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'El Matamendigos'; canibalismo y necrofilia en el cementerio: “Desperté, le vi y le aplasté la cabeza”

Francisco García Escalero asesinó a 11 personas en 5 años tras decapitarlas, mutilarlas o prenderles fuego: confesó sus crímenes pero nadie le creyó

El matamendigos; canibalismo y sexo con cadáveres en La Almudena: “Desperté, le vi y le aplasté la cabeza”
Paco Delgado
@Delgado_LPaco

Redactor de COPE y director de 'Hollywood Land'

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 27 oct 2020

Nacido para sufrir”, esa es la frase que aparecía tatuada en el cuerpo de Francisco García Escalero y que definiría una de las personalidades más inquietantes de los libros de crímenes de la historia de España. Pero su nacimiento no dista mucho del de muchas familias con menos recursos de la zona próxima al centro de Madrid. Francisco nació en 1954 en una zona de 200 chabolas junto al cementerio de La Almudena, próximo al barrio de Ventas, un lugar que le marcaría para siempre.

Los primeros años del joven ya mostraban una actitud fría, distante y obsesiva. Él mismo se definiría ante los psicólogos forenses que le analizaron tras su detención como un niño solitario: “No era como los demás, hacía cosas que no estaban bien, no me gustaba estar con la gente, me gustaba ir a sitios solitarios y me pasaba la idea de matarme”. Concretamente García Escalero empezó a desarrollar una curiosidad enfermiza con la muerte. Empezó a desarrollar tendencias suicidas: se arrojaba a la carretera hasta que, con 12 años, un coche le atropelló hiriéndolo de gravedad.

Fotografía de la infancia de Francisco García Escalero

Fotografía de la infancia de Francisco García Escalero

Su padre intentó corregirle el comportamiento propinándole brutales palizas que resultaban en balde. Francisco continuaba acercándose al cementerio atraído por voces que resonaban solo en su cabeza: “Me llamaban, me decían que hiciese cosas raras, que tenía que matar, que tenía que ir a los cementerios... ” Con 15 años ingreso en un centro psiquiátrico que no hace sino agravar su condición asocial. Aprende a cometer robos y, con 17 años, comienza a rondar por las calles de Madrid solo, con un cuchillo en la mano.

En 1973 comete su primer delito grave: asalta a una pareja en mitad de la noche junto a varios compinches y, mientras retienen al novio, le obligan a presenciar cómo se turnan para violar a su novia. García Escalero fue condenado a 12 años de cárcel. Más de una década en la que comenzó su descenso hasta la locura y que cincelaría al 'Matamendigos', uno de los peores asesinos en serie de la historia de nuestro país.

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Una caída a los infiernos

Su salida de prisión coincidió con la muerte del padre de García Escalero, lo que provocó que a sus problema mentales sumase un consumo descontrolado de pastillas como de alcohol y que se diera a la indigencia. Comenzó a desenterrar cadáveres del cementerio de La Almudena y a practicar la necrofilia con ellos, además de recostarse en los nichos. También recurrió en más de una ocasión a prostitutas, a las que golpeaba y obligaba a realizar prácticas sexuales contra su voluntad. El propio Francisco reconocería con los años que él mismo practicó sexo por dinero. Precisamente a raíz de esa atracción al sexo por dinero llegó el primer crimen del infame 'matamendigos'.

En 1987, ya con 33 años, Francisco García Escalero asesina a Paula Martínez, una prostituta que le rechaza incluso como cliente. Quedó con ella en la conocida por aquel entonces como calle Capitán Haya, en la zona de Cuzco, donde le asestó varias puñaladas, la decapitó y carbonizó su cuerpo. Al terminar, recogió su cabeza para arrojarla a un pozo cercano. Aunque en el año siguiente asesinó a tres hombres más, la muerte de Ángel fue especialmente violenta: apareció semidecapitado y con las yemas de los dedos arrancadas. A otro mendigo le rebanó el cuello con cuchillo antes de cortarle el pene y metérselo en la boca.

