Madrid - Publicado el - Actualizado
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La celebración de la eucaristía es el marco más adecuado para hacer memoria de quienes han muerto por causa de la fe. En la celebración de la misa por el eterno descanso del sacerdote francés Jacques Hamel, asesinado en su parroquia el pasado 26 de julio, el Papa ha recordado que en nuestros días hay más mártires cristianos que en los primeros tiempos. Nuestro siglo también es el siglo de los mártires, aunque estos no siempre ocupen las portadas de los medios de comunicación. Con sinceras y duras palabras que resuenan con voz profética, Francisco ha evocado las últimas frases pronunciadas por este sacerdote antes de ser asesinado, para proclamar ante el mundo que “matar en nombre de Dios es satánico”. Utilizar el nombre de Dios para justificar el asesinato supone la evidencia más perversa de la presencia del mal en la historia, por eso el Papa Francisco ha expresado el deseo de que todas las confesiones religiosas reconozcan sin sombra de duda que “matar en nombre de Dios es satánico”. El testimonio del padre Hamel no es solo una lección de valentía frente a la barbarie. El legado que nos ha dejado este sacerdote francés interpela nuestra conciencia y nos ayuda a entender el fundamento de la unidad entre los hombres, de la paz basada en la justicia y el perdón. La vida y la muerte del padre Hamel se convierten en aliciente para nuestra esperanza personal y para construir el futuro de Europa.



