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Estudiar un año fuera de casa, pero en familia

Son muchas las familias madrileñas que acogen un estudiante extranjero durante el curso académico. Una forma de compartir experiencias, aprender un idioma y conseguir ingresos extr

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María Antonia López

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:47

Una oportunidad perfecta para aprender o perfeccionar un idioma, vivir una experiencia nueva en un ambiente familiar y conocer otra cultura. Es lo que se llevan los estudiantes extranjeros que deciden cursar un curso académico en Madrid. Oportunidades que se pueden trasladar también a las familias que deciden acogerles durante esos meses en su propia casa.

El principal requisito que se pide a estas familias es que el estudiante sea uno más de la familia, que comparta el día a día, los horarios de comida e incluso las tareas o los ratos de ocio. Y, aunque depende de cada convenio, también deberán disponer de una habitación propia que cuente con todo lo necesario para facilitar el estudio.

Es lo que hizo Paloma durante varios años acogiendo en su casa a dos estudiantes americanas. En su caso le pidieron “una habitación en la que durmieran las dos juntas, que tuvieran su cuarto de baño y que, en la medida de lo posible comiéramos todos juntos e hiciéramos vida familiar”, nos cuenta a COPE. A Paloma le pagaban 1.500 euros al mes por las dos estudiantes y tenía que encargarse, además de la manutención, de “hacerles la habitación y la colada una vez a la semana”.

Paloma recurrió a esta experiencia durante varios años porque “es muy enriquecedora”. Tanto para ella, como para sus dos hijas, de edades similares a las estudiantes. “ha sido siempre súper, súper positivo, mis hijas han practicado el inglés, las chicas han intentado también comunicarse en español y, para mí esas comidas que compartimos siempre han sido muy enriquecedoras”.

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Las diferentes universidades y también agencias especializadas o algunas academias de idiomas se encargan de facilitar todos los trámites para las familias interesadas en convertirse en familia de acogida. No es necesario responder a un perfil concreto de familia, solo estar interesado en la experiencia, disponer de una habitación, vivir cerca del centro educativo y facilitar la estancia al estudiante ayudándole a integrarse. La entidad que se encargue de los trámites se reunirá con la familia para concretar los detalles y también visitarán la casa para evaluar si se cumplen los requisitos. A cambio del acogimiento, la familia recibe una prestación que, dependiendo del convenio, puede ser de entre 20 a 25 euros al día por estudiante. Un dinero que sirve para pagar la manutención del estudiante.

En definitiva, una forma de compartir experiencias, aprender un idioma y conseguir ingresos extra que Paloma recomienda “porque si tienes hijos de edades parecidas es muy bueno para ellos, que se acostumbren a que no hay fronteras y, si estás solo, eres mayor o tienes la casa vacía el dialogo intergeneracional es fundamental”, nos cuenta. “Y a parte -añade- tener una ocupación y cuidar gente joven es maravilloso”. Y no es necesario hablar su idioma porque ellos vienen precisamente a aprender el nuestro.

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