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Al año siguiente incluyó una nueva variante en sus crímenes. Tras matar a dos mendigos a navajazos y aplastando sus cabezas con piedras, García Escalero les sacó los órganos y las vísceras y los arrojó al mismo pozo en el que estaba la cabeza de Paula Martínez, cerrando así el círculo. A ellos también los decapitó.

Víctor Luis Criado era el nombre de su última víctima, en septiembre de 1993. Ambos estaban ingresados en el Hospital Alonso Vega de Madrid donde eran compañeros a la hora de emborracharse. Un día Criado apareció incinerado entre mantas junto a la iglesia de los Sagrados Corazones. Terminó cerrándose en crículo cuando el 'Matamendigos' decidió intentar de nuevo lo que no consiguió cuando era un adolescente: suicidarse arrojándose a la carretera. No obstante, el resultó volvió a ser el mismo y solo se rompió una pierna. En un momento en el que la culpa se cruzó con la lucidez Escalero avisó a sus enfermeras de que era un asesino en serie y que tenían que ingresarlo inmediatamente, o volvería a matar.

García Escalero, durante el juicio en febrero de 1995

García Escalero, el asesino de mendigos, durante el juicio en febrero de 1995

'El Matamendigos', historia de un fracaso: “Yo lo avisé”

Lo más sorprendente de los cinco años que García Escalero no fue ni siquiera el número de asesinato que perpetró sino que, como él mismo cuenta que en más de una ocasión reconoció los crímenes. Concretamente, en los años anteriores al último asesinato el 'Matamendigos' estuvo ingresado en centros psiquiátricos donde aseguró que había cometido hasta 13 crímenes, pero nadie le tomó en serio, e interpretó su historia como el fruto de una demencia.

Cuando fue detenido a finales de 1993, su versión sí que fue tomada en cuenta: “Estuvimos bebiendo en el parque al lado del cementerio y tomando pastillas. Me las pedía el cuerpo para poder hablar mejor. Luego le dije dónde íbamos a dormir y en el cementerio sentí las fuerzas, me daba impulsos, cogí una piedra y le di en la cabeza, le quemé con periódicos y luego me fui a dormir al coche y al día siguiente al hospital. Ahora me siento con la mente en blanco, como si estuviera muerto”.



Por ello, los propios psiquiatras que revisaron su caso reconocieron que el caso de García Escalero era un doble fracaso: tanto de la sociedad a la hora de inculcarle los valores suficientes para formar parte de la sociedad, como de las instituciones que debían prevenir y diagnosticar la enfermedad mental de Francisco García Escalero.

Según los facultativos que le examinaron durante el proceso judicial determinaron que el Matamendigos padecía enajenación mental, esquizofrenia, manía depresiva, transtornos sexuales, necrofilia, alcoholismo e ingesta de psicotrópicos.

El fin de un asesino macabro

En 1994 la historia del asesino de mendigos saltó a los medios de comunicación provocando todo un revuelo mediático. En febrero de 1995 fue juzgado en la Audiencia Provincial de Madrid y condenado a 30 años de cárcel. No obstante, la sentencio fue revocada al ser declarado como demente: Escalero no era responsable de sus actos, fue absuelto por enajenación mental y trasladado a la cárcel de Fontcalent, en Alicante.

El psiquiatra José Cabrera le recordaba en el programa 'El loco soy yo' de Jesús Quintero: “Yo le conocí en Madrid, y es un hombre gravísimamente enfermo, abandonado por todos, sin tratamiento ninguno. Cantidad de delirios, alucinaciones, su vida regada con alcohol... Y en ese mundo de enfermedad, no distinguía a una persona de una cosa. No era psicópata, era otra cosa”.

El Matamendigos, durante una entrevista con la periodista Cruz Morcillo / ABC

'El Matamendigos', durante una entrevista con la periodista Cruz Morcillo / ABC

En enero de 2017 Escalero falleció en prisión por un motivo que no terminó de esclarecerse: o bien sufrió un paro cardíaco o se atragantó con una ciruela. En cualquier caso, veinte años antes le aseguraba a Jesús Quintero: “Yo pienso en la muerte, la muerte me atrae. Me gustaría morirme, sí. Yo no estoy en condiciones ya de estar en esta vida, y soy una persona que tenía que acabar mal”.

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