del no contacto, vital para evitar contagios. El segundo, que los médicos y cuidadores debían ir protegidos, ya que si no se terminarían contagiando también y, con ellos, detrás iría el resto de la población.

Es decir, a nivel conceptual, destacaban la importancia de lo que hoy serían los trajes EPIs, aunque por aquel entonces se trataba de un sistema mucho más precario.

Mismas premisas que con el covid

También durante este periodo se dieron cuenta de la importancia de tratar de mantener una mentalidad positiva en la población, sobre todo de cara a poder salir de tan profunda crisis, así como la de tener una ley fuerte, ya que con el apuro sanitario y con el caos generalizado, habían aumentado los delitos.

Medidas que, a grandes rasgos, también fueron aplicadas por la gran parte de los países de la actualidad.

Atenas fue recuperándose, poco a poco, del duro golpe que le hizo perder a la tercera parte de sus habitantes, pero consiguieron salir adelante y volver a constituirse como una de las más grandes potencias de su época.

Por ello, sobre todo teniendo en cuenta lo precario que era el mundo de hace más de 2.000 años, el último aprendizaje que dejó esta Gran Peste y que debe perdurar hasta nuestros días, es que no solo se conseguirá salir de esta situación, si no que el mundo, tarde o temprano, acabará volviendo a la normalidad.

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