Línea editorial: "El bono cultural, historia de otro despropósito gubernamental"
Ahora que empezamos a conocer los datos exactos, no cabe, sino echarse las manos a la cabeza y recordar que esta propuesta se ha hecho de forma chapucera e ineficaz

Línea editorial: "El bono cultural, historia de otro despropósito gubernamental"
Madrid - Publicado el - Actualizado
2 min lectura
Las habituales ocurrencias cortoplacistas del Gobierno nos han ofrecido un nuevo episodio con el llamado “bono cultural”. Una vez más, cuando echamos la vista atrás, no hay informe que resista un análisis serio de la iniciativa. Ya conocíamos los requisitos disuasorios para su obtención o el mercadeo que se había producido en numerosas webs. Ahora que empezamos a conocer los datos exactos, no cabe, sino echarse las manos a la cabeza y recordar que esta propuesta, destinada en teoría a promoverla cultura entre los jóvenes, se ha hecho de forma chapucera e ineficaz.
El fracaso comienza por el hecho de que solo aproximadamente la mitad de los que podían haberlo solicitado, lo han hecho. El Gobierno trató de prorrogar el plazo de solicitud, pero ni así fue suficiente para maquillar las cifras. La recepción del bono, diseñado para que cada joven tuviera que hacer al menos tres gastos distintos en productos físicos, online y artes escénicas, ha sido muy irregular y con una enorme brecha territorial. Mientras en Madrid se han repartido algo más de 44.000 bonos, o 30.000 en Barcelona, en ciudades como Palencia se ha entregado solo 1, con numerosos datos irrisorios, como los 71 concedidos en Valencia. En cualquier Administración responsable esto supondría una revisión a fondo de la medida, pero lejos de hacerlo, el Gobierno se felicita y ya prepara, sobre las mismas bases, el bono del 2023, también curiosamente para los que cumplan ahora 18 años. Es la recurrente realidad paralela en la que parece haberse instalado el Ejecutivo. Mientras se presume de cifras del paro, se aumentan las prestaciones de desempleo. Mientras se alardea de la boyante situación en la que se encontraría España, se tira de chequera clientelar para entregar migajas de pan y circo. Un despropósito ineficaz y caro que no tiene más sentido que la mayor gloria electoral del Gobierno que lo promueve.



