Madrid - Publicado el - Actualizado
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Los venezolanos sufren y la Conferencia Episcopal ha dedicado su 106 Asamblea Plenaria al sufrimiento descarnado de un país rico pero privado de los mínimos vitales. Los Obispos venezolanos llevan tiempo clamando por la justicia y su voz es proporcional a la creciente gravedad con la que Maduro y su Gobierno han ido comportándose. Pero el grito de la última Plenaria no puede ser más tajante.Carestía alimentaria y escasez de medicinas, hambre, inseguridad, impunidad y represión militar son los ingredientes de un caos social que el odio y la agresividad de la “dirigencia oficial” no hacen más que alimentar. Venezuela vive bajo una democracia resquebrajada, padece un estado de represión que criminaliza a la oposición, al tiempo que sufre la arbitrariedad de Gobierno y funcionarios y la vulneración de las mínimas garantías constitucionales. La salida, según los Obispos, no es otra que obedecer los mandatos constitucionales, dejar que la Asamblea Nacional funcione libremente, cumplir con los imperativos legales que avalan el proceso del revocatorio, detener la espiral de violencia, permitir la entrada de medicamentos, abrir la frontera con Colombia y permitir a los venezolanos que adquieran los bienes de consumo más básicos.En todo caso, la Iglesia en Venezuela se ofrece para facilitar un encuentro entre los que hoy son adversarios, con el objetivo de buscar mediante la vía del diálogo soluciones eficaces para la dramática situación que atraviesa el país.



