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Madrid vive con normalidad el primer día laborable bajo confinamiento: "No piden el salvoconducto"

El metro y los trenes de cercanías no han notado una bajada de usuarios y los policías siguen sin poder multar

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Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:09

Los vecinos de Madrid capital y otros 9 municipios han afrontado el primer día laborable con restricciones de movilidad pero pocos han notado el cambio, ya que los desplazamientos por trabajo son una de las excepciones en las nuevas medidas, así que para la mayoría la sensación era la de "un lunes normal".

"Ha habido la misma gente que siempre, no hemos notado nada. Yo llevo el parte de que voy a trabajar y tampoco me lo han pedido, por lo que no he notado ningún cambio", comenta Alicia, que ha llegado en tren desde Leganés a la estación de Cercanías de Atocha.

En su caso, al desplazarse desde un municipio confinado a otro que también lo está tiene que llevar encima el salvoconducto para certificar que se desplaza por motivos laborales, al igual que Juan Carlos, que hace el trayecto a la inversa y no ha notado cambios en cuanto a la afluencia en la estación de Atocha.

Alejandro también lleva su "papelito" porque va a trabajar a Tres Cantos aunque "de momento" nadie le ha pedido que certifique nada. Además, afirma que desde el viernes, cuando entraron en vigor las medidas, no ha notado demasiados cambios salvo en la hora de cierre de la hostelería, adelantada a las 23.00 horas. "Hay que tener un horario un poco más europeo, pero en la movilidad no lo estoy notando porque aquí no hay ningún tipo de control ahora mismo, y yo llevo un salvoconducto", comenta el joven.

En el Metro la afluencia es la habitual. De hecho, según los datos del Consorcio Regional de Transportes, el número de viajes creció este lunes un dos por ciento en hora punta. Lo ha podido percibir Nacho, que desde un andén de la línea 1 de Metro observa el habitual paso acelerado de los múltiples viajeros. "Más o menos es el mismo volumen de gente que cualquier otro día a estas horas", comenta el joven que, en todo caso, reclama más frecuencia de trenes "para no estar todos apiñados en los vagones".

En la calle Génova, donde se concentran oficinas y despachos de abogados, el tráfico apenas ha variado este lunes y vecinos de la zona, como Carolina, ven más o menos la misma afluencia de viandantes. En las calles del centro Efe no ha apreciado controles de policía para vigilar las restricciones, por las que no se multará hasta que sean ratificadas por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

En el aeropuerto de Barajas la situación tampoco ha cambiado demasiado. No hay controles a la vista, ni nadie que pida ningún documento para salir de la ciudad. Dos guardias jurado se sitúan en las puertas de entrada, como hacían hasta ahora, para pedir la tarjeta de embarque, ya que no pueden entrar acompañantes. En la zona comercial de Gran Vía y la calle Fuencarral el trasiego de personas en la calle es similar a los días anteriores a las restricciones, y sigue notándose el descenso de clientes.

Dalila, dependienta de una tienda de la zona, ha dicho que a media mañana tan sólo había entrado a su establecimiento una persona. Además de los 10 municipios con restricciones, hay tres zonas básicas de salud que desde este lunes también se ven afectadas por medidas muy similares para contener el coronavirus, con la diferencia de que en estos lugares los parques deberán permanecer cerrados. Son las áreas de Reyes Católicos (San Sebastián de los Reyes), Humanes y Villa del Prado. En Reyes Católicos, Antonio se pregunta “por qué las normas no son las mismas para todos, cuando el virus se mueve”. Los comerciantes defienden que, a nivel económico, sería más positivo si las medidas fuesen para toda la localidad y no se mantuvieran las de las zonas sanitarias, “que confunden y asustan a los vecinos, que al final apenas salen de su calle”.

También en la zona critican que los pequeños sigan sin poder acceder a los parques, como Marta, que pasea con su carrito de bebé por el centro y cuestiona “por qué dejan que los niños se junten en las clases y no les abren los parques, aunque sea con aforo reducido”.

En el caso de Villa del Prado no hay sorpresa entre los algo más de 6.500 vecinos porque, según cuenta a Efe su alcalde, Héctor Ortega, llevan semanas preparándose para este cierre y cree que la mayoría de los habitantes hacen vida en el pueblo y no van a notar en exceso el cambio.

Además, una de las medidas que ha tomado el Ayuntamiento, en colaboración con los comercios locales, es que todos ellos van a ofertar el servicio a domicilio porque, aunque los vecinos pueden moverse por el municipio, de esta forma pueden evitar salir de casa.

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