Madrid - Publicado el - Actualizado
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El Papa Francisco ha comenzado esta tarde su visita a Armenia, un viaje cargado de simbolismo. Es el primer viaje de Francisco a una exrepública soviética y un gesto de fraternidad y cercanía con las iglesias de Oriente, entre las cuales se cuenta la Iglesia armenia apostólica.Pero el viaje tiene otras referencias que no pueden eludirse. No se trata de un viaje político, pero nadie podrá ignorar el recuerdo y memoria del genocidio armenio, el primero perpetrado durante el siglo XX. A Turquía no le gusta que el mundo recuerde ese horror, pero la historia no puede borrarse. La Armenia moderna mantiene viva la memoria del exterminio de más de un millón de sus hijos. Francisco ha dicho que la historia de este pueblo suscita admiración y dolor: admiración, porque han encontrado en la cruz de Jesús la fuerza de volverse a levantar siempre, y dolor por las tragedias que sus padres han vivido en su carne. Por eso, ha dicho el Papa, “no permitamos a los recuerdos dolorosos adueñarse de nuestro corazón; también frente a los repetidos asaltos del mal, no nos rindamos”.El Sucesor de Pedro confortará también a la comunidad católica, formada por unas doscientas mil personas, y vivirá un nuevo encuentro con las Iglesias de Oriente. El martirio y la vía de la caridad son los caminos para regresar a la plena unidad en torno a Cristo. Francisco ha apostado decididamente por este camino que en Armenia, un pequeño y alejado país, podría dar pasos más grandes.